Mientras la educación se mide cada vez más por su capacidad para generar profesionales competitivos y responder a las demandas del mercado laboral, algunos pensadores advierten de que quizá estemos olvidando una pregunta mucho más importante: qué significa realmente educar.
Precisamente sobre esta cuestión reflexiona el profesor David Luque en Si los libros amaran, un ensayo que recupera la tradición de la llamada «educación liberal» para proponer una visión más amplia y profunda de la enseñanza. Lejos de entender la educación como una mera preparación para el empleo, el autor la concibe como un proceso destinado a desarrollar todas las dimensiones humanas: la inteligencia, la sensibilidad moral, la capacidad estética, la responsabilidad política, la vida emocional e incluso la apertura religiosa.
El libro, publicado por Ediciones Encuentro, parte del pensamiento de san John Henry Newman, una de las figuras intelectuales más importantes del cristianismo contemporáneo, para plantear una reflexión que afecta de lleno a los grandes debates educativos de nuestro tiempo.
El gran defensor de la educación integral
No es casualidad que Newman ocupe un lugar central en esta obra.
Canonizado por la Iglesia y proclamado doctor de la Iglesia en 2025, el pensador inglés dedicó buena parte de su vida a reflexionar sobre la universidad, el conocimiento y la formación humana. Su obra más célebre en este ámbito, The Idea of a University, sigue siendo considerada una referencia imprescindible para comprender el sentido profundo de la educación superior.
Los especialistas sostienen que Newman utilizó la reflexión universitaria como punto de partida para desarrollar una teoría mucho más amplia sobre el conocimiento humano y la formación de la persona.
David Luque recoge ese legado y lo proyecta sobre los desafíos contemporáneos. Su propuesta no se limita a defender una enseñanza humanística frente a una enseñanza técnica. Va mucho más allá. Se pregunta qué tipo de personas estamos formando y qué sociedad estamos construyendo cuando reducimos la educación a criterios exclusivamente económicos o productivos.
El amor a los libros y el amor a la verdad
Uno de los aspectos más sugerentes de la obra es la relación que establece entre educación y amor.
Según explica el autor, la educación liberal no consiste únicamente en acumular conocimientos. Supone aprender a amar aquello que merece ser amado: los libros, la belleza, la verdad, las personas y, finalmente, Dios.
Por eso el ensayo explora la formación intelectual, pero también la moral, la política, la estética, la emocional y la religiosa. Lo hace además dialogando con algunos de los grandes pensadores de los dos últimos siglos, entre ellos Hannah Arendt, George Steiner, Simone Weil, Iris Murdoch, Alasdair MacIntyre, Hans-Georg Gadamer o Martha Nussbaum.
Lejos de presentar una reflexión encerrada en el ámbito académico, el libro intenta responder a problemas muy concretos del presente: la pérdida de referentes culturales compartidos, la fragmentación social, la polarización política o la dificultad para transmitir valores sólidos a las nuevas generaciones.
La literatura como escuela de humanidad
En una época dominada por la inmediatez digital, la defensa de la lectura ocupa un lugar destacado en la obra.
Para Luque, los grandes libros permiten algo que ninguna tecnología puede sustituir: comprender la complejidad de la experiencia humana.
Las novelas, los poemas y los grandes relatos enseñan a mirar el mundo desde perspectivas distintas, ayudan a comprender los conflictos morales y muestran que las decisiones verdaderamente importantes rara vez son simples.
Como señala el propio autor, «las obras literarias permiten observar la dificultad que comporta una elección moral y, por esto mismo, la belleza que reside en decidir humanamente».
La literatura aparece así no como un mero entretenimiento cultural, sino como una herramienta decisiva para formar el juicio, la sensibilidad y el carácter.
Más allá de las recetas emocionales
Otro de los puntos de interés del libro es su aproximación a la llamada educación emocional.
Durante los últimos años se han multiplicado los programas educativos destinados a enseñar a gestionar emociones, mejorar la autoestima o desarrollar habilidades socioemocionales.
Sin embargo, Luque propone una vía diferente.
Frente a ciertas fórmulas psicológicas simplificadas, apuesta por una educación emocional arraigada en la tradición humanista y literaria. No se trata únicamente de aprender técnicas para sentirse mejor, sino de formar el corazón a través del encuentro con la belleza, la verdad y las grandes experiencias humanas transmitidas por la cultura.
La diferencia es importante. Porque mientras algunos modelos educativos buscan simplemente gestionar emociones, la tradición humanista aspira a educarlas.
Una cuestión decisiva para el futuro
Las preguntas que plantea Si los libros amaran trascienden el ámbito escolar.
¿Qué tipo de ciudadanos necesita una democracia sana? ¿Cómo se forman personas capaces de asumir responsabilidades, convivir con quienes piensan distinto y buscar el bien común? ¿Qué papel desempeñan la cultura, la literatura y las humanidades en una sociedad cada vez más tecnológica?
David Luque sostiene que estas cuestiones no pueden responderse únicamente desde la economía o desde la técnica.
La educación tiene una misión más profunda: ayudar a que cada persona llegue a ser plenamente humana.
Por eso su defensa de la educación liberal no constituye una nostalgia del pasado, sino una propuesta para el futuro.
En una sociedad obsesionada con la utilidad inmediata, el rendimiento y la productividad, Si los libros amaran recuerda una verdad elemental que a menudo parece olvidarse: la educación no existe solo para preparar trabajadores más eficientes, sino para formar hombres y mujeres capaces de pensar, amar, juzgar y vivir con plenitud.
Y quizá esa siga siendo la tarea más noble de todas.









