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Pero, ¿para qué sirven las monjas de clausura?: el valor de la vida contemplativa, pilares espirituales de la sociedad

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En un mundo que constantemente valora el éxito material y el progreso tecnológico, la vida contemplativa de las monjas de clausura se erige como un paradigma de crecimiento espiritual, un recordatorio viviente de la importancia de los valores intangibles en nuestra sociedad.

Estas mujeres, dedicadas a la oración y al silencio, ofrecen un testimonio silencioso pero poderoso de una vida centrada en lo espiritual y lo trascendente.

Las Carmelitas Descalzas, entre otras órdenes, se destacan en este ámbito. Su rutina comienza a las 5 de la mañana y concluye a las 10 de la noche, entrelazando sus días con siete momentos de oración. Esta disciplina refleja un compromiso profundo no solo con su fe, sino también con la sustentación de un nivel espiritual elevado para la sociedad en su conjunto.

monjas de clausura
Monjas de clausura en Mula, Murcia, España

La vida monástica desafía el paradigma materialista

Es común escuchar fuera de la Iglesia católica opiniones que cuestionan la utilidad de la vida monástica. Paradójicamente, mientras se admira el monacato budista por su desapego y constante oración, la propia sociedad Occidental tiende a menospreciar el equivalente cristiano. Esta contradicción subraya una falta de comprensión sobre la profundidad y el propósito de la vida monástica en la religión cristiana.

Las monjas de clausura, lejos de ser seres ajenos a los avatares del mundo, se implican profundamente en él a través de su oración y contemplación. Viven en un estado de renuncia consciente, eligiendo la pobreza y la castidad, no como una negación del mundo, sino como una afirmación de una realidad más alta y profunda.

La crisis de valores y la falta de vocaciones amenazan la supervivencia de los conventos de clausura en España

Estas religiosas no solo rezan, sino que también contribuyen de manera tangible a través de la fabricación de dulces y otros productos, vendidos para sustentar sus comunidades. Este trabajo manual es una parte esencial de su espiritualidad, uniendo la oración con la acción.

La vida en clausura no es un escape, sino un compromiso profundo con un camino de vida que desafía las normas convencionales de éxito y productividad. En su silencio y oración, las monjas de clausura sostienen un espacio sagrado, ofreciendo un oasis de paz y espiritualidad en un mundo frecuentemente dominado por el ruido y la distracción.

monjas de clausura
La hermana Carmen María Maldonado, de 78 años, junto a la monja María Inés Maldonado, de 76 años, preparan tamales con pollo y salsa verde en el convento de las Adoratrices Perpetuas del Santísimo Sacramento en Ciudad de México

Aunque la vida monástica no es un camino para todos, sino una elección específica que requiere discernimiento y dedicación, se trata de una opción extraordinariamente rica espiritualmente y a la que la sociedad le debe el aumento de su nivel espiritual.

La vida de las Carmelitas Descalzas, como la de otras órdenes de clausura, es un testimonio de la riqueza y diversidad del compromiso religioso y espiritual en nuestra sociedad, y merece no solo respeto sino también una comprensión más profunda y matizada.

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2 Comentarios. Dejar nuevo

  • LA SAL DE LA TIERRA
    ¡Vosotras sois la sal de la tierra!
    La sal presta un servicio humilde y silencioso.
    No se sirve en bandejas de plata
    ni se coloca en fruteros generosos
    sobre la mesa de un festín.
    La sal está presente sin mostrarse.
    Para cumplir su misión,
    tiene que disolverse, desaparecer, morir.
    Pero su papel es importante,
    sin ella los alimentos son insípidos
    y las viandas se corromperían con rapidez.
    Vuestras vidas,
    silenciosas y humildes,
    tienen que dar sabor a la existencia de los hombres,
    porque en sus vidas falta la sal de la fe, de la esperanza, del amor.
    ¡Le falta mucha sal a la existencia de los hombres!
    En el mundo es imprescindible la sal
    de vuestro sacrificio, de vuestra consagración al Señor,
    para que no se corrompa;
    para que el mundo guste el sabor a Dios.
    Vosotras dais sentido a la vida del hombre,
    en silencio,
    con la sencillez de vuestra pobreza,
    con la humildad de vuestra obediencia,
    con la pureza de vuestra castidad.
    Pero tenéis que morir al mundo,
    disolveros como la sal,
    desaparecer.
    Sólo al precio de vuestro sacrificio callado
    serán fecundas vuestra fe, vuestra esperanza, vuestro amor,
    vuestra vida toda.
    Y así seréis la sal de la tierra.

    Anónimo

    Responder
  • Pues creo que estaría bien que salieran del convento para ayudar a las familias con ancianos o niños. Hoy en día es muy difícil tener estas necesidades cubiertas y ustedes harían una labor extraordinaria en este sentido.
    Este gran servicio no les impediría rezar (Dios nos oye fuera de los conventos)

    Responder

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