Hay sitios a los que vas… y ya. Y luego están esos otros a los que vas y, sin saber muy bien cómo, te pasan cosas. Por dentro, sobre todo. Y Medjugorje es un poco de esos.
Y lo curioso es que estos días… ni siquiera hace falta salir de Madrid para asomarse a esa experiencia. La exposición “Medjugorje: piedras bajo mis pies, el cielo sobre mi cabeza” está ya en sus últimos días, después de haber pasado por ella un montón de gente —y con más de mil personas apuntadas a las actividades que han ido organizando durante la semana—. Vamos, que algo está pasando ahí.
Se puede visitar hasta el 27 de abril, gratis, en el Espacio de la Calle Moret 9, en Madrid, y quienes han salido cuentan más o menos lo mismo que no es solo ver fotos y seguir, que hay algo que se queda. Como si, de alguna manera, hubieran estado allí sin moverse de Madrid.
En medio de tanto ruido, se agradece algo que te haga parar —aunque sea un rato— y mirar un poco más hacia dentro… o hacia arriba.
Hoy vamos a charlar con quienes están detrás de todo esto, María López-Jurado y Aníbal Aguilar, para descubrir qué hay en esas imágenes, qué han querido contar… y por qué algo tan sencillo puede tocar tanto.
Hoy nos acercamos a la propuesta de la exposición “Medjugorje: piedras bajo mis pies, el Cielo sobre mi cabeza”, que no solo se mira, sino que también se siente. El que visita la exposición experimenta que hay imágenes que no se quedan en los ojos, sino que bajan al corazón… y otras que, sin hacer ruido, te invitan a mirar hacia arriba.
Medjugorje es un lugar de pausa. Y eso es, en el fondo, lo que intenta recoger esta exposición, fragmentos de un camino que no siempre se ve, pero que te puede cambiar la vida.
Hoy vamos a hablar con quienes han sabido ponerle imagen a lo que a veces no tiene palabras.
¿Cómo nació la exposición? Más allá de la idea artística, ¿en qué momento sentisteis que las imágenes vividas en Medjugorje debían dejar de ser algo íntimo para convertirse en un testimonio ofrecido a los demás?
Aníbal:
María y yo íbamos mucho a Medjugorje, vivíamos cosas muy profundas… y las fotos eran como una forma de guardar todo eso, al principio era algo muy personal de cada uno, muy íntimo. Pero llegó un momento en el que sentimos que no podíamos quedárnoslo solo para nosotros.
María:
Veíamos que lo que estaba pasando allí no era solo algo bonito, sino algo que realmente tocaba el corazón y cambiaba vidas. Y surgió esa inquietud: esto hay que compartirlo. No como algo artístico sin más, sino como un testimonio. Como decir: “oye, esto es real, esto sucede”.
El título de la exposición, “piedras bajo mis pies, el Cielo sobre mi cabeza”, tiene una fuerza muy especial. ¿Cómo nació esa expresión y qué verdad queréis comunicar a través de ella?
Aníbal:
El título «Medjugorje: piedras bajo mis pies, el Cielo sobre mi cabeza» encierra un juego de palabras acerca de la experiencia del peregrino en Medjugorje. Aparentemente allí no hay nada. Solo piedras bajo mis pies. Sin embargo, es un lugar de encuentro con la Virgen, la puerta que conduce a Cristo en el Cielo sobre nuestras cabezas.
Al contemplar las fotografías, da la impresión de que no buscan solo mostrar un lugar, sino transparentar una realidad. Como autores, ¿cómo habéis hecho la selección de imágenes y frases para que se deje entrever una gracia especial?
María:
Desde el principio tuvimos claro que no queríamos hacer un reportaje fotográfico sino más bien crear un recorrido que te adentrara en Medjugorje según van pasando las horas y los días de peregrinación. Había muchas fotos que técnicamente eran muy buenas, pero no todas transmitían algo, así que hicimos una selección desde la oración, desde lo que nos volvía a tocar cada imagen al mirarlas.
María y Aníbal ¿Qué tuvo Medjugorje para tocaros de un modo tan decisivo, y qué lugar ha ocupado desde entonces la Virgen en vuestra vida de fe y en vuestra mirada artística?
Anibal:
Para nosotros fue un antes y un después. Personalmente fue el lugar de mi conversión. Yo fui a Bosnia y herzegovina a acompañar a mi mujer, pero me encontré con algo más grande que cambió mi vida. Tuve mi encuentro con Dios a través de la Gospa.
María:
Ahí la Virgen tiene un papel clave. No como protagonista en sí misma, sino como quien te lleva a Cristo. En mi caso si era creyente y practicante, pero al llegar allí me di cuenta que Ella nos pedía dar un paso más y desde allí, nuestra fe es más concreta, más vivida, más consciente del papel de Jesús en mi vida… y eso inevitablemente cambia también la forma de mirar, incluso a través de la cámara.
En todas las imágenes se percibe una gran hondura y unción ¿Cómo se prepara el corazón para fotografiar algo así? ¿Sentís que, en cierto modo, también se entra en la realidad de Medjugorje a través de la cámara?
Aníbal:
Creo que a la Virgen le gusta que juegue como un niño con mis cámaras fotográficas, es tan sencillo como hacerse pequeño y empezar a mirar con esos ojos y de repente, ante tus ojos se muestran imágenes que son aparentemente invisibles a los ojos: la fe y la atmósfera de oración.
Entre todas las fotografías expuestas, ¿hay alguna que sintáis especialmente vuestra porque resume vuestra propia vivencia interior en Medjugorje o vuestro camino de conversión?
María:
Sí, hay varias… pero más que por lo que se ve, por lo que significan para nosotros. Hay imágenes que nos recuerdan momentos muy concretos que nos tocó a cada uno desde nuestra propia historia: decisiones, encuentros, incluso luchas interiores.
Quizá desde fuera no son las más llamativas, pero para nosotros resumen mucho de lo vivido allí.
Para quienes se acerquen a la exposición con curiosidad, con preguntas o incluso con cierta distancia respecto a Medjugorje, ¿qué os gustaría que sucediera en su corazón al salir? ¿Qué desearías que pudieran intuir, comprender o recibir interiormente?
María:
Creo que lo primero es regalarse la oportunidad de detenerse y extraerse del mundo frenético que vivimos. Al entrar no sólo te encuentras con imágenes, sino que hemos preparado un entorno, entre música, iluminación y algún video, que te invita a abrir los ojos y afinar los sentidos.
Incluso si alguien viene por curiosidad, o sin fe, que pudiera intuir que hay algo más detrás de las fotos. Que no todo se reduce a lo que vemos. Y si alguien sale con un poco más de paz, o con inquietud y sed de querer conocer más de la Virgen o de Dios, ya merece la pena.








