Los Reyes Magos no fueron a Belén a saciar un deseo personal. Ellos fueron a adorar.
Y aquí entra el precioso recordatorio del Papa Francisco:
Adorar es encontrarse con Jesús sin la lista de peticiones… Es ir a lo esencial, desintoxicarse de lo inútil.” (6 de enero de 2020)
Si nuestros regalos de Reyes no ayudan a nuestros hijos a ir a lo esencial, quizá no estén cumpliendo su misión.
Dios nos ha dado a nuestros hijos como un regalo irrepetible. Como los Magos, podemos llevar al Niño tres presentes que inspiren nuestros propios regalos familiares.
1. Oro: lo que afirma su identidad
Es el regalo que dice: “Te veo. Te conozco. Esto habla de ti.”
Puede ser un libro para un pequeño lector, material artístico para quien sueña con crear, un instrumento, una actividad deportiva, unas clases de algo que le apasiona… Cualquier cosa que abrace un talento, un gusto o una cualidad.
Sirve de ancla interior: los niños que crecen con una sana identidad son más resistentes a la apatía y la presión social de la adolescencia.
2. Incienso: lo que nutre su espíritu
Algo que les acerque a Dios: un cuento espiritual, un rosario especial, una cruz para su cuarto, entradas para una peregrinación familiar, un icono, un juego con contenido bíblico…
No se trata de “forzar” la fe, sino de poner en sus manos algo que les enseñe que lo sagrado existe y que es hermoso.
3. Mirra: lo que les enseña a darse
Aquí viene la parte más interesante. La mirra simboliza la capacidad de amar con sacrificio. Puede ser un regalo para compartir con los hermanos, una experiencia de voluntariado, material para preparar galletas y regalarlas, un juego cooperativo, o incluso una libreta para anotar “buenas acciones”.
Es la invitación a salir de sí mismos:
“Lo que no se ve es eterno” (2 Co 4,18)
Y pocas cosas construyen tanto el corazón como aprender a regalarse.
Difícil conquista: padres vs. ambiente
Los padres no educamos solos: el ambiente educa más que nadie. Y hoy ese ambiente es veloz, ruidoso, saturado de pantallas y estímulos que embotan la sensibilidad de los niños.
Los Reyes regalaron según la naturaleza divina del Niño Jesús; nosotros debemos regalar según la naturaleza genuina de los niños, sin adelantar etapas, sin dejar que la moda o la presión social decidan por nosotros.
La sensibilidad infantil —esa capacidad de asombrarse, emocionarse, percibir belleza— es frágil. Cuando la anestesiamos con estímulos constantes, luego “la vida real” les aburre.
Para custodiar esa sensibilidad te dejo cinco claves sencillas:
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menos pantallas,
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más juego libre,
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más contacto con la naturaleza,
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más conversación real,
-
más belleza auténtica (arte, música, lectura…).
Entonces… ¿quién tiene la última palabra: los niños o los Reyes?
La carta es preciosa, pero no es vinculante. «Los Reyes» deben filtrar, discernir y elegir lo que realmente conviene.
Ser padres es, en cierto modo, ser esos Magos que viajan guiados por una estrella: la vocación de llevar a nuestros hijos al encuentro del Dios que se hizo Niño.
Este año, al preparar los regalos, quizá podamos imaginar el camino hacia Belén. Y preguntarnos:
¿qué oro, qué incienso y qué mirra necesitan hoy mis hijos?
Si acertamos, haremos algo más grande que regalar: estaremos educando para la vida, para la belleza… y para la eternidad.












