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Entrevista al sacerdote Manuel Vargas, autor del libro «Vocación y libertad»

El autor de `Vocación y Libertad´ destaca que “faltan vocaciones porque muchos niños y jóvenes no han sido introducidos todavía en la apasionante amistad con Jesucristo”.

En cuanto al papel de los padres en los procesos vocacionales, destaca que “no creo que los padres hagan mal en ofrecer recomendaciones y consejos a sus hijos”.

 La editorial Fonte ― Monte Carmelo acaba de publicar un interesante libro bajo el sugerente título Vocación y libertad. Libro que nace de una tesis doctoral defendida en la Universidad de Comillas por su autor, Manuel Vargas Cano de Santayana, sacerdote de la diócesis de Getafe y actual Vicario Episcopal para el Cerro de los Ángeles.

El autor, Manuel Vargas Cano de Santayana

El libro realiza un estudio maravilloso sobre la Anotación 15.ª de los Ejercicios Espirituales de san Ignacio. Esa en la que dice que no se debe mover a los ejercitantes a hacer una determinada opción vocacional en Ejercicios (aunque fuera de ellos sí se puede), sino propiciar que sea Dios quien llame.

Hemos hablado con él sobre este tema tan sugerente en un momento de escasez de vocaciones en la Iglesia:

P. Hace poco, uno de los obispos más novatos (Fernando Muñoz, de Mondoñedo-Ferrol) decía que la crisis de vocaciones es una crisis “de nuestras comunidades de saber engendrar cristianos que descubran que la vida es misión”. ¿Nos faltan vocaciones, o es un problema general de falta de plenitud de vida cristiana?

 R. La vocación es el fruto maduro de la vida cristiana: donde deja de haber vida interior (oración personal, recepción frecuente de los sacramentos, inserción en la vida de la Iglesia…) no cabe esperar que broten vocaciones. Es decir, faltan vocaciones porque muchos niños y jóvenes no han sido introducidos todavía en la apasionante amistad con Jesucristo.

P. El libro habla de la promoción vocacional. Hay historias preciosas de cristianos corrientes que apoyaron la vocación de un joven prójimo. ¿Tienen los fieles un papel en la promoción vocacional, aunque no sean consagrados?

R. ¡Desde luego! Todos podemos ayudar a que se susciten vocaciones en la Iglesia: rezando para que la llamada de Dios sea acogida (“rogad al dueño de la mies que envíe obreros a su mies”); procurando vivir la santidad cada uno en nuestra vocación (“las palabras mueven, los ejemplos arrastran” decía el venerable P. Tomás Morales sj); colaborando con seminarios y noviciados para que no se frustre ninguna vocación por falta de medios materiales, etc.

P. Lo normal hoy en día, incluso en familias católicas, es que el feedback que un joven recibe cuando se plantea la vocación religiosa es la recomendación para que no la siga, por motivos de mucho peso a ojos del mundo. ¿Sería mejor que nos calláramos todos y dejásemos que sea el Señor quien hable a los jóvenes, incluso fuera de Ejercicios?

R. Tiene razón: es perjudicial hacer creer a niños y jóvenes que lo importante en la vida son el éxito profesional o la prosperidad económica… y eso sucede con frecuencia, incluso en familias creyentes. Cuando el criterio decisivo es individualista (“quiero ser feliz, encontrar lo que me llene”) convertimos la fe en un bien de consumo para nuestra satisfacción. Padres y educadores harán bien en enseñar a los hijos que “tenemos la vida para darla”, que hemos de ponernos al servicio de Dios y contribuir cada uno al bien común de la Iglesia, de nuestra patria, de la sociedad. No creo que tengamos que “callarnos todo”, sino mostrar el sentido que tiene la vida y ayudar a que cada uno descubra lo que Dios quiere de él.

P. Ataco sobre el mismo tema concretado en las vocaciones matrimoniales: ¿se habla demasiado? ¿Sería mejor dejar más espacio a la oración, auxiliada en su caso por la dirección espiritual, y dejarse de tanta alcahuetería y tanto opinar sobre si esa chica te conviene o ese chico no?

R. Es magnífico que un joven pregunte al Señor en la oración qué desea de él. También es excelente contar con alguien que nos acompaña espiritualmente. Pero no creo que los padres hagan mal en ofrecer recomendaciones y consejos a sus hijos: ordinariamente, ellos tienen más experiencia y formación, y sus sugerencias pueden ser muy valiosas para los hijos. Decidir con libertad no significa decidir solo. Cuando unos padres previenen a sus hijos de los riesgos que advierten, no están sobrepasándose ni llamaría a eso alcahuetería…

P. Abundo ahora en el tema de las vocaciones consagradas: se da la paradoja de que las instituciones y diócesis que más vocaciones tienen no son las que mejor propaganda vocacional hacen. ¿Falta propaganda o faltan Ejercicios Espirituales?

