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Enredados entre varios dioses

“No podéis servir a Dios y al dinero” (Lc 16,13). Jesús es claro. Si uno tiene un amor disuelto, se disolverá su querer. Tarde o temprano. …Y detrás irá él, cada vez más, por decirlo llanamente, deprisa y corriendo, hasta que no quedará más que arenisca de aquella que se lleva la marea al pasar… ¿Acaso no se encienden todas las alarmas cuando un padre a quien su hijo le pide pan, el padre le da una piedra? (Cfr. Lc 11,11). ¡Pues despertad, aletargados! El corazón se pone entero en cada ocasión en que debemos ponerlo, no cabe ir por la vida dando sorbitos a la naranjada de la abuela. O se la ama, o se la desprecia. ¿Se ha visto cosa igual?

Sinceramente, yo lo veo cada mañana y cada tarde, por no decir que solo lo veo cada día. Porque es una manera que estamos todos adoptando la de no poner el corazón de verdad en nada… a menos que se trate de arrasar dando rienda suelta a nuestras emociones más bajas y descuidadas. Eso sí, que no falte liberar instintos al por mayor. ¿Te has fijado cómo va de soplada la gente en el súper? Los pobres dependientes (si es que todavía se mantienen en orden) no dan abasto. Ese que les manda, aquel que les insulta, el otro que lo toca todo, hasta sin haberse puesto desinfectante anticovid. ¡Paraos un poco, por favor, no arraséis, que el mundo es de todos!

La verdad es una, razón por la que el amor lo es todo. Nos lo muestra Jesús en su despliegue de la enseñanza del Padre a través de su Espíritu que escribió la Biblia. Porque Dios es uno (Cfr. Mc 12,29). Los falsos dioses, por el contrario, te sugieren, te insinúan, te amagan, te engañan… y tú, tonto de capirote, te vas metiendo en el barrizal, hasta que picas el anzuelo de la falsa virtud con la que te pavoneas por este mundo de Dios. No escatiman ninguna de las ocasiones que tienen de captar tu atención y enrolarte en su cohorte de un navío que va a la destrucción.

Desengáñate, amigo. Las honras con que te susurra al oído el enemigo mundo son solo neblina que se desvanece con el primer albor. Tanto, que tú no te das ni cuenta, porque ya vives embotado en su discurso halagador de tus libidinosidades ocultas de las que te precias en privado. ¿Y sabes por qué? Vives embaucado por la sugestión de ser alguien, cuando en realidad no eres más que ese soplo que se apaga con la vida al pasar los años. Te lo recuerda la Iglesia cada año el Miércoles de Ceniza: “Recuerda que eres polvo y al polvo has de volver”. Ahí está la grandeza del ser humano: en ser el hijo de Dios. Y Dios es eterno, y viviremos con Él.

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