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Elecciones andaluzas. Es la hora del balance real

Editorial


Cuando las personas toman sus decisiones solo en función de la etiqueta política, en una especie de nacionalismo de partido, la sociedad que forman está condenada porque la democracia es sustituida por una de sus perversiones: la partitocracia. Es evidente que las afinidades con las ideas tienen un peso, pero solo son una parte de la ecuación, la otra, y muy decisiva es la de la realidad, lo que se hace y lo que se ha hecho. Esa es la buena vara para medir la política y tomar decisiones.

Andalucía es un caso muy especial, no ya en España, sino a escala europea. Hace cerca de 40 años que gobierna el mismo partido, el PSOE, y eso solo tiene parangón con Baviera y la Unión Social Cristiana (CSU), pero con una diferencia radical. En el transcurso de 60 años aquel Land ha pasado de ser el estado de los católicos campesinos del sur más atrasado que el industrializado norte protestante, a constituir una de las puntas de lanza de la competitiva industria alemana. Siguen amando sus tradiciones, pero nada les ha impedido despegar de una manera ejemplar después de la II Guerra Mundial.

En Andalucía sucede todo lo contrario. Lo que es hoy, es un escaparate de como son las cosas con un gobierno del PSOE de larga duración, y la verdad, a pesar de que han recibido euros constantes, más ayuda per cápita que las que aportó el Plan Marshall en Alemania, la cuestión es que el país andaluz no ha despegado, y se encuentra, en demasiados aspectos, muchos relacionados con la enseñanza, a la cola de España. La respuesta no puede buscarse fuera de Andalucía, porque, además, el gobierno regional ha contado con el soporte de una España gobernada la mayor parte del tiempo por el PSOE.

Este no despegue inveterado de Andalucía constituye un gran desequilibrio para el conjunto de España, y por consiguiente es asimismo una cuestión de estado, porque por extensión y población su peso sobre el conjunto es muy grande. Basta hacer el ejercicio de establecer los valores medios de España en cualquier indicador, renta, productividad, fracaso escolar, absentismo laboral, etc., para observar como mejora la posición relativa española en relación con el contexto europeo

No se trata de culpas, ni de lamentaciones, sino de responsabilidades y claridad en el diagnóstico. En primer término, de los que tienen mayor parte de responsabilidad, los que gobiernan, pero también sobre las exigencias de la sociedad andaluza. Y, en menor medida, pero no por ello excusados, el papel de los partidos de oposición.

Ha llegado el momento de practicar un diagnóstico detallado de la situación de Andalucía, sector por sector, caso por caso, y alcanzar así un diagnóstico global que permita remediar lo que es un gran fracaso institucional. Alguien tenía de decirlo.

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