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Ahora van a por san Juan Pablo II

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Hace treinta años, treinta, que, desde el área anglosajona, el liberalismo cosmopolita inició un ataque contra la Iglesia católica que todavía se mantiene. Se trata de las denuncias por casos de pederastia de la Iglesia.

Respondían a una realidad, cierto, y por tanto no nos quejamos por ellas, sino por la hipocresía extrema de centrar el foco solo en los miembros de la Iglesia católica, cuando los datos hacen evidente, como muestra la situación en España, que esto responde solo a una ínfima minoría de casos, mientras que el 99% restante abunda en el resto de la sociedad, incluidas instituciones tan importantes como son Naciones Unidas, los Estados miembros, en los ámbitos de la enseñanza, de la educación física, entre otros y especialmente en las propias familias.

Es un gran mal social y se utiliza a la iglesia con un doble fin. Por una parte, es un chivo expiatorio y, concentrando el foco en ella,  se evita abordar el escándalo que significa destapar todo lo que está sucediendo en las instituciones y en la sociedad.

Por otra, desprestigia a la Iglesia a los ojos de propios y extraños ante este horrendo crimen, se la  bloquea y se le hace perder tiempo y esfuerzos, más allá de los necesarios para la reparación y enmienda, a causa de la presión mediática y política. Porque, y esto hay que decirlo, las diferentes conferencias episcopales no han reaccionado en la misma medida de acierto, mostrando una parte de ellas un cierto sentido de culpa, que si bien es lógico que exista, no debería bloquear el sentido de la razón y la justicia. La respuesta eclesial consistía evidentemente en reconocer los daños cometidos, repararlos, adoptar medidas para que no pudieran reiterarse, y todo esto se ha venido haciendo  con un alcance que ninguna otra instancia pública o privada ha hecho, si bien le sirve de poco porque el foco continúa sobre ella.

Pero, hay una segunda parte de la cuestión en la medida, que demasiadas conferencias episcopales no han sabido señalar: que si bien ellos asumían su parte de responsabilidad con plenitud, no pedían a la sociedad y a los gobiernos que actuaran con prontitud y transparencia sobre el conjunto de casos de pederastia que se producen cada día en nuestra sociedad. Una sola cifra lo dice todo, más de 6.000 casos de denuncias por abusos sexuales a menores en un año en España. El cardenal Omella sí lo ha hecho, apuntado con certeza al corazón de la hipocresía.

Recientemente se ha abierto otra oleada que intenta desprestigiar una figura central de la Iglesia católica. San Juan Pablo II se encuentra sometido a un ataque basado en difamaciones puras y duras,  que se mantienen y reiteran por una parte de la opinión mediática, cultural y política. No tienen nada sobre lo que fundamentarse, a diferencia de la pederastia que como mínimo había algo. Puro relato construido desde la alquimia de la moqueta de los despachos.

Todavía hay católicos que, ante este tipo de hechos u otros, como son ofensas deliberadas a los sentimientos religiosos, predican que lo mejor no es hacer nada, porque si se reacciona todavía es peor. No se enteran. No se enteran de que nuestra reacción por fuerte que sea es mucho más pequeña que la maquinaria que han puesto en marcha, o sea que el silencio no evita nada. Pero es que además hablar sirve para dar testimonio de la verdad.

Por eso El diario oficial del Vaticano «L’Osservatore Romano» el día 14 de abril,  tachó de «locura» las acusaciones contra Juan Pablo II de Pietro Orlandi, hermano de una niña vaticana desaparecida en 1983, que aseguró que el entonces papa y ahora santo solía salir por la noche en busca de jóvenes.

“Una locura. Y no lo decimos porque Karol Wojtyla sea un santo o porque haya sido papa. Aunque esta masacre mediática entristece e hiere el corazón de millones de creyentes y no creyentes, la difamación debe ser denunciada porque es indigno tratar así en un país civil a cualquier persona, viva o muerta», lamentó en un artículo el director editorial del Dicasterio para la Comunicación de la Santa Sede, Andrea Tornielli.

El papa Francisco ha hablado, pronto y claro: “Seguro de interpretar los sentimientos de los fieles de todo el mundo, dirijo un pensamiento agradecido a la memoria de San Juan Pablo II, en estos días objeto de acusaciones ofensivas e infundadas”, ha dicho  en su alocución del 16 de abril.

La Presidencia de la Conferencia Episcopal Italiana, en nombre de los obispos italianos, se ha unido este domingo al «pensamiento agradecido a la memoria de San Juan Pablo II, en estos días objeto de ofensivas e infundadas inferencias«, dirigido hoy por el Papa Francisco tras el rezo del «Regina Caeli».

