África defiende la familia natural frente a los lobbies globalizadores

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La defensa de la familia natural dispone de una nueva referencia política en África. En junio, la cuarta Conferencia Interparlamentaria Africana sobre Familia, Soberanía y Valores, celebrada en Accra, respaldó una Carta que cuestiona la pretensión de presentar determinadas ideologías occidentales como destino obligatorio de todos los pueblos. El Parlamento de Ghana documentó la participación de representantes de veinte países. Para quienes defendemos en Europa el matrimonio, la maternidad y los derechos educativos de los padres, este paso merece atención y tiene consecuencias.

Conviene explicar con precisión su alcance.

Lo aprobado en la conferencia es un marco político que aspira a convertirse en instrumento continental. No equivale a veinte leyes nacionales ni a un tratado de la Unión Africana ya vigente. Sudáfrica ha expresado su desacuerdo. La relevancia reside en la voluntad de coordinar una alternativa y traducirla en decisiones públicas.

Primer compromiso

El primer compromiso es reconocer jurídicamente solo el matrimonio entre un hombre y una mujer y proteger la familia que se funda en él. La Carta vincula esta definición con el reconocimiento de la condición masculina y femenina. Solo dos géneros. Rechaza que la identidad de género se imponga como criterio normativo sobre esa realidad. Este planteamiento recupera el fundamento antropológico de la institución familiar, hoy sometido a una intensa disputa cultural.

Segundo compromiso

El segundo aparece en el artículo 4: revisar las normas y los compromisos existentes para identificar aquellos que los firmantes consideran perjudiciales para la familia. Propone modificarlos, derogarlos o retirarse de los instrumentos correspondientes. Esa revisión comprende disposiciones sobre aborto, prostitución, sexualidad de menores e ideología de género. Constituye una decisión relevante: examinar los efectos familiares de las políticas antes de aceptarlas como progreso incuestionable. Así lo recoge Christian Today.

Tercer compromiso

El tercero consiste en proteger la vida antes del nacimiento, atender conjuntamente a la madre y al hijo cuando surgen emergencias durante el embarazo y promover la adopción cuando la madre no puede asumir su crianza. La defensa de la vida se vincula así con responsabilidades concretas de cuidado. Es uno de los compromisos destacados por The Christian Institute.

En relación con ello, el artículo 7 sostiene que no existe un derecho internacional al aborto. Es la posición del documento.

Cuarto compromiso

El cuarto compromiso protege la capacidad de los padres para orientar la educación de sus hijos. El artículo 6 contempla la elección de escuela y la educación en casa, además de rechazar programas sexuales que considera incompatibles con sus principios. El artículo 4 propone eliminar obstáculos económicos al matrimonio, reconocer socialmente la maternidad y apoyar la formación de los padres. Son propuestas expresas del texto de la Carta.

Quinto compromiso

El quinto es defender la soberanía frente a las condiciones ideológicas asociadas a acuerdos y ayudas. El texto propone revisar compromisos incompatibles con sus principios y coordinar posiciones internacionales. También reclama tiempo suficiente para estudiar lo que se firma. Su artículo 10 plantea un mínimo de 48 horas para examinar nuevos textos de negociación en Naciones Unidas. Este detalle revela una cuestión democrática: aceptar compromisos exige conocer su contenido y poder discutirlo.

La Carta extiende esa soberanía a la economía.

Defiende las semillas autóctonas, los sistemas agrícolas gestionados por agricultores, el control de los recursos naturales y el comercio entre países africanos. Vincula así la autonomía cultural con las condiciones materiales que permiten sostenerla. Una sociedad dependiente para alimentarse, financiarse o educar a sus hijos tiene menos capacidad para resistir presiones exteriores.

La familia natural transmite la vida, crea vínculos duraderos y educa en obligaciones que preceden al contrato. De ella surgen confianza, reciprocidad y responsabilidad entre generaciones. Por eso su debilitamiento afecta al conjunto de la sociedad. Quienes la defendemos tenemos que explicar este bien público y exigir que las instituciones lo reconozcan en sus prioridades.

Para nosotros, la enseñanza principal consiste en convertir las convicciones en organización. En Accra, el diputado Emmanuel Bedzrah reclamó estructuras permanentes para aplicar, supervisar y evaluar los compromisos, junto con una red interparlamentaria. El Parlamento ghanés dejó constancia de esa propuesta. También en Europa necesitamos continuidad, coordinación y resultados verificables.

Frenar la ideología de los lobbies globalizadores exige identificar quién financia los programas, qué contenidos promueven y ante quién responden. La cooperación internacional debe respetar la capacidad de los pueblos para deliberar sobre sus instituciones fundamentales. Presentar toda discrepancia como atraso permite sustraer decisiones políticas al debate público.

Nuestra respuesta debe concretarse en ayudas por hijo, apoyo efectivo a la embarazada vulnerable, vivienda accesible para familias jóvenes y una fiscalidad que reconozca las cargas familiares, proteger la vida del ser humano concebido y no nacido, erradicar el adoctrinamiento ideológico en la escuela, dar a los padres la plena autoridad en relación con la educación de sus hijos y remover toda legislación contraria a la familia.

Es necesario ganar la batalla cultural y política de lo que es el matrimonio y significa el género en el ser humano. Debe incluir libertad educativa, transparencia de las subvenciones y evaluación del impacto familiar de las leyes. Estas son las medidas que propongo para nuestro contexto europeo. Defender la familia natural exige facilitar que pueda formarse, tener hijos y educarlos.

Desde una perspectiva cristiana, esta tarea se sostiene en la dignidad de toda persona, también de quien vive o piensa de otra manera. Accra nos proporciona una referencia para construir políticas que hagan posible ese bien.

La Carta de Accra ofrece una referencia a quienes defendemos la familia natural: convertir las convicciones en políticas, recursos y compromisos verificables. #FamiliaNatural #África Compartir en X

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