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España tiene nueve nuevos beatos

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El Papa Francisco ha recordado este domingo, 10 de marzo, tras el rezo del Ángelus en Roma a los ocho beatos seminaristas que fueron proclamados en Oviedo el sábado.

Han sido los seminaristas Ángel Cuartas y ocho compañeros mártires, quienes fueron asesinados por odio contra la fe en el tiempo de la persecución religiosa en España coincidente con la Guerra Civil Española quienes han sido elevados a los altares.

“Estos jóvenes aspirantes al sacerdocio amaron tanto al Señor que lo siguieron en el camino de la Cruz -ha afirmado el Papa-. Que su testimonio heroico ayude a los seminaristas, a los sacerdotes y a obispos a permanecer límpidos y generosos, para servir fielmente al Señor y al pueblo santo de Dios”.

Al ser seminaristas, todos muy jóvenes, que prefirieron morir antes que esconderse por ser perseguidos a causa de su fe, ofrecieron su vida a Jesucristo. Y lo hicieron hasta el último sacrificio. Una opción de fidelidad a Cristo «que debe ser una enseñanza a todos los sacerdotes para que tomen en serio su llamada», tal como lo subrayó el Cardenal Angelo Becciu, Prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos en su homilía pronunciada en la Catedral de Oviedo.

Francisco: «con el diablo no se dialoga»

Asimismo, al comentar el Evangelio para este Primer Domingo de Cuaresma, en el que San Lucas nos habla de la experiencia de las tentaciones de Jesús en el desierto, el Papa Francisco comenzó recordando que el Señor es tentado tres veces por el diablo.

Del mismo modo, el obispo de Roma explicó los tres caminos que el mundo siempre propone prometiendo grandes éxitos: la avidez de la posesión, la gloria humana y la instrumentalización de Dios, tal como el diablo hizo al tentar a Jesús en el desierto.

«Primero lo invita a transformar una piedra en pan, después le muestra desde lo alto los reinos de la tierra diciéndole que podría convertirse en un poderoso y glorioso mesías y, finalmente, lo conduce al punto más alto del templo de Jerusalén desde donde lo invita a tirarse para manifestar, de modo espectacular, su poder divino», afirma Francisco.

«Del camino de la avidez afirmó que es siempre la lógica insidiosa del demonio para impulsarnos a creer que todo es posible sin Dios, e incluso yendo contra Él. Del camino de la gloria humana», según el Papa, que afirma que «el intento es perder toda dignidad personal, dejarse corromper por los ídolos del dinero, del éxito y del poder, para alcanzar la propia autoafirmación, lo que conduce a gustar de una alegría vacía que pronto se desvanece. Y del hecho de instrumentalizar a Dios en beneficio propio explicó que es ese buscar un milagro sorprendente».

 

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