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Sustituir el PIB, una buena alternativa


A algunas personas les puede parecer inadecuado postular la sustitución del PIB desde el campo cristiano como medida oficial de la actividad económica, que es lo que plantea e-Cristians, y al tiempo parecerles acertada su iniciativa anterior sobre la erradicación de la ideología de la perspectiva de género de toda la legislación española, en nombre del Estado de derecho. Pero ambas cuestiones forman parte de la misma lógica común: aplicar los fundamentos, fines y criterios de la doctrina social de la Iglesia a la realidad política concreta, y además hacerlo basándose en razones que no necesitan de la fe para mostrar que son las más adecuadas para el bien común.

El PIB nació en la década de los 30 como herramienta para medir el crecimiento económico bajo determinados supuestos.  Desde un inicio presentaba limitaciones, y ya advirtió sobre ellas el propio Simon Kuznets, un destacado economista del siglo XX, creador del sistema norteamericano de contabilidad nacional, que es la base del PIB. No solo no fueron escuchadas, sino que el uso del PIB colonizó toda la actividad económica, y desde ella ha esclavizado la política. El PIB conduce a la sociedad a no valorar determinadas funciones decisivas, como el trabajo doméstico, la educación de los hijos, el trabajo voluntario, y en contrapartida mide -y su resultado acrecienta el PIB, es decir, lo transforma en un bien- la prostitución, el consumo de drogas, el mayor gasto en seguridad a causa del aumento de los delitos, el rearme, la destrucción de la naturaleza y la contaminación por efecto de las congestiones del tráfico, para citar solo unos ejemplos concretos.

El PIB no mide las consecuencias humanas ni ambientales del crecimiento económico, ni las condiciones en las que se produce, ni sus aspectos cualitativos. El ejemplo más reciente es rotundo. Los Estados Unidos, la primera potencia mundial y uno de los países de mayor PIB per cápita, ha venido registrando un buen crecimiento a la par que se reducía la esperanza de vida de sus ciudadanos. ¿Esto es ir bien o mal?

Por eso han proliferado otras formas de medir, otros indicadores, siendo el más notorio el Índice de Desarrollo Humano (IDH) de Naciones Unidas. Pero todos los existentes tienen la absoluta limitación que no constituyen la medida oficial y global de la evolución económica.

Para ser más concretos: lo que mide el PIB empuja hoy en día en la dirección opuesta, en unos casos, o es sustancialmente distinta, en otros, a lo que preconiza la doctrina social de la Iglesia.

Por eso la iniciativa de e-Cristians es necesaria, al dirigirse al presidente del gobierno y a los presidentes de la Unión Europea, para que asuman la tarea de establecer otro indicador y lo promuevan en Naciones Unidas. Su campaña en Change y su llamada a participar en ella es una vía en la buena dirección.

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