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Una aproximación al pensamiento de René Girard

En este artículo quiero hablarles del inmenso regalo que Dios nos hizo a todos, creyentes y no creyentes, el día 25 de diciembre de 1923. En esa fecha nació en Avignon, René Girard. Ha sido considerado el Darwin de la cultura o el Santo Tomás de la modernidad.

René Girard vivió 92 años (murió en Stanford el año 2015) y sus primeras investigaciones sobre el deseo humano se centraron en los personajes de las grandes novelas del cánon de la literatura occidental la cual ya había leído con solo 15 años. Su mirada sobre la vida era en ese momento agnóstica pero el mismo Girard dirá más adelante: “Mi fe cristiana obstaculiza la difusión de la teoría mimética. No pienso como pienso porque soy cristiano, sino que me he hecho cristiano porque mis investigaciones me han llevado a pensar las cosas que ahora pienso”. Girard descubrió – leyendo a Cervantes, Shakespeare, Stendhal, Proust y Dostoievski – que el deseo humano no es unidireccional, es decir, no vamos directamente hacia los objetos de nuestros deseos sino que lo hacemos imitando el deseo de otra persona. Si esta otra persona no se percata que la imitamos no se genera rivalidad, pero si se percata entonces sí se genera rivalidad. A este primer descubrimiento antropológico lo llamó Girard el deseo mimético o deseo triangular.

Animado por estos descubrimientos se dedicó por más de diez años – de 1961 hasta 1972 – a investigar sobre la tragedia griega, los mitos y los ritos de las culturas arcaicas para ver si el deseo mimético también estaba en ellas. La respuesta fue afirmativa. Es decir, los grandes novelistas occidentales, los poetas del alma occidental que han sabido plasmar mejor que los filósofos, psicólogos, antropólogos y sociólogos de nuestras universidades lo que es el alma humana, describían en sus personajes la ley del deseo mimético que a su vez estaba ya presente en los textos de las culturas arcaicas. Tremendo descubrimiento que se puede leer en su obra “La violencia y lo sagrado”.

Girard introduce en esta obra el segundo elemento de su antropología: la figura del chivo expiatorio. En las hordas primitivas del largo período de la hominización, los grupos humanos deseaban una herramienta porque uno de ellos la tenía, o deseaban una mujer, o un territorio. Este deseo al ser mimético generaba rivalidad, la rivalidad hacía crecer la agresividad entre los miembros del grupo hasta que la violencia se desataba y para canalizarla se elegía a uno de entre ellos que tenía algún rasgo victimario (cojo, joven no iniciado, gemelo, extranjero, tarado) y se lo mataba. Como si fuera magia, ese sacrificio eliminaba de raíz la violencia y al mismo tiempo devolvía al grupo la paz. Como consecuencia de ello el sacrificado era divinizado porque tenía el poder de convertir la violencia en paz, de ahí el título de su obra “La violencia y lo sagrado”. Cada vez que la violencia amenazaba al grupo, es decir, cada vez que se perdían las diferencias sociales o naturales,  se repetía el rito del sacrificio y se explicaba el asesinato original en la forma del mito. El mito es la narración de una mentira, la de los asesinos del chivo que repiten una y otra vez que el chivo era culpable y por eso lo tuvieron que matar. No se pueden hacer cargo de su propia violencia si no es inventando una historia falsa sobre ella porque el modelo humano que imitan no es otro que uno mismo del grupo, tan violento como ellos. Jesús aún está muy lejos, estamos en el largo proceso de la hominización.

Jesús nos dice que «Mi Padre trabaja siempre, y yo también trabajo» (Jn 5,17) de manera que Girard, inspirado sin duda por el Espíritu Santo, siguió trabajando y desenterrando los misterios ocultos desde la fundación del mundo y con ello llegó al lenguaje bíblico ¿Será también un mito este lenguaje como nos dicen una y otra vez los hombres y mujeres razonables de nuestras universidades? Como sabemos el estudio de la Biblia brilla por su ausencia en las universidades públicas.

