Me gustaría lanzarte una pregunta, ¿Cómo puedo saber si mi alumno se siente querido? ¿Qué indicio me hace saber que voy por el camino correcto?
Me imagino que en algunas ocasiones, alguien te ha dicho si tal profesor es mejor que tú, si es mola más… Este tipo de comentarios hace que en ocasiones, cuando se está con la moral baja, puedas llegar a creértelo.
Seguramente seas el profesor que menos mole porque la relación que tienes con tus alumnos es la de educar aunque seas el malo de la película, corregir cuando es necesario aunque también te estás castigando a ti mismo, etc. Después sales de tu aula y te cruzas con aquel profesor que llegan tus alumnos y le dicen ¡que pasa bro!, hoy nos dejas tiempo libre ¿verdad?
Una vez que te pongo en situación te quiero contar una anécdota que me hizo reflexionar ante todo esto. Un día, un profesor en su clase estaba haciendo una actividad y cuando fue a llamar al «capi» de la clase otro alumno, al que suele corregir le miró poniendo cara si podría hacerlo también. Finalmente, el profesor le dejó y el chico le dio un abrazo mostrándole gratitud.
Parece una tontería pero tantas veces nuestra labor se oscurece cuando corregimos a nuestros alumnos, cuando tenemos que mantenernos firmes a cambio de esa mirada penetrante que te perdona la vida.
Tantas veces pensamos que es más fácil ser colega de nuestros alumnos poniéndonos a la misma altura de ellos diciendo yo soy tu bro, siguiendo el rollo de sus bromas y demás. Pero cuando ellos empiecen a volar, siempre se acordarán de aquel profesor que era estricto pero sabían que les corregía por su bien, cuando les pregunta cómo están, cuando parece que no está y realmente es un satélite que se acuerda de sus problemas, inquietudes y sus ilusiones, que en algún momento te para y pregunta por algo que le confiaste algún tiempo atrás… Sentir que eres especial, único.
Sembrar sin esperar ver lo que vamos a cosechar y seguramente ni lo veremos pero con la certeza que algo de nosotros permanecerá en ellos.









