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75 centros sanitarios de las principales órdenes religiosas, rotundos: no aplicarán la eutanasia


Las órdenes religiosas españolas se han manifestado: no aplicarán la Ley de Eutanasia en los más de 75 hospitales y centros sanitarios que dirigen en España.

Entra las órdenes están los Camilos, la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios y Hospitales Católicos de Madrid, que difundieron un manifiesto contra la ley de Eutanasia, que ha entrado en vigor la pasada semana, después de ser aprobada en el Congreso el pasado marzo.

Según el texto hecho público el pasado miércoles en Madrid, “acelerar la muerte, ya sea por acción o por omisión de tratamientos y cuidados debidos a cualquier persona al final de su vida o en situación de grave discapacidad, nos parece un daño irreparable que no estamos dispuestos a infligir a nadie”.

Las órdenes religiosas consideran la asistencia médica a la muerte solicitada “una acción suicida o una actuación homicida”. Creen que “es un error, porque supone un desprecio por la dignidad humana, ya que suprime a la persona a manos de otras personas”.

En Cataluña, el sistema sanitario incluye a varios centros de gran relevancia que dirigen estas organizaciones, como el Parc Sanitari de Sant Boi de la orden de Sant Joan de Déu, además del hospital infantil de Sant Joan de Déu en Esplugues, los principales centros de salud mental y equipamientos sociosanitarios.

En ninguno de los hospitales sujetos al criterio de las ordenes religiosas se realizará, a tenor del manifiesto, ninguna eutanasia. Según la ley, puede solicitarlo una persona con enfermedad grave y en situación de su­frimiento insoportable, crónico e irreversible. La nueva ley con­sidera este derecho una pres­tación de la cartera de servicios de la sanidad pública. También los centros y médicos pueden declararse en objeción de conciencia sobre la norma.

Por contra, desde las organizaciones sanitarias ajenas a los religiosos, que están preparándose desde hace algunas semanas para atender las solicitudes que la nueva ley permite, se hace hincapié “en el respeto más absoluto a quien lo solicita y en el convencimiento de que lo que se ha regulado es la muerte médicamente asistida en supuestos en los que difícilmente alguien podría decir que vivir así es una vida digna”, recuerda Rosa Burgos, presidenta del Comité de Ética Asistencial del Vall d’Hebron.

Las órdenes religiosas insisten en que con suficientes recursos, apoyo y cuidados paliativos estos deseos de poner fin a la vida se diluyen. Y creen que sus centros pueden proporcionarlos hasta cubrir todas las necesidades de los pacientes.

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