No puede haber medias tintas, en efecto, para definir los recientes ataques a San Juan Pablo II”, escriben los obispos italianos en un comunicado.

Pero es que precisamente antes y en Polonia, un canal de televisión en idioma polaco de propiedad estadounidense, TVN24, emitió un documental que descalificaba a Juan Pablo II por su supuesta negligencia  respecto al abuso sexual de niños por parte de sacerdotes en Polonia durante las décadas de 1960 y 1970. El canal es propiedad de Warner Bros, Discovery, y ha seguido la pauta de los casos de pederastia: lanzar la piedra y a ver qué pasa. Lo ha hecho en Polonia, precisamente cuando se encuentran en el horizonte las elecciones. Pero les ha salido el tiro por la culata porque la reacción popular en contra ha sido tan fuerte que ha reforzado la posición del Partido Ley y Justicia ante la oposición liberal. Pero el discurso sigue ahí. Polonia sirve otra vez de ejemplo: ante la difamación, movilización popular, porque los católicos somos un pueblo.

Precisamente cuando se acerca el 42 aniversario del atentado que intentó termina con su vida, el 13 de Mayo, festividad de la Virgen de Fátima, intentan ahora matar su prestigio.

No puede extrañarnos porque en vida fue el papa que sufrió más atentados, porque afrontó con amor y determinación al mundo:

  1. El primer atentado, apenas conocido, se produjo en la Basílica de Guadalupe, en 1979 en México, donde Fernando Álvarez Tejada iba a colocar una bomba.
  2. 2 octubre 1979 – Mientras Juan Pablo II anuncia en Nueva York un próximo viaje a Brasil, una carta anónima es recibida en la oficina del FBI de Newark para avisar de un hipotético atentado al Papa por las Fuerzas Nacionales de Liberación puertorriqueñas. En un domicilio denunciado se encontró una metralleta y diversa munición.
  3. 16 febrero 1981 – Momentos antes de llegar el Pontífice al estadio de Karachi (Pakistán) se registra una explosión a escasos metros de donde iba a oficiar la misa. El terrorista murió por la deflagración.
  4. 13 mayo 1981- Dos balas disparadas por el turco Ali Mehmet Agca hieren de gravedad al Papa mientras presidía la audiencia general de los miércoles en la plaza de San Pedro.
  5. 12 mayo 1982 – El sacerdote integrista español Juan Fernández Krohn es detenido en el santuario mariano de Fátima (Portugal), tras abalanzarse sobre el Pontífice con una bayoneta.
  6. 2 marzo 1983 – Juan Pablo II inicia un viaje a Centroamérica, gira marcada por las amenazas contra su integridad física, como las lanzadas por los grupos ultraderechistas paramilitares de Guatemala.
  7. 21 mayo 1983 – Un artefacto explosivo destruye la tribuna levantada para su Santidad en un barrio periférico de Milán, donde Juan Pablo II daría una misa al día siguiente.
  8. 25 noviembre 1986 – Un joven de origen irlandés es detenido en Brisbane, capital de Queensland (Australia), con cinco «cócteles molotov» que tenía preparados para atentar contra el Pontífice, mientras realizaba un viaje pastoral a Australia.
  9. 10 septiembre 1990 – La oposición al Gobierno de Costa de Marfil tenía preparado un plan para asesinar este día al Papa en Yamusukro, durante la inauguración de la basílica Nuestra Señora dela Paz, según confirmó el presidente de este país africano, Houphouët Boigny.
  10. 11 enero 1995 – El presidente de Filipinas informa de la detención de dos personas sospechosas de constituir un peligro para la seguridad de Juan Pablo II, que el 11 de enero de 1995 inició un viaje al archipiélago filipino, Papua-Nueva Guinea, Australia y Sri Lanka.

A lo anterior hay que unir alarmas sobre eventuales atentados que, después, se desvelaron infundadas, en la mayor parte de sus 102 viajes y «proclamas» de desconocidos grupos que amenazaban con matarle durante la visita al país. Así ocurrió durante la última visita a Croacia (en junio de 2003), cuando un desconocido grupo islámico amenazó con matarle cuando visitase la zona cercana a Bosnia.

Algunos de sus antecesores también sufrieron atentados, como Pablo VI, que sufrió dos, aunque salió ileso de ambos.

El papa Francisco ha hablado, pronto y claro: Seguro de interpretar los sentimientos de los fieles de todo el mundo, dirijo un pensamiento agradecido a la memoria de San Juan Pablo II, en estos días objeto de acusaciones ofensivas e… Clic para tuitear

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