Las noticias falsas circulan a una velocidad sorprendente: una imagen nos llega como si mostrara a cientos de víctimas de una masacre, cuando en realidad presenta a personas calcinadas en un incendio. Un vídeo afirma que un avión se estrelló contra una presa y provocó una terrible riada, cuando las imágenes corresponden a un acto programado años atrás. Un texto asegura que un importante escritor ha sido secuestrado, cuando en realidad el escritor se ha marchado unos días de vacaciones.
Ante la proliferación de noticias falsas, hace falta una vigilancia continua que permita descartar las informaciones engañosas y evitar, en la medida de lo posible, la difusión viral de mentiras que sorprenden y embaucan a millones de personas.
Los problemas surgen cuando unos y otros denuncian como falsas noticias que podrían ser verdaderas o que, al menos, merecerían un análisis a fondo para identificar su origen y sus posibles elementos de verdad.
Eso suele ocurrir en las guerras, cuando las partes en conflicto denuncian las masacres atribuidas a sus enemigos para desprestigiarlos y, a su vez, los acusan de inventar noticias falsas destinadas a desinformar o incluso a calumniar a sus adversarios.
Pero si se denuncia como falsa una noticia verdadera, ¿cómo puede la gente saber dónde está la verdad y dónde se encuentra la mentira dentro de la “información” que recibe?
Cuando se presenta como falso lo verdadero y, al mismo tiempo, se difunden noticias “verdaderamente falsas”, surge el peligro de empezar a desconfiar de casi todo, como si el torrente informativo estuviera contaminado por falsedades.
No es correcto encogerse de hombros y calificar de falso o, al menos, de sospechoso todo lo que dicen unos u otros. Tampoco lo es suponer que quienes piensan como nosotros dicen la verdad, mientras que quienes tienen ideas diferentes mienten.
Por desgracia, las noticias falsas surgen en todas partes, incluso entre personas a las que consideraríamos serias y honestas. A veces, por las prisas o por malicia, empiezan a difundir una noticia que en realidad es falsa.
Ante este panorama, hay que aprender a actuar con prudencia: no debemos dar por verdadero todo lo que nos llega, ni aceptar automáticamente la denuncia que señala como falso un dato que podría ser verdadero.
Esperamos que el paso del tiempo ponga las cosas en su sitio y permita separar las verdades de las falsedades. Pero, como eso no siempre será posible, confiamos en que muchas personas honestas promuevan un periodismo serio que nos permita avanzar, aunque sea lentamente, hacia verdades que ayuden a comprender mejor el mundo en que vivimos.
Las noticias falsas circulan deprisa, pero también puede ser falsa la acusación de que una información es mentira. La respuesta exige prudencia, análisis y periodismo serio. #Desinformación Compartir en X