R. Los jóvenes tienen un “olfato espiritual” que les permite descubrir a Dios donde Él se encuentra. Efectivamente, aunque vivimos una descristianización en España y en todo occidente, no faltan vocaciones donde Jesucristo es el centro: donde se le ama, se le adora y se le escucha. Y, por el contrario, donde los jóvenes perciben falta de autenticidad, falta de entusiasmo, o que se mezclan otros intereses (ideológicos, económicos o políticos) difícilmente percibirán allí la voz divina. No creo que los jóvenes necesiten propaganda.

P. En el libro se fija usted en algunos jesuitas insignes de la primera y segunda etapas de la Compañía de Jesús. Le preguntaré por alguno de ellos. Los estudiosos del Derecho y la Filosofía conocen a Suárez por sus aportaciones a esas ramas del saber. ¿Debería estudiarse al Suárez maestro espiritual?

R. Francisco Suárez ha sido uno de los autores más relevantes en la historia de la Compañía de Jesús. Pero su doctrina ha tenido tantos defensores como detractores: es excelente su fundamentación teológica de los Ejercicios Espirituales de san Ignacio, pero no estoy seguro de que debamos seguirlo en otras cuestiones, como en su distanciamiento filosófico respecto de santo Tomás de Aquino o en su comprensión del discernimiento vocacional como “búsqueda de lo más perfecto”.

P. Se fija usted también en Luis de la Palma, un autor cuya presencia eclesial casi se reduce a su popular librito sobre la Pasión del Señor ¿Habría que desempolvar a Luis de la Palma?

R. Sin duda, este sí es un autor que convendría recuperar. Sus escritos rezuman espiritualidad, unción interior y fervor. Historia de la Sagrada Pasión (año 1624) es ya un clásico de espiritualidad, que muchos santos han leído y aconsejado (por ejemplo, san Josemaría lo estimó y regaló a algunos de sus conocidos). Pero sobre todo la obra Camino espiritual del P. La Palma (año 1626) es una joya para quienes damos Ejercicios Espirituales. La Palma conoce a fondo el método de san Ignacio y enseña a aplicarlo de una forma excepcional.

P. Retrocedo más en el tiempo: ¿qué jesuita, de entre los contemporáneos de san Ignacio, podría dar mejores claves para ayudar a resolver la crisis de vocaciones? (sean a la Compañía o al resto de la vida consagrada).

R. Nuestra referencia han de ser, sobre todo, los santos: san Ignacio, San Francisco Javier, san Pedro Fabro. Es bueno volver siempre al ejemplo y las enseñanzas de los fundadores como san Ignacio, no porque los hombres antiguos sean mejores que los modernos, sino con el deseo apuntado en el Concilio Vaticano II de “retorno a las fuentes” de la espiritualidad (Perfectae Caritatis 2).

Los carismas son dones que Dios regala a la Iglesia a través de los santos: no los podemos modificar a nuestro antojo, sería peor que manipular embriones humanos… Los carismas se acogen y se procuran vivir con fidelidad. Cuando lo hacemos así, Dios hace fructificar esas instituciones. Conozcamos mejor a los santos de todos los tiempos (especialmente los que han sido fuente del carisma original) y procuremos vivir como ellos.

P. Finalmente, el libro está atravesado por una dulce esperanza en que llegarán tiempos de enorme florecimiento vocacional ¿Podemos destacar algún momento de la historia o algún lugar del mundo que sirvan de ejemplo para algo que deseamos que vuelva a ocurrir?

R. El Siglo de Oro español es la época en la que vivió san Ignacio de Loyola y es el tiempo del cardenal Cisneros, los Reyes Católicos y un racimo de santos españoles (santa Teresa de Jesús, Pedro de Alcántara, Juan de la Cruz, Juan de Avila, etc.). Mientras en centroeuropea triunfaba la herejía protestante anti jerárquica, en nuestra tierra se llevó a cabo una profunda renovación espiritual. Es un momento de la historia que nos puede servir de referencia.

Más cercanos a nosotros en el tiempo son: la renovación del clero que ha tenido lugar en archidiócesis de Toledo tras el Concilio Vaticano II, impulsada por el cardenal Marcelo González Martín; el renacimiento de la vida carmelitana que debemos a santa Maravillas de Jesús; la elevación de las clarisas que impulsó la venerable Madre Clara Sánchez; la fecundidad vocacional que ha acompañado al P. Mendizábal y al Apostolado de la Oración; y el auge de nuevas realidades eclesiales que buscan la santidad, como la Compañía del Salvador de la venerable Madre María Félix, la Fraternidad Reparadora, el Instituto Mater Dei, las Hermanas de Belén y otras muchas. Tenemos razones sólidas para confiar en el Corazón de Cristo con esperanza.

El libro realiza un estudio maravilloso sobre la Anotación 15.ª de los Ejercicios Espirituales de san Ignacio Clic para tuitear
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