¿Sodoma ardió por el pecado de homosexualidad o por el pecado contra la hospitalidad?

Por tradición se interpreta que la destrucción de Sodoma y Gomorra por fuego bajado del cielo, se debió, sobre todo, al pecado de homosexualidad practicada, de modo que decir sodomía es otra forma de llamar a la homosexualidad activa.

Esta interpretación viene corroborada por la Sagrada Escritura. Así en San Judas, 7 leemos (Nácar-Colunga): “Y lo mismo Sodoma y Gomorra, y las ciudades vecinas, que de igual modo que ellas habían fornicado, yéndose tras los vicios contra naturaleza, fueron puestos para escarmiento, sufriendo la pena del fuego perdurable”. Aquí se aprecia que la causa de su destrucción es el vicio contra naturaleza, es decir la homosexualidad practicada.

En la traducción de la Biblia de Jerusalén se nos da una versión, en parte distinta, de este mismo fragmento de la carta de San Judas: “Y lo mismo Sodoma y Gomorra y las ciudades vecinas, que como ellas fornicaron y se fueron tras una carne diferente, padeciendo la pena de un fuego eterno, sirven de ejemplo”. Pero la expresión “carne diferente”, solo puede referirse a la homosexualidad, ya que los ángeles que visitan la ciudad aparecen como hombres a ojos de sus ciudadanos (y observemos que los ángeles, espíritus puros, carecen de carne, aunque se aparezcan con apariencia humana).

Pero es que además la propia Biblia de Jerusalén en Génesis, 19,5 nos dice a propósito de los ángeles en figura humana que visitan la ciudad, y refiriéndose a los sodomitas que los buscan: “¿Dónde están los hombres que han venido donde ti esta noche? Sácalos, para que abusemos de ellos”. Y la nota adjunta a 19, 5 dice: “El pecado contra naturaleza que toma su nombre de este relato (sodomía) era abominable para los israelitas (Lv 18, 22) (…)”

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Así pues, dos versiones bíblicas, una más antigua y otra más moderna, destacan como pecado principal de estas ciudades el vicio contra naturaleza, es decir la homosexualidad.

Viene esto a propósito de una interpretación o exégesis novedosa de la Pontificia Comisión Bíblica (entrevista a su secretario en “Alfa y Omega”, nº 1149, enero 2020, págs. 8-9):

“Sin embargo, sí que hemos concluido que el episodio de Sodoma y Gomorra ha sido interpretado erróneamente como una denuncia de una degradación moral. La exégesis más reciente dice que la Biblia no habla de un pecado sexual en sí mismo (…) Lo que se denuncia es una ciudad incapaz de acoger al diferente, al que se le acaba infringiendo una serie de procedimientos infames de naturaleza sexual”.

Dos notas o comentarios: Uno, que se habla de la “exégesis más reciente”, lo que implica que es nueva, que se aparta de la interpretación que avala la tradición.

Para el segundo comentario, recordemos que en Gn 19, 1-29 se nos dice que los sodomitas que tratan de violar a los forasteros “rodearon la casa, mozos y viejos, todos sin excepción”.

El secretario de la Comisión razona que no todos podían ser homosexuales (natos). Pero lo que muestra el texto bíblico es que la homosexualidad se había convertido en un vicio masivo de la ciudad que era pues depravada y degenerada. Y ello es un agravante de la homosexualidad practicada ya que comprende incluso a quienes no son homosexuales por tendencia instintiva o natos.

Por otra parte, si la falta de hospitalidad fuera acreedora al fuego del cielo, como lo fue Sodoma, pocas ciudades dejarían de arder.

Por otra parte, el texto de San Judas 7 nos habla no sólo de fuego físico, que abrasó a estas ciudades, sino de fuego perdurable (Nácar-Colunga) o de fuego eterno (Biblia de Jerusalén). O sea que el fuego físico es imagen o preludio del infierno que espera a los pecadores que no se arrepienten.

Digamos para terminar que sobre la homosexualidad activa (no se trata de la tendencia instintiva que no es pecado) y que la Biblia condena repetidas veces, el Catecismo nos dice que dicha Sagrada Escritura la considera una depravación grave (Nº 2357) y también que la Tradición sostiene que los actos homosexuales son intrínsecamente desordenados (Nº 2357).

Pero el homosexual por tendencia instintiva, está llamado a la castidad ((Nº 2359) (como el heterosexual no casado) y está llamado a la perfección moral cristiana, a la santidad, y debe ser “acogido con respeto, compasión y delicadeza” (Nº 2358)

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