“La vida es un don y la eutanasia, un fracaso”, afirma el arzobispo de Santiago de Compostela

Santiago de Compostela

Este 2020 es un año de especial significación para la archidiócesis de Santiago de Compostela. La razón es que La Puerta Santa de la Catedral de Santiago se ha abierto para un Año Jubilar que se prolongará, excepcionalmente, durante 24 meses.

En ese contexto, su arzobispo, monseñor Julián Barrio, al frente de la archidiócesis 25 años de los 75 que va a cumplir, ha dado una entrevista al diario ABC en el que aborda, entre otras cuestiones, la Ley de Eutanasia promovida por el Gobierno socialista y de Podemos.

Cuestionado sobre si el laicismo creciente en el país tiene como consecuencia la legalización de la eutanasia, Monseñor Barrio considera que la vida “es un don, y la eutanasia es un fracaso”. El Papa, prosigue, “lo ha dicho muy claramente. La eutanasia y la ayuda al suicidio asistido son una derrota de todos. Desde esta perspectiva, tenemos que decir que la eutanasia es una quiebra moral en nuestra sociedad, y un cambio de fines en el Estado“.

En ese sentido, el prelado considera que el Estado, “que tiene que ser garante y defensor de la vida, a través de la Ley de la Eutanasia se hace cargo de la muerte de la persona. De defensor, a encargado de infligir la muerte”.

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Además, se trata de “un cambio de fines la preocupación de la profesión médica”, ya que “debería ser tratar de cuidar siempre en la medida de lo posible, y, cuando no se puede, aliviar esa situación en que se puede encontrar el enfermo. Siempre, la Iglesia propone, ante esto, los cuidados paliativos que hay que ponerlos en mucho valor, y el acompañamiento no solo del enfermo, sino también de las familias“.

Tampoco se muestra satisfecho por la recién aprobada ley de enseñanza LOMLOE y sus efectos sobre la educación concertada.

“Lo que está claro -explica el arzobispo de Santiago de Compostela- es que la enseñanza es una realidad fundamental no solo para la vida presente sino para el futuro de los niños, los jóvenes y la familia. Una realidad también para la convivencia democrática de la sociedad. Tenemos todos que sentimos comprometidos en esta cuestión”.

La conocida Ley Celaá le parece “que es una ocasión perdida porque podría haber sido el momento para hacer ese pacto educativo global del que habla tanto el Papa Francisco, y que de alguna manera el Gobierno en principio vio con buenos ojos”.

Este pacto educativo global es el que nos ayudaría a mantener un diálogo, poder escuchar y asumir un pacto que lógicamente conllevaría que determinados planteamientos ideológicos no llevaran a la exclusión“, y concluye: “Podía haber sido un buen momento para que hubiera participación de la comunidad educativa de las distintas instancias de la sociedad, y que respondiera a un consenso con el que evitáramos estar a merced del gobierno de turno”.

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