Geopolítica educativa (XXIV) – Rayados (1)

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Empezamos por el principio:

La ilusión primera

“El tiempo es una ilusión. El pasado, el presente y el futuro ocurren a la vez”, aseguran los neurocientíficos. Lo dice la Iglesia desde siempre, como legado de Jesús, que llega a afirmar: “Para Dios nada hay imposible” (cfr. Mt 19,26; Lc 1,37), tras lo cual el Apóstol insiste: “A Dios nadie lo ha visto jamás” (1 Jn 4,12). Pues Dios Padre Creador vive fuera del tiempo, en lo que no conocemos pero llamamos “eternidad”.

Observemos la diferencia. Aunque todos nosotros estamos destinados a vivir con Dios en ese mundo que escapa a todo lo que podamos imaginar, y si bien cuando lleguemos allí ya no moriremos nunca, no somos eternos, pues eterno propiamente solo lo es Dios; viviremos, ahí, un cierto “tiempo” que los teólogos llaman “evo”, pues somos eviternos, eso es, que hemos comenzado en el tiempo (creados por Dios) pero ya no tendremos fin. ¡Qué sorpresa para algunos −por importantes que aquí se crean− cuando “se vean echados fuera”! (Lc 13,28).

Mientras tanto, somos una sociedad de espectadores; consumidores pasivos que tragan lo que les dan (o vomitan), y encima nos creemos libres. ¿Cómo es esa vida del “consumidor pasivo”? Innovadoramente simple: comprar-mirar-mamar-comprar-mirar-mamar-comprar… ¿Eternamente? ¡No! ¡Hasta cuándo? Nunca antes fue tan fácil vivir. Lo tenemos todo al alcance de la mano. Pero… ¿y si a esa fórmula mágica le sumas el porrete? ¡No te digo, más fácil todavía! ¡Así todo es coser y cantar! −Pero me tienen atado… y enajenado. Y tonto de mí, sigo con mi porrete entre los labios. ¡Qué plan! ¡Eso ya es el más-difícil-todavía!−.

A fondo

Pongámonos serios. ¿Qué tipo de sociedad nos da esa geopolítica que estamos analizando y que de “educativa” no tiene nada? ¿Es que se le puede llamar educación al mamar de la teta? Por ello, como no lo es, nuestra vida se nos complica a medida que avanza esa geopolítica que nos han trazado con una encubierta ingeniería social, mientras nosotros la reseguimos holgazaneados como cerdos (“ibéricos”, eso sí) llevados al matadero. Y cuanto más rebozados y apiñados nos sentimos, eso ya lo gozamos que es un primor: delicatessen cinco estrellas. ¿Recuerdas a qué sabía un tomate? ¿Que ya ni eso sabes? ¡Basta!

El precio a pagar

Las omisiones tarde o temprano pasan factura, como del rayo sobreviene el drama. “¡Qué injusta es la vida!”, “¡Qué fácil la tienen algunos!”, oímos decir entre aquellos que con nosotros comparten estancia en el contenedor en que nos tienen apilonados. Pero nadie tiene la culpa, solo el rayo. Sin embargo, si abrimos los ojos, podremos observar la realidad que estamos colaborando en crear: los jóvenes no tienen trabajo, los adultos lo pierden, nadie llega a fin de mes, las madres matan a sus bebés, los padres violan a sus hijas, los hijos se masturban y se lamen a todas horas porque no tienen nada que hacer… ¡y la IA viene a “ponérnoslo fácil”! −es decir, más complicado−.

El necesario despertar

¡Abre los ojos, hermano, mi hermana del alma! Rayados estamos todos. Se extiende la culpa al tiempo que se escampa la raya de cocaína, que dicen que “aligera el ánimo” y luego te ata de pies y manos. Todos tenemos culpa cuando sabemos que le hacemos la zancadilla al hermano, que al que trabaja no le reconocemos el valor de su trabajo, que si uno brilla lo apagamos (llámese “ignoramos”)… ¿No lo ves, hermano, mi hermana del alma? ¡No te quejes! ¡Esta sociedad la estamos haciendo nosotros!

Sí. Derrumbada sucumbe la sociedad del espectáculo, que ya ni espectáculo es porque se ha convertido en orgía, donde cerdos y cerdas hacen el cerdo y la cerda noche y día, sin agua, sin jabón, regados por el alcohol y calentados por el afrodisíaco delirio de creerse los dioses del Olimpo. Aquel Olimpo que nos vendían como paradisíaco y lo han convertido en eso: afrodisíaco; que a fuerza de esnife se vive de “escapada” en el Caribe para volver al pasapurés en que me retuerce la paga mientras trafican conmigo en el cuplé. Dejémoslo. Eso, no es.

Geopolítica educativa (XXIII) – Desde la esencia

Twitter: @jordimariada

Somos una sociedad de espectadores; consumidores pasivos que tragan lo que les dan, y encima nos creemos libres. Compartir en X

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