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“Esta noche me ha pasado un milagro”

Quería compartir con vosotros lo que me ha pasado esta noche, que la verdad solo puedo calificarlo de milagro.

No lograba conciliar el sueño y retomé la lectura de “La que llora” regalo de reyes por cierto. Como el autor, tras la introducción y el prólogo,  anuncia que: “no va a detallar los hechos que son sabidos por todos” me decido a documentarme antes de leer sobre sus reflexiones. Google “Nuestra Señora de la Salette”: https://www.corazones.org/maria/salette.htm

(Os recomiendo que os reservéis un rato tranquilo para leerlo con calma)

Empiezo a leer los hechos, los mensajes de la Virgen y voy reflexionando sobre mi propias circunstancias; habla de “la importancia y urgencia de reconciliarse con Dios”, “de unirnos a Jesús en nuestras luchas, batalles y sacrificios tenemos la oportunidad diaria de ser transfigurados en Cristo.” (Iré intercalando fragmentos del artículo).

“El hombre, al negarse muchas veces a reconocer a Dios como su principio, trastornó, además, su debida ordenación a un fin último y, al mismo tiempo, dañó todo el programa trazado para sus relaciones consigo mismo, con todos los hombres y con toda la creación.” (Conc. Vat II, ‘Gaudium et Spes’, 13).

Son palabras que había oído antes pero no había entendido con esta profundidad o claridad.

Este último año se me ha invitado a participar de forma activa de ciertas tareas que yo no hubiera elegido, me han traí­do dificultades y desvelos que me han hecho crecer y profundizar en la oración y en la fe. Aun así no consigo mantener una comunión constante con la voluntad de Dios. Son episodios de claridad o comprensión en la vorágine exigente del día a día. Sin embargo sentía la necesidad de orar más, ahondar más en esas “casualidades” que acontecían y entender.

(Como cuando intuyes que te están dando todos los datos para resolver un problema pero no das con la solución)

Suelo incluir dos peticiones en mis oraciones: una es la gracia del Espíritu Santo para comprender; y la otra es sentir cuanto nos ama Dios, porque si lo pudiéramos sentir ya no nos haría falta entender nada.

“El papel de María Santísima respecto a todo creyente es unirnos a Jesús, en nuestras luchas, batallas y sacrificios tenemos la oportunidad diaria de ser transfigurados en Cristo.”

Una de las cosas que más me conmovió de la aparición de la Salette es que la Virgen lloraba, como no llorar si sientes literalmente todo el dolor del mundo, todas las injusticias… (no hay más que ver las noticias para deprimirte; el tiroteo en el colegio, las guerras, las bodas concertadas con niñas, las corruptelas constantes…).

Empecé a llorar yo también, de impotencia, de cansancio, de mis propios fracasos… lloré mucho, pero de alguna manera me reconfortó llorar con ella, acompañarnos en el dolor, la sentí­a cercana.

“¿Cómo resistir el llanto incesante de aquella que ora e intercede por nosotros sin cesar? Ella está junto a nosotros con su atención maternal, en cada detalle y acontecimiento de nuestras vidas. En nuestras luchas y penas, en nuestras decisiones y nuestras aflicciones diarias”.

Tras un rato y siendo ya bastante tarde, decido despedirme con un Ave María y un Padrenuestro, que es lo que les dijo a los pastorcillos que rezaran como mínimo al acostarse y al levantarse y me encomendé a sus brazos.

“Yo estoy con vosotros y en vosotros con tal que vuestra fe sea la luz que os ilumine en esos días de infortunio.”

Antes de acostarme pasé por el baño ya que esa mañana me había empezado otra molesta infección de orina (me ocurren a menudo y son bastante irritantes y desmoralizantes) y pensé: “También esto te lo ofrezco”. Y me dormí.

No sé cuánto tiempo llevaba durmiendo cuando me despertó una presencia, estaba delante de mí y era cálida; yo no veía nada, de hecho no recuerdo ni haber abierto los ojos, pero la notaba perfectamente, se acercó despacio y quise tocarla, creo que no llegué a hacerlo, pero noté su mano en mi cara todavía más cálida, no oía ninguna voz pero me transmitía tranquilidad, como un “no te asustes”, en ese momento noté que algo entraba en mi cuerpo, subía hasta la vejiga y como si absorbiera algo de sus paredes lo concentrara y lo hiciera desaparecer. Yo, al notar eso me asusté y me surgió la duda de si era algo bueno, pero en realidad pasó muy rápido y en seguida me llenó de tal tranquilidad y de paz que fui consciente de cómo me volvía a dormir.

A la mañana siguiente ya no tenía las molestias propias de la infección, ni las he tenido en todo el día. No puedo confirmar si era ella o un ángel o un santo, pero  sin duda es un milagro.

Me conmueve tanto pensar que ha trasgredido todas las leyes de la física, de la lógica y de todo en general para venir a curarme que debería haber pasado el resto del día rezando.

No me puedo sentir más amada.

Quería escribirlo hoy mismo, 28 de Mayo para ser lo más fidedigna posible.

Si queréis podéis compartirlo pero mejor omitir mi nombre.

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