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Esa tu verdad de lupa y guante blanco

¿Por qué esa moda de revolver en los cajones de otros? ¿Te has encontrado alguna vez con que tu mano derecha se metía donde no le manda nadie para fisgonear al hermano que ya no sabía si podía creer en ti? ¿No ves que así tú mismo te delatas tu propia alevosía y te metes en una hoguera que no se apaga? Coges lupa y buscas y rebuscas, a ver si encuentras lo que solo existe en tu mente alienada, por eso necesitas una lupa de aumentos para constatar que solo ves lo que atesoras con orgullo y deformas con soberbia. Así te quemas tú, hermano del alma, y arrasas con toda tu pléyade de hooligans al servicio de tu cruzada incendiaria, que al fin se quema con todos tus trapicheos. Con el añadido de la difamación, por si fuera poco, contagias a tu alrededor un ambiente cáustico que aniquila todo a su paso. Con palabras del Papa Francisco, toda difamación es un asesinato. ¡Aplícate el cuento!

Así pues, ¿no será que lo habías hecho siempre? ¿Quién puede ya fiarse de ti un mínimo? ¿No demuestras tú mismito con tus obras demoledoras de tu insano juicio, que te has pasado la vida husmeando como el perro que va marcando su pretendido territorio por las esquinas? Sí. ¡Te crees el santo señorito de tu propio burdel, y no eres más que bazofia! Por eso necesitas imponer tu visión enfermiza de la realidad a tu submundo, a las bravas, como si tu hermano necesitado de calor debiera tragarse la quina que vomitas  desde tiempo inmemorial… aquel de cuya bondad abusas con tal de seguir manteniendo el buen nombre de papel de tu ubicuo Imperio de la Maldad, avalado como estás por el Príncipe de la Mentira, Satanás.

¿Imperio? Desierto donde campa la media verdad a sus anchas, con tu brillo de ángel de luz del averno, como si fuera la diáfana claridad del mediodía. “¡Cómo es posible?”, se preguntan los inocentes imberbes a quienes perviertes con tus alucinaciones elucubradas en tu noche incendiaria, y ellos tragan admirados ante tu tan soberana inteligencia artificial con que dominas tu espacio virtual 5G, anticipando en modo inmersivo la tecnología del metaverso donde quien posee los datos ostenta el poder. ¿No será eso el fin de la libertad… hasta para ti, amigo del alma? ¡Te estás atando a Satán!

Por consiguiente, y llegados a este punto, tu verdad solo se sostiene por virtud del encanto de la imagen de “espejo-espejito mágico” de la feria del inhóspito pueblo sometido que se corrompe en tu alma corrupta. Te advierto, hermano-hermanito del alma: o abandonas tus prácticas diabólicas, o acabarás por asolar el mundo ese que te enorgullece, pero que se sostiene solo por tus intentos de disimular tu propia locura. ¡Ahí va! ¡Alerta de virus metastásico! La hoguera que has encendido, ahora quema ya las entrañas de toda tu casa y abrasa todo tu mundo. Ese fuego que tú mismo estás atizando para que arda con el descontrol que solo tú puedes parar reconociendo la pifia de tu error. ¿De verdad no estás todavía en disposición de extinguirlo? Recapacita, lávate los ojos y advierte de una vez que con ese fuego arden todos tus sueños, donde ya nada se tiene en pie y donde todo oscurece. Ahora, con tu orgullo estás contagiando con tu propia sangre a tu retoño del alma, que crece ya torcido por ser tu mismo esqueje. ¿Seguirás, orgulloso, atizándole al fuelle hasta que contigo acabe?

Estás avisado. O rectificas y reparas, o cuando se te acabe el aire en tu mundo ignoto, en el otro serás tú quien arderá con tu propia luz, sí, pero de fuego inextinguible. ¿Quieres caer en él? Quítate los guantes (esos guantes tan  “blancos” de los que te enorgulleces ante tu audiencia descreída), y así se verán tus manos (esos tentáculos que ahora escondes por vergüenza de confrontarte con ti mismo). ¿O es que ya has cogido miedo a la Verdad, y no te atreves a mostrarlas por falta de jabón?

Sí. Si por Pascua (precepto divino) aún no te has atrevido a sacarte la máscara y alucinando sigues soñando despierto, Dios, tu Padre, te ofrece en el siguiente domingo su Octava: la Fiesta de la Divina Misericordia. Él te espera paciente para acogerte a confesar tu pecado. Si acudes a la cita, sabrás lo que es vivir feliz con la propia culpa enmendada, esa que con tus guantes blancos y con tu lupa empañada en sangre, ahora te ahoga inmisericorde. Quien avisa no es traidor, y Dios te viene avisando hace ya tanto. Eres libre. Por eso, Él no quiere perderte, pero si insistes, te perderás tú. ¡Ojo al dato!

O rectificas y reparas, o cuando se te acabe el aire en tu mundo ignoto, en el otro serás tú quien arderá con tu propia luz, sí, pero de fuego inextinguible Clic para tuitear

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