HM Televisión ha preparado el clip “Retos virales en redes sociales: ¿Inofensivos o peligrosos?” con una intención urgente: ayudar a familias, educadores y adolescentes a mirar de frente uno de los fenómenos digitales más preocupantes de nuestro tiempo.
Los llamados challenges o retos circulan por TikTok, Instagram y otras redes bajo la apariencia de juegos, bromas o desafíos entre amigos. Sin embargo, algunos de ellos esconden riesgos gravísimos para la salud física y psicológica de los menores.
Un reto viral consiste en grabar una acción concreta —un baile, una broma, una prueba física, una conducta arriesgada— y difundirla en redes para que otros usuarios la vean, la imiten y la compartan.
El problema aparece cuando la lógica de imitación, nominación y difusión se convierte en una invitación al daño.
En los últimos años se han popularizado retos que consisten en desaparecer de casa durante 48 horas, ingerir medicamentos sin control médico, provocar asfixia, inhalar productos tóxicos, agredir a otros adolescentes, hacerse marcas en la cara, saltar desde balcones o participar en desafíos físicos que pueden terminar en fracturas, lesiones cerebrales o incluso la muerte.
Nombres como Momo, La ballena azul, Blackout Challenge, Chroming, Rompecráneos, Happy slapping, Superman Challenge o “el que duerma el último, gana” han provocado alarma social porque muestran hasta dónde puede llegar un supuesto juego cuando se mezcla con impulsividad, presión de grupo y necesidad de reconocimiento.
Algunos desafíos empujan a la autolesión; otros, al consumo de fármacos como ansiolíticos; otros promueven agresiones grabadas para conseguir visitas; y otros, como el reto del folio DinA4, alimentan estándares de extrema delgadez que pueden favorecer trastornos alimentarios.
¿Por qué resultan tan atractivos para los adolescentes?
La adolescencia es un tiempo de búsqueda de identidad, pertenencia y aprobación. El menor quiere saber quién es, cuánto vale y qué lugar ocupa en el grupo. Las redes han convertido esa búsqueda natural en un escaparate permanente, donde todo puede medirse en visualizaciones, comentarios y “me gusta”.
A nivel madurativo, además, el adolescente todavía está desarrollando las áreas cerebrales relacionadas con la toma de decisiones, el autocontrol y la previsión de consecuencias. Por eso puede actuar de forma más impulsiva, movido por la adrenalina del momento o por el deseo de demostrar que “se atreve”.
La dictadura del “like” convierte la aprobación inmediata en una recompensa demasiado poderosa, especialmente cuando el reto viene reforzado por amigos, celebridades o influencers.
A esta vulnerabilidad se suma el papel del algoritmo. Las plataformas tienden a amplificar aquello que retiene la atención, provoca impacto o genera reacciones intensas. El algoritmo no pregunta si un contenido educa o daña; simplemente detecta lo que engancha y lo multiplica. Así, un reto peligroso puede pasar en pocas horas de una pantalla a miles de adolescentes.
El vídeo de HM Televisión nace precisamente como una llamada a la prevención. Padres y profesores deben conocer qué consumen los menores, a quién siguen, qué publican y qué tipo de contenidos circulan en sus grupos. Pero, sobre todo, deben crear un clima de confianza para que el adolescente pueda hablar antes de verse atrapado.
La educación digital empieza con preguntas sencillas: ¿qué me están pidiendo hacer?, ¿puede hacerme daño a mí o a otros?, ¿alguien puede sentirse humillado?, ¿lo hago porque quiero o porque me siento obligado?, ¿me arrepentiré mañana de que esto esté publicado?, ¿merece la pena este riesgo por unos segundos de atención?
También exige trabajar la autoestima. Un joven debe saber que su valor no depende de los “likes”, ni de la aprobación de desconocidos, ni de la capacidad de exhibirse ante una cámara. Hace falta regular tiempos de pantalla, supervisar contenidos, hablar de riesgos sin alarmismo, fomentar actividades sanas, deporte, amistad real, vida familiar y vínculos donde no sea necesario llamar la atención para sentirse querido.
“Retos virales en redes sociales: ¿Inofensivos o peligrosos?” es una invitación a despertar y no obedecer ciegamente al algoritmo. Uno de los grandes retos educativos de nuestra época.






