España no necesita solo un cambio de Gobierno

COMPARTIR EN REDES

España va mal. Muy mal. No hace falta ser un experto en política, economía o sociología para darse cuenta. Basta con salir a la calle y mirar alrededor.

La inseguridad ciudadana crece; la inmigración se ha convertido en un problema que nuestros gobernantes parecen incapaces de abordar con seriedad; los precios no dejan de subir mientras los salarios apenas alcanzan para llegar a fin de mes; comprar una vivienda se ha convertido para muchos jóvenes —y no tan jóvenes— en una quimera; la corrupción aparece un día sí y otro también en los titulares, infiltrando ya todas las estructuras del Estado; la independencia judicial está permanentemente cuestionada; y las instituciones del Estado parecen haber quedado atrapadas en una lucha partidista en la que el interés general es, demasiadas veces, lo de menos.

Podría seguir. Y seguir. Y seguir. Porque enumerar los problemas de España es empezar y no parar.

Ahora, después de la convocatoria de elecciones, los españoles tendremos de nuevo la oportunidad de acudir a las urnas. Y, naturalmente, habrá que hacerlo. Un católico no puede desentenderse de la vida pública ni pensar que votar es una cuestión irrelevante.

Pero tampoco creo que debamos engañarnos.

El que piense que un Gobierno formado por el Partido Popular y Vox va a solucionar, por el mero hecho de llegar a La Moncloa, todos los problemas que arrastra España desde hace décadas, está muy equivocado.

No porque ambos partidos no puedan hacer cosas buenas. Pueden hacerlas, y algunas de ellas serían probablemente muy necesarias. Pero las reformas que España necesita son mucho más profundas de lo que cualquier Gobierno —también uno formado por PP y Vox— parece dispuesto a afrontar.

Porque el problema de España no es solamente Pedro Sánchez. Ni siquiera es solamente el PSOE. Como tampoco se solucionaría todo sustituyendo a un gobierno socialista por uno de derechas.

El problema es mucho más profundo.

Y aquí es donde, como católico, tengo que reconocer algo que quizá resulte incómodo: no puedo poner mi esperanza en los políticos.

No puedo hacerlo.

Puedo esperar de ellos decisiones más justas o más injustas, leyes mejores o peores, una mayor o menor defensa de determinados principios. Puedo votar pensando en el bien común y procurando escoger, entre las opciones disponibles, aquella que considere menos mala o más beneficiosa para España.

Pero mi esperanza no puede estar ahí.

Porque ningún político puede convertir un país en algo que sus ciudadanos no quieren ser.

Podemos cambiar las leyes. Podemos reformar las instituciones. Podemos modificar el sistema electoral, endurecer las penas, controlar mejor las fronteras, facilitar el acceso a la vivienda, reducir impuestos, perseguir la corrupción y mejorar la administración.

Todo eso es importante.

Pero hay algo que ninguna ley puede hacer: hacer bueno al hombre que no quiere ser bueno.

Y quizá este sea el verdadero problema que deberíamos plantearnos.

Nos preocupamos mucho —y con razón— por quién ocupará La Moncloa. Pero quizá deberíamos preguntarnos también qué clase de españoles somos nosotros. Mientras nosotros no nos decidamos a cambiar, España tampoco lo hará.

Porque una sociedad corrupta no se arregla solamente cambiando a los corruptos de arriba. Una sociedad individualista no se arregla únicamente aprobando nuevas leyes. Una sociedad que ha perdido el sentido de la verdad, del sacrificio, de la familia, de la responsabilidad y del bien común no se reconstruye simplemente cambiando el color del Gobierno.

Hace falta algo más.

Mucho más.

San Josemaría Escrivá decía que «las crisis mundiales son crisis de santos».

Cuanto más pienso en esa frase, más convencido estoy de que contiene una verdad que estamos olvidando.

Nosotros queremos solucionar la crisis de España desde arriba. Esperamos al próximo Gobierno, al próximo presidente, a la próxima reforma. Miramos continuamente hacia el Congreso, hacia los tribunales, hacia los medios de comunicación, hacia Bruselas.

Y quizá deberíamos mirar un poco más hacia nosotros mismos.

España cambiaría si los españoles cambiáramos.

Cambiaría si hubiera más padres dispuestos a educar a sus hijos en la verdad y en la responsabilidad. Más matrimonios dispuestos a tomarse en serio su vocación. Más empresarios que entendieran su trabajo como un servicio y no únicamente como una oportunidad de enriquecimiento. Más trabajadores que procurasen hacer bien su trabajo incluso cuando nadie los vigila. Más profesores que entendieran que educar es mucho más que transmitir conocimientos. Más periodistas que amaran la verdad más que su propia ideología. Más jueces que pusieran la justicia por encima de cualquier interés. Más sacerdotes santos. Más políticos honestos.

Y, sobre todo, más cristianos verdaderamente cristianos.

Porque quizá llevamos demasiado tiempo esperando que España cambie sin estar dispuestos nosotros a cambiar.

El próximo 29 de noviembre habrá que votar. Y habrá que hacerlo con responsabilidad, conociendo las opciones, examinando los programas y pensando en el bien común. No me parece cristiano desentenderse de la política. Tampoco me parece sensato depositar en ella una esperanza que no puede satisfacer.

Votaremos.

Pero después de votar, tendremos que volver a nuestras casas, a nuestros trabajos, a nuestras familias, a nuestras parroquias, a nuestras pequeñas obligaciones cotidianas.

Y ahí seguirá estando el verdadero campo de batalla.

Porque España no cambiará solamente cuando cambie el Gobierno.

España cambiará cuando cambien los españoles.

Y si los católicos nos decidiéramos de verdad a ser santos, quizá entonces empezaríamos a ver cambiar España de verdad.

No sé quién ganará las próximas elecciones.

Pero sí sé que, si queremos una España distinta, necesitamos algo mucho más difícil que ganar unas elecciones.

Necesitamos santos.

Cambiar de presidente puede ser necesario. Creer que eso basta para arreglar España es una ilusión. Los problemas profundos requieren cambios mucho más profundos. Compartir en X

¿Te ha gustado el artículo?

Ayúdanos con 1€ para seguir haciendo noticias como esta

Donar 1€
NOTICIAS RELACIONADAS

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Rellena este campo
Rellena este campo
Por favor, introduce una dirección de correo electrónico válida.

El periodo de verificación de reCAPTCHA ha caducado. Por favor, recarga la página.