Desde hace ya unos cuantos años, la devoción a la Divina Misericordia se encuentra muy extendida en España y en muchos países de Europa. Con mayor o menor arraigo en los distintos lugares, no es infrecuente encontrar el cuadro de la Divina Misericordia en muchas parroquias y templos, y el rezo de la Coronilla parece que se va incorporando, poco a poco, a la devoción popular y a las distintas oraciones del pueblo de Dios.
Por eso creo que puede ser interesante intentar exponer la devoción a la Divina Misericordia en toda su riqueza, insertándola dentro de un cuadro más amplio: la devoción al Sagrado Corazón de Jesús.
Difundida especialmente en el siglo XVII a partir de las revelaciones a Santa Margarita María de Alacoque, e impulsada de nuevo en España en el XVIII con la Gran Promesa revelada al beato Bernardo de Hoyos, la devoción al Sagrado Corazón de Jesús tiene como núcleo esencial el amor de Cristo manifestado en su corazón humano.
Ese corazón simboliza e incluye varios aspectos: el amor redentor de Cristo, su dolor por el pecado, su deseo de ser amado, la reparación por los pecados del mundo y también, cómo no, su misericordia. En este sentido, la devoción al Sagrado Corazón de Jesús puede ser considerada una “teología espiritual completa” del amor redentor de Cristo Jesús.
Por otra parte, la devoción a la Divina Misericordia, difundida ya en pleno siglo XX por santa Faustina Kowalska y promovida universalmente por san Juan Pablo II, se centra en un aspecto muy concreto de los anteriormente enunciados: la misericordia ofrecida al pecador.
Por lo tanto, la devoción a la Divina Misericordia sería una concreción específica y parcial dentro de la devoción al Sagrado Corazón de Jesús: su misericordia hacia el pecador. Pero, insistimos, el Sagrado Corazón incluye otras dimensiones, que quedan algo menos explicitadas en la Divina Misericordia:
1. La dimensión de reparación
En el Sagrado Corazón aparece con mucha fuerza el pecado que hiere el corazón de Cristo y la necesidad de reparar. La reparación viene a ser un acto de desagravio al amor ofendido de Dios.
Esta reparación está menos presente en la espiritualidad de la Divina Misericordia, que enfatiza más la confianza y el perdón.
2. La reciprocidad del amor
El Sagrado Corazón insiste mucho en que Cristo quiere ser amado – espera por nuestra parte una reciprocidad a su amor gratuito – e incluye, por lo tanto, una llamada a corresponder al amor de Cristo.
En cambio, la Divina Misericordia se centra más en confiar en la misericordia de Cristo.
3. Dimensión afectiva y contemplativa
La devoción clásica al Sagrado Corazón tiene una dimensión ante todo afectiva y teológica: contemplar el corazón de Cristo, consolar a Cristo y amar a Cristo.
Sin embargo, la Divina Misericordia tiene una dimensión tal vez más pastoral: anunciar la misericordia, confiar en la misericordia e invocar el perdón de Dios.
San Juan Pablo II interpretó esta devoción como providencial para una época marcada por el pecado y las catástrofes del siglo XX. De hecho, el lema de la devoción a la Divina Misericordia – “Jesús, en Ti confío” – se convierte pronto en una síntesis espiritual muy fuerte y en un mensaje que pronto adquirió carácter global.
No debería ser necesario insistir en que ambas devociones hablan del mismo misterio: el amor redentor de Cristo manifestado en su corazón traspasado. De hecho, el sostén evangélico más sólido para ambas es el mismo, el costado abierto de Cristo (Jn 19,34). De ese costado brotan sangre y agua, que en la imagen de la Divina Misericordia aparecen como dos rayos que salen de su Corazón.
Por eso algunos teólogos consideran que la Divina Misericordia es una explicitación moderna del misterio del Sagrado Corazón. De esta manera, vendría a ser la forma que adopta hoy la espiritualidad del Sagrado Corazón para un mundo marcado por la desesperanza y la culpa.
En la siguiente entrega veremos la relación de la Divina Misericordia con el trágico siglo XX y, más concretamente, con el sufrido y heroico pueblo polaco, patria de santa Faustina Kowalska y de san Juan Pablo II, ambos apóstoles de la Divina Misericordia.









