Durante años, los sindicatos españoles han participado en negociaciones salariales, acuerdos sociales y movilizaciones laborales. Ahora, CCOO y UGT convocan una huelga general «preventiva», el 11 de Noviembre, porque consideran que los salarios no permiten afrontar adecuadamente el coste de la vivienda.
La reivindicación plantea un problema real. Pero también invita a formular preguntas que merece una respuesta pública: ¿A quien sirven los Sindicatos? ¿Qué ha fallado en los mecanismos de negociación salarial para llegar hasta aquí?
OCHO AÑOS DE DIÁLOGO SOCIAL. ¿QUÉ RESULTADOS?
El sindicalismo tiene una función fundamental en una democracia: representar a los trabajadores, negociar sus condiciones laborales y defender sus intereses frente a empresas y administraciones. Esa función exige autonomía. No significa que los sindicatos deban enfrentarse permanentemente a los gobiernos. Tampoco que negociar y protestar sean actividades contradictorias.
Sin embargo, la independencia sindical debe poder examinarse a través de hechos: acuerdos alcanzados, reivindicaciones planteadas, resultados obtenidos y capacidad de movilización.
En mayo de 2023, CCOO y UGT suscribieron con las organizaciones empresariales el V Acuerdo para el Empleo y la Negociación Colectiva, con orientaciones para los incrementos salariales de los tres años siguientes. Aquellos acuerdos pretendían facilitar la negociación y proteger los salarios en un contexto económico complejo.
Hoy, esos mismos sindicatos denuncian que los ingresos de muchos trabajadores resultan insuficientes para acceder a una vivienda; es decir, se manifiestan contra los frutos de sus acuerdos... Es evidente que hay que, ante este escenario, se debe analizar qué parte de la pérdida de capacidad adquisitiva puede atribuirse a la evolución salarial y cuál al extraordinario encarecimiento de la vivienda.
Porque el salario no se mide solamente por cuánto dinero entra en una nómina, sino también por lo que permite pagar.
LA ELECTRICIDAD, LA INFLACIÓN Y LA MEMORIA DE LAS PROTESTAS
El precio de la electricidad y el coste de la vida han sido motivos recurrentes de preocupación social. Sin ir mas lejos, fueron los motivos que lanzaron a la calle a UGT y CC.OO en 2016, su última movilización general Pública, contra un Gobierno, «casualmente», de derechas.

En los 8 años de Gobierno socialista, estos 2 parametros se han multiplicado exponencialmente, tanto el precio de la electricidad como el coste de la vida, pero ahora resulta que los Sindicatos convocan una «manifestación preventiva», la primera de la historia de la Democracia Española, contra la oposición, por si llega al Gobierno (o para ayudar a los partidos en el poder a evitarlo).
Conviene examinar las movilizaciones realizadas en cada etapa, sus objetivos y sus resultados. La pregunta pertinente no es si los sindicatos protestaron alguna vez, sino si la presión ejercida fue proporcional a los problemas que afrontaban los trabajadores.
- ¿Se reclamaron soluciones estructurales?
- ¿Se exigieron responsabilidades a todas las administraciones competentes?
- ¿Se mantuvieron las reivindicaciones cuando dejaron de ocupar las portadas o cambió el Gobierno?
La credibilidad de cualquier organización social depende también de su capacidad para explicar esas decisiones.
LA HUELGA DEL 11 DE NOVIEMBRE
CCOO y UGT han anunciado una huelga general centrada en salarios, vivienda y precios. Sus dirigentes sostienen que la patronal debe negociar incrementos salariales más elevados y que las administraciones deben adoptar medidas para facilitar el acceso a la vivienda.
El planteamiento tiene una dimensión laboral evidente: cuando el alquiler absorbe una parte creciente de los ingresos, el trabajador dispone de menos recursos para cubrir otras necesidades; Pero también tiene una dimensión institucional.
La vivienda depende de la disponibilidad de suelo, la construcción, la financiación, la fiscalidad, la seguridad jurídica y las políticas de las diferentes administraciones. Por tanto, ni una subida salarial puede resolver por sí sola la escasez de vivienda, ni la política pública puede desentenderse de la evolución de los ingresos familiares.
