Un gobierno partido se esconde detrás de leyes de ruptura moral y antropológica

A estas alturas, es una evidencia, el gobierno Sánchez está roto. Sus dos componentes difieren profundamente sobre la Constitución, el régimen político, la monarquía, cuestiones básicas de la política económica y social, SMI, impuestos, pensiones y un largo etcétera. Están en las antípodas en temas de materia internacional muy sensibles: relaciones con Marruecos, Sáhara, política Latinoamérica, Israel.

Son incapaces de decir nada sobre el problema de las residencias, que una y otra vez son escándalo por sus muertes, a pesar de la competencia de Iglesias sobre este ámbito. No concuerdan, y así va, en la política inmigratoria. En un país europeo normal esto no seguiría. Porque gobernar no es mantener el poder para sí, sino prestar un buen servicio a la sociedad, y en tales condiciones es evidente que tal necesidad no puede satisfacerse.

Solo les une una cosa y a esto se dedican: las leyes de ruptura que destruyen el fundamento moral y antropológico de la sociedad, para sustituirlo por otro al que llaman “progresista”, a pesar de que no disponga de ningún horizonte de progreso. ¿Cómo va a ser Progresista cuando la humanidad se prepara para alcanzar Marte, que la solución para el sufrimiento sea la muerte? Esta es la solución que se les ha dado de siempre a los animales. ¿Eso es todo lo que este estado es capaz de ofrecer a los que sufren? Pues entonces es un estado fallido e injusto, y como tal debe ser tratado.

Y como este tipo de leyes son las únicas en las que el gobierno se pone de acuerdo consigo mismo, lo que va a suceder es que se producirá un aluvión de leyes de este tipo. Es el caso de la ley Celaá que liquida el derecho de los padres a la educación moral y religiosa de sus hijos, y la enseñanza concertada, Y esto es un grave problema, por su naturaleza claro está, pero también por la forma como transforman las mentes.

En una sociedad como la nuestra en la que no existen los acuerdos morales fundamentales, el papel de señalar el bien y lo que es justo, es usurpado por las leyes. Lo que está bien es lo que está legalizado; “ir de legal” es una expresión popular que designa esta idea, y esto va a mentalizar poderosamente a la gente más joven, sobre todo si el tiempo transcurre y este tipo de normativas de asientan mansamente.

La alternativa es solo un: construir un proyecto cultural alternativo, es decir un relato en positivo, y a la vez deconstruir este tipo de leyes a todos los niveles, y en todos los ámbitos sociales, desde su concepción a su aplicación, pasando por sus consecuencias.

Los laicos cristianos tenemos un papel determinante en esta tarea que hasta ahora no hemos sabido desempeñar. Ahora, como oraba San Patricio “Me levanto por la poderosa fuerza de la Trinidad… Por la Poderosa fuerza de Jesucristo…” Y también lo tiene la propia institución eclesial, dado que una parte de sus feligreses son favorables a la eutanasia. Hay ahí un fallo considerable en la formación espiritual, moral y práctica de sus miembros que debe ser remediada por sus pastores.

Alcémonos por la poderosa fuerza…

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1 Comentario. Dejar nuevo

  • En efecto la institución eclesial tiene su parte, no pequeña, de responsabilidad. La Conferencia Episcopal publica un comunicado o nota dejando claro el pensamiento cristiano acerca de la ley de la eutanasia, como en otro tiempo publicó sólidos documentos sobre las leyes del aborto o sobre las leyes de ideología de género.
    Sin embargo, luego asiste uno a misa y jamás oye en las homilías que esas leyes, máxime para un cristiano, constituyen una auténtica aberración.
    Será porque los sacerdotes tienen reparo a hablar claro para evitar la acusación de que trata en la iglesia temas políticos? Ahí está el error, o la trampa, pues los temas inherentes a la estructura moral de la persona no son políticos.
    O es que los obispos no insisten lo suficiente en que los sacerdotes dediquen minutos de la homilía a enseñar (Iglesia, madre y maestra)?
    O es que hay temor a que algunos fieles dejen de asistir a la Misa porque se han podido sentir molestos por las palabras del sermón? Cuenta el evangelista San Juan que Jesucristo en una ocasión dijo a unos discípulos: «Vosotros también os queréis ir?»

    Los documentos de la Conferencia Episcopal son leídos por un porcentaje ínfimo de la feligresía, más ínfimo si pensamos en la totalidad del pueblo; en este aspecto, hechas las salvedades, carecen de eficacia. Y la voz de la mayor parte de los curas no se oye clamar por el genocidio del aborto asumido o aceptado como algo «normal», por el destrozo brutal de muchas familias a raíz de un divorcio que en bastantes casos podría haberse evitado, por la dinamita a cámara lenta que es la ideología LGTBIQ, por la eutanasia que nos viene, por los mayores liquidados por efecto del rechazo hospitalario en la primera ola de la Covid-19, por el consumo creciente infantil y juvenil de materiales pornográficos, por la extensión que ha adquirido en nuestro país el cultivo y distribución de drogas no permitidas. Etc.

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