¿Se puede frenar la desigualdad?

A raíz de la crisis económica, desde el estallido que se produjo el 2007, gran parte de la población en España sufre las consecuencias de la recesión. Pero, los efectos no han llegado a todos del mismo modo: el número de grandes fortunas se ha multiplicado en un 2,5. Estos datos, publicados por la Agencia Tributaria, también muestran la pérdida de eficacia del impuesto patrimonial. Hace diez años un millón de personas presentó la declaración de Patrimonio, hace dos años sólo la presentaron 197.000 personas.

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La creciente concentración del capital es, sin embargo, uno de los factores más determinantes de la desigualdad en las sociedades actuales. En casi todos los países ricos ha aumentado la contribución de las rentas del capital a la desigualdad, como consecuencia de su acumulación creciente entre los hogares de mayor renta. La OCDE resalta en sus informes que en dos terceras partes de los países que disponen de datos, la desigualdad de estas rentas aumentó más que la de los salarios. Algunos trabajos recientes muestran que la desigualdad en la renta disponible aumenta cuanto más crece el peso relativo de las rentas del capital en el total.

Gravar el capital de manera progresiva

El famoso libro  El Capital en el Siglo XXI, del economista francés Thomas Piketty , explica como la desigualdad es cada vez un fenómeno más común en Occidente. Las tesis de Piketty son bien conocidas: en la medida que la renta del capital crece más que la riqueza del país se produce una desigualdad creciente entre capital y rentas. Una consideración que se deduce de su primera ley fundamental del capitalismo: la participación de las rentas del capital en la renta total(es decir, la porción de la producción anual que va a parar al capital y no a las rentas del trabajo) es igual a la ratio capital/renta multiplicado por la tasa de retorno de capital. Y también segunda ley Pikkety, el ratio capital/renta depende directamente de la tasa de interés e inversamente del agregado del crecimiento del PIB más el crecimiento de la población.

Las tesis de Piketty han sido fuertemente contestadas, tanto en relación con su diagnóstico como respecto a sus propuestas. Su análisis no valora adecuadamente la propiedad inmobiliaria en la composición del capital, como tampoco incorpora la importancia o el alcance del capital humano; pero la cuestión más polémica, en cualquier caso, es la recomendación de gravar fuertemente la acumulación de riqueza. El gran interrogante es si hay márgenes para hacerlo y si una mayor imposición sobre el capital redundaría en una mejora global de la sociedad, tanto en términos de eficiencia como de equidad.

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Una mayor imposición sobre el capital, especialmente el hereditario, no resulta descabellada. Es conocido que en países como Estados Unidos son precisamente algunos de los ciudadanos más ricos quienes la reivindican como medio necesario para favorecer la movilidad social intergeneracional. Por otra parte, la riqueza heredada es la que más desigualdad origina, quebrando, por tanto, el principio básico de igualdad de oportunidades que justifica la intervención del Estado. Este gravamen, el de transmisión patrimonial, debería ser más progresivo cuanto mayor fuera la desigualdad de la riqueza en cualquier sociedad

La mayor limitación para extender esta forma de tributación es el propio proceso de globalización, ante las dificultades crecientes para gravar un capital que puede ser trasladado con facilidad a territorios con tributos menores, lo que obliga a pensar en soluciones de carácter global.

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