Lo de las oposiciones docentes

COMPARTIR EN REDES

El elevado número de suspensos en las oposiciones docentes de las distintas comunidades autónomas nos está dejando una serie de titulares que, por fin, muestran con más verdad la realidad del sistema educativo. Ahí ya no ha llegado el maquillaje.

Aunque es preocupante que aquellos que se dedican, o tienen intención de hacerlo, a enseñar a nuestros niños y jóvenes presenten las carencias de conocimiento que han salido a la luz estos días, he de decir en su descargo que esto no es algo exclusivo de los docentes.

Hay quien se sorprende de que hayan titulado, incluso con buenas notas, en Bachillerato y en la universidad, pero esto es otra muestra más de la manga ancha impuesta a los docentes en dichas etapas. Y digo que no es exclusivo, porque esas mismas carencias las tienen el resto de titulados, del ámbito que sea, que han pasado por el sistema educativo con las mismas condiciones que los opositores docentes. Simplemente, no se ha dado la ocasión de constatarlo con la evidencia de un examen de oposición en el que haya sido preciso redactar, como es el caso. 

Vamos a fijarnos solamente en aquellos suspensos que han hecho el examen, ya que hay bastantes que, por motivos varios, o no se han presentado o lo han hecho sin realizar el examen. Miembros de distintos tribunales explican que en las correcciones se ha detectado preparación insuficiente, así como errores ortotipográficos, de sintaxis y de comprensión lectora. No solo de ortografía, que es a lo que parece querer reducirse el tema a la vista de algunas reclamaciones, como si eso en sí mismo no fuera ya relevante. Un alumno que titula en 4º de la ESO debería hacerlo con una ortografía sólida. Y en las oposiciones docentes no estamos hablando de adolescentes de Secundaria.

Hay errores ortográficos que pueden responder a despistes, efectivamente, o ser fruto de los nervios o tensión de un examen; sin embargo, que alguien escriba reiteradamente “glovo” en lugar de “globo”, como explican correctores que ha ocurrido, habla de algo más que de despiste. Asimismo, escribir “surga” en lugar de “surja” revela una asociación de grafema y fonema bastante débil cuando menos, asociación que se empieza a trabajar en Infantil y debería estar más que afianzada ordinariamente al terminar la etapa de Primaria.

Si analizamos brevemente el resto de causas de los suspensos alegadas por los tribunales, la preparación insuficiente no necesita mayor explicación. Sin embargo, sí me gustaría detenerme en los errores sintácticos y de comprensión lectora. Estos errores denotan carencias notables en el pensamiento complejo.

Si bien es cierto que las palabras no son la única manera en la que podemos pensar las personas, pues es posible hacerlo a través de imágenes o de sensaciones, para pensar de manera compleja sí son imprescindibles, pues es con ellas con las que construimos textos, articulando, estructurando y jerarquizando nuestros pensamientos. Y lo mismo nos permite entender e interpretar los textos ajenos.

Es decir, es necesario el conocimiento sólido y rico del léxico y la sintaxis para comprender y pensar de manera profunda.

Por otro lado, hay estudios que demuestran que la comprensión lectora está estrechamente relacionada con la capacidad de generar pensamiento crítico y reflexivo, que, junto con la creatividad, son los máximos exponentes del pensamiento complejo¹.

Dicho de otra forma, las carencias en comprensión lectora reflejan una capacidad crítica y reflexiva mermada, una incapacidad para pensar de forma compleja, con los riesgos que esto comporta.

Vemos, pues, que la cuestión tiene mucho más calado del que reflejan los titulares de estos días. No resulta sencillo apuntar las causas, dada la dificultad del problema y que es algo que viene fraguándose desde hace varias décadas. Sin embargo, podemos anotar varias que, a nuestro parecer, están en la raíz del mismo, aunque no sean las únicas.

Decíamos hace unas semanas que el éxito de un sistema educativo está cifrado en gran medida en el valor que se le da al conocimiento. Y hablábamos de que, aunque nadie con sentido común desprecia abiertamente el conocimiento, sí hay posturas y posicionamientos que lo arrinconan.

El desequilibrio entre el saber hacer y el saber que comentábamos, decantado hacia lo primero, da lugar a conocimientos demasiado débiles o escasos, insuficientes, en cualquier caso, para sustentar el pensamiento crítico y reflexivo. Aunque, en realidad, la vulgarización de los contenidos viene de largo. Ya con la LOGSE, por ejemplo, el sistema educativo sufrió un cambio cualitativo y cuantitativo en cuanto a los contenidos, y no para bien. Este empobrecimiento ha supuesto un descenso del nivel educativo generación tras generación, del que muchos docentes llevan alertando desde hace años, con escasa repercusión y sin respaldo en la exigencia y el empeño por paliar las carencias del sistema. Esas generaciones han llegado, no solo a titular en la universidad y a superar oposiciones, sino que se encuentran ya en el mercado laboral desde hace tiempo.

La asunción acrítica por parte de algunos docentes o centros de innovaciones pedagógicas sin evidencias positivas de ningún tipo tampoco ayuda a darle la importancia que merece al conocimiento. Ni lo hace la propuesta legal de promoción del alumnado a pesar de avanzar con materias pendientes y lagunas cognitivas cada vez más extensas, en una absurda huida hacia adelante.

La solicitud de estos días por parte de los interesados, de los sindicatos o de las familias —esto da para otra conversación, aunque aquí ya apuntamos algo— de que las pruebas a las oposiciones docentes sean más objetivas, entendiendo por objetivas la sustitución del desarrollo escrito de un tema por preguntas tipo test, como en otras especialidades, que hagan más ágil la corrección y eviten la “subjetividad” del tribunal, es una muestra también del valor que se le da como sociedad al conocimiento. ¿La solución es igualar por abajo? Hemos visto que el problema es profundo. ¿No sería mejor como sociedad promover el pensamiento complejo como parte de la promoción de la persona? Tal vez no haya que cambiar las oposiciones docentes, sino aquellas que miden el conocimiento simplemente con un test, por cómodo y objetivo que sea.

Respecto a los errores en la comprensión lectora y en el uso de la lengua, una de las causas principales que los propicia es la falta de lectura, más allá de lo que digan las encuestas. Como hemos visto, la comprensión lectora está relacionada directamente con la capacidad para el pensamiento complejo, que expresamos con palabras. La lectura potencia los procesos de pensamiento. Si se leyera lo suficiente o se leyera con una comprensión profunda, no se darían unos resultados deficitarios —más o menos evidentