Señora Ada Colau, no juegue más con nuestros sentimientos

La alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, ha mostrado a lo largo de su mandato dos evidencias: su incapacidad para gestionar una gran ciudad, y su habilidad y capacidad de manipular los sentimientos. La suma de las dos características la convierte en un personaje político de una toxicidad más que notable.

Su última hazaña reside en caracterizar el memorial que se instalará en La Rambla de Barcelona para recordar el atentado del 17 de agosto del año pasado. Consistirá en el dibujo ‘Barcelona’ del artista Frédéric Amat y la frase ‘Que la paz te cubra, oh ciudad de paz’.  Hasta aquí poco que decir, como mucho que quizá la parte textual podría tener una grandeza a la altura de la tragedia que se desencadenó, pero ya se sabe que sobre (buen) gusto no hay disputas, y el actual consistorio en el ámbito de llevar lo bello a la ciudad vuela bajo, tipo gallina.

Pero lo que nos parece inadecuado, incluso con ribetes de provocación en una cuestión tan delicada como la de los atentados, es que la frase que fue seleccionada entre los más de 5.000 mensajes de solidaridad que fueron depositados en el memorial improvisado en la Rambla tras el sangriento hecho, se trate de un texto en lengua árabe acompañado de traducciones en castellano, catalán e inglés.

Nos parece jugar con los sentimientos de las gentes -de todos- que la lengua sea la de un texto en árabe para recordar a nuestros muertos. Aquella lengua, como todas, merece respeto, pero en ningún caso debe ser la base de la inscripción conmemorativa. Entre 5000 mensajes seguro que había uno de igual o mejor, en el supuesto de no utilizar una frase de la gran literatura, de nuestra literatura. Lo lógico es que figurara en catalán y castellano, con traducción a las lenguas de todas las víctimas. Con el tratamiento que Colau ha elegido se remarca el árabe mientras que las lenguas de las víctimas o son secundarias o simplemente desaparecen.

Sistemáticamente, Ada Colau manifiesta un menosprecio para todo lo nuestro y una extraordinaria sensibilidad hacia lo musulmán. Al tiempo que no ha perdido año en felicitar a esta comunidad por su fiesta del Ramadán, nunca se le ha ocurrido hacer lo mismo con la Navidad. Al contrario, ha luchado a brazo partido, para minimizar la celebración hasta conseguir que este año serán las sombras y no la iluminación la característica de la Barcelona navideña. Año tras año, a pesar de las peticiones y criticas masivas ha convertido el tradicional Belén municipal en una caricatura, a un coste elevado eso sí, ha liquidado la información sobre la misa de la Patrona de la Ciudad del programa de fiestas, e incluso tiene el gesto ridículo de esperarse a la salida del templo para encabezar el recorrido de autoridades que a la salida de la celebración litúrgica se dirigen de la Basílica de  Nuestra Señora de la Mercè al Ayuntamiento, en un clara ostentación de que “yo no pongo el pie dentro de una Iglesia”.

Colau ofende y agrede los sentimientos de muchos barceloneses, y el memorial será uno, y no pequeño, de su larga lista de desafueros. Colau es una provocadora y esto es lo que menos necesita la ciudad.

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