Siguen los excesos policiales contra las iglesias

De una manera absolutamente incomprensible, siguen los excesos policiales entrando dentro de los templos donde se encuentran en oración algunos fieles, obligando a desalojar y a cerrarlos.

Con estas actuaciones las policías concernidas actúan al margen de la legalidad, porque la normativa del estado de alerta permite que los centros de culto permanezcan abiertos, y pueda haber en su interior algunos feligreses, siempre y cuando se trate de un número pequeño y mantengan entre ellos las distancias de seguridad establecidas. Estas condiciones se cumplen en exceso en todos los casos que la intervención se ha producido, porque se trata sólo de un puñado de fieles repartidos en templos en los que caben un centenar o más de personas.

En este exceso de celo están interviniendo hasta ahora la Policía Nacional y algunas las policías municipales. Todas ellas actúan porque previamente algún vecino ha cursado una denuncia sobre un hecho que no es denunciable. ¿ Cómo juzgar la reiteración de este tipo de intervenciones? Al principio pueden atribuirse al exceso de celo o a la confusión sobre lo que se podía y no se podía hacer. A estas alturas, este argumento es del todo inservible. ¿Existen acaso instrucciones a determinados cuerpos policiales para que hagan caso de este tipo de denuncias y clausuren templos?

Hay que decir con toda claridad que se trata de un atentado a la libertad religiosa y al ejercicio del culto y un referente muy peligroso de la actuación del Estado sin respetar los límites constitucionales. Hay que recordar una vez más lo que realmente está establecido y subrayar que el estado de alerta no suprime de un plumazo los derechos fundamentales contemplados por la Constitución, sino que solo restringe la práctica de alguno de ellos, y que en el caso que nos ocupa de manera explícita, no afecta a la apertura de templos, ni que en su interior se encuentren algunos fieles. Sólo está prohibidas las celebraciones como bautizos y comuniones, y como es lógico cualquiera aglomeración que no contemple las distancias de seguridad.

Es una brutalidad que se permita ir a trabajar y viajar en metro ferrocarril o autobús, y que se impida que 4 fieles en la amplitud de un templo, a gran distancia unos de otros, no pueden orar. Esto es inadmisible y hay que ponerle fin.

Los primeros que deben terminar con estas actuaciones  son las autoridades concernidas, los alcaldes en su caso, los delegados del Gobierno, el propio Ministro del Interior y las fiscalías, que no únicamente están para perseguir el delito, sino también para proteger los derechos de los ciudadanos.

El último y escandaloso caso que se ha producido se ha dado en Sabadell. El pasado sábado por la noche la policía se presentó en la Iglesia del Inmaculado Corazón de María y obligó al rector a cerrar la Iglesia y la adoración perpetua que estaba en curso. Por esta causa la Iglesia anuncia que permanecerá cerrada hasta nuevo aviso.

En este hecho, como en todos los demás, se produce un aplanamiento de los propios cristianos. El sacerdote afectado, que acepta el cierre a pesar de estar convencido y conocer de su ilegalidad, considera que quizá, en el momento, pueda ser lo más adecuado, pero en todo caso después, el hecho ha de ser denunciado aportando los testimonios necesarios. Porque además en todas sus intervenciones, las diferentes policías tienen un especial cuidado en no formular ninguna denuncia, de manera que no quede ninguna prueba documental de su actuación. Este solo hecho ya indica la debilidad legal de sus intervenciones, que no puede encontrar en frente una debilidad mayor. Ser cristianos no implica aceptar pasivamente las injusticias. Todo lo contrario. Nuestra fe nos enseña que debemos afrontarlas, sin que perdamos nuestro sentido de la caridad, pero con firmeza.

Los únicos que en estos momentos tienen autoridad para regular la apertura de las iglesias y el culto son nuestros obispos, no la policía.

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La gestión del obispo de la diócesis de Terrassa, Mons. Saiz Meneses, tras conocerse que la policía local de Sabadell dispuso la clausura de la iglesia y la Adoración Perpetua en la parroquia del Inmaculado Corazón de María, ha conseguido que se reabriera la parroquia para poder celebrando la adoración nocturna. Es un buen ejemplo de la forma de proceder y una constatación de lo arbitrario de estos cierres.

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