La huelga puede convertirse en una oportunidad para discutir ambas cuestiones, pero también para evaluar los resultados del diálogo social desarrollado hasta ahora, que explicaría la nula capacidad de los Sindicatos en España, necesitados de fondos públicos para su subsistencia ante la sangría de afiliaciones, fruto de su ineficacia real. Y es que no se muerde la mano de quien te da de comer…
Y LOS JOVENES… ¿SE HA PERDIDO LA CULTURA DEL AHORRO?
Existe otro debate que apenas aparece cuando hablamos de emancipación juvenil: nuestros hábitos de consumo. Durante generaciones, muchas familias consideraban normal dedicar varios años a ahorrar para afrontar la entrada de una vivienda; Se renunciaba a determinados gastos, se aplazaban viajes y se organizaba el presupuesto familiar alrededor de un proyecto de futuro.
Hoy las posibilidades de ocio y consumo son distintas y el egoismo de nuestros jóvenes, tambien; Viajar resulta más accesible en algunos segmentos del mercado, los festivales musicales forman parte de la oferta cultural juvenil y las redes sociales presentan determinados estilos de vida como aspiraciones casi obligatorias.
Es legítimo preguntarse si estamos educando suficientemente en el ahorro, la previsión y la capacidad de posponer gratificaciones, en resumen, si nuestros jovenes han entendido que no todo en esta vida se merece «por derecho» y que, conseguir unos objetivos vitales implica esfuerzo y sacrificio.
Sería injusto convertir esta reflexión en una acusación colectiva contra los jóvenes… Muchos trabajan, ahorran y renuncian a gastos sin conseguir reunir la entrada de una vivienda. Otros soportan alquileres elevados que dificultan precisamente ese ahorro. La responsabilidad individual importa, pero no elimina las dificultades estructurales.
NI TODO ES CULPA DEL GOBIERNO NI TODO ES CULPA DEL MERCADO
El debate público suele ofrecer explicaciones demasiado sencillas: Unos responsabilizan exclusivamente al Gobierno, otros, a las empresas; Otros, a los propietarios… Y algunos atribuyen las dificultades de emancipación a los propios jóvenes.
Pero el problema de la vivienda combina factores diferentes: oferta insuficiente en determinados territorios, evolución demográfica, costes de construcción, condiciones de financiación, regulación y diferencias entre ingresos y precios. Las soluciones deben examinar todas esas dimensiones.
También la actuación de sindicatos, patronales y administraciones durante los últimos años. La exigencia de responsabilidad debe ser compartida, aunque las competencias de cada actor sean distintas.
EL TRABAJO DEBE PERMITIR CONSTRUIR UNA VIDA
La Doctrina Social de la Iglesia ofrece una perspectiva especialmente valiosa: El trabajo no es simplemente una mercancía.
Su remuneración debe permitir al trabajador atender sus necesidades y las de su familia en condiciones dignas. Pero la dignidad del trabajo tampoco puede separarse de la responsabilidad personal, el esfuerzo, el ahorro, la solidaridad y la sostenibilidad de las empresas.
Una sociedad que dificulta extraordinariamente a sus jóvenes formar un hogar afronta un problema que va más allá de la economía: Afecta a la familia, la natalidad, la estabilidad social y las expectativas de futuro. Por eso resulta necesario preguntarse qué políticas y acuerdos están facilitando realmente que los trabajadores puedan construir un proyecto de vida.
Tras 8 años de Gobierno socialista, es un hecho que no han existido políticas de construcción de viviendas y que la natalidad o la protección de las familias han sido capítulos manifiestamente eliminados de los presupuestos generales, destinando miles de millones a ministerios ideológicos en lugar de a politicas sociales reales.
Ante este panorama, la sociedad debe preguntarse qué modelo económico, laboral y familiar desea construir, para lo cual estamos llamados a las urnas el próximo 29 de Noviembre:
- No basta con exigir mejores salarios si no abordamos también la oferta de vivienda.
- No basta con reclamar ayudas si no hablamos de productividad, empleo estable y ahorro.
- Y no basta con invocar la dignidad del trabajador si olvidamos que esa dignidad incluye la posibilidad de formar una familia, acceder a una vivienda y planificar el futuro.
Quizá la pregunta más importante no sea por qué los sindicatos convocan ahora una huelga general.
Quizá sea qué debemos cambiar para que, dentro de otros ocho años, no estemos discutiendo exactamente los mismos problemas.
Jucho & Dani