Girard demuestra que el lenguaje bíblico dice la verdad, no como los mitos. Los mitos acusan al chivo de ser culpable, en cambio la Biblia defiende al perseguido porque dice que es inocente. José, Job y los profetas son todos inocentes porque dicen la verdad: “Yo quiero amor y no sacrificios” leemos en la Biblia, Os 6,5.  Todos estos planteamientos los pueden leer en el libro “He visto a Satán caer como un relámpago”. El lenguaje bíblico rehabilita a los perseguidos en su inocencia. Al llegar a los textos de la Pasión de Jesús la palabra ahora ya no rehabilita a los inocentes sino que se entrega en sacrificio. José, Job y los profetas no son sacrificados, pero Jesús desmonta con su entrega en la cruz la génesis de la violencia cultural de una vez para siempre. Esta es la revelación según Girard, podemos vivir en paz imitando a Jesús, sin Él la sociedad está abocada a la violencia sin remedio.

Hoy día la violencia está desatada porque los que tienen el deber de defender a los inocentes en las decisiones políticas han abandonado su vocación católica en la vida pública. Hablo de los políticos bautizados lógicamente. Siguiendo la teoría del deseo mimético hemos visto en Europa y en América Latina como nuestros políticos han dejado de imitar a Jesús en la vida pública y han buscado la gloria y el honor imitándose los unos a los otros de forma rival para llegar al objeto que es el poder, la gloria y la vanidad. Para nuestros políticos los últimos ya no son los primeros, de ahí la ley de aborto, la precariedad laboral juvenil y la eutanasia. En todos los segmentos de la vida, los últimos son los últimos. Para mantener viva esta lógica de la violencia política de la lucha por el poder que nace del deseo mimético es necesario construir el mito en contra de un chivo. Falta el segundo elemento antropológico del chivo expiatorio. Este chivo no tengan dudas somos los católicos, hoy tenemos la culpa de todo y todos se entregan en cuerpo y alma a salvar a la humanidad de nuestra presencia. Los contrarios al catolicismo lo dicen a viva voz, los católicos bautizados lo dicen por omisión.

Ya nadie defiende a los inocentes, aunque todos hablen de defender a las víctimas. El ser humano es un ser que canaliza su violencia en forma de instituciones culturales a través de la religión. Las instituciones dice Girard sirven para que no recordemos que éstas nacen de la violencia. Esta es la tesis de Girard, la religión crea la cultura, de manera que eliminada la religión de la cultura la violencia no encuentra un canal para ser dominada y la cultura entra en pánico. Nos quedan las ideologías que son los sustitutos de las mitologías. Entre ellas está la de género que para defender a unas víctimas – que las hay – construyen el mito de la culpabilidad de todos los hombres. Esta división de la sociedad entre buenos y malos es una pérdida cultural enorme y un gran campo de sufrimiento para familias, niños y abuelos. Hoy el mito afirma que no hay mujeres violentas y que en cambio todos los hombres ya se les presupone una cierta culpabilidad.

Girard es un regalo de Dios que aún no hemos sabido dar a conocer, nos faltan muchas escuelas de formación en los planteos girardianos. No entendemos el porqué de tanta violencia desatada y nos preguntamos ¿Qué puede pasar en un futuro? No lo sé, pero quizás no llegaremos a tiempo porque en el hemisferio Norte hay más de 20.000 bombas nucleares dispuestas a hacer saltar por los aires todo el planeta mientras que en el hemisferio Sur no hay ninguna. Ya nos advirtió de esto Putin hace tan solo unos meses en una conferencia de prensa ante cientos de periodistas. Las bombas están, las crisis que las pueden activar también están ahí. Sólo falta que algún loco active la primera para que mediante la rivalidad mimética se active la segunda y luego la tercera… solo que esta vez no quedará nadie para explicar mentiras en forma de mitos y decir que el otro era culpable. Quedará solo el silencio, bacterias y virus y quizás la gracia de Dios y su misericordia infinita que quiera de nuevo insuflar su Espíritu para que la vida resucite. En eso estamos, Navidad, tiempo ordinario, cuaresma, pascua, pentecostés…más tiempo ordinario y otra Navidad. El gozo de vivir no nos lo van a sacar nunca, a pesar de nuestros políticos.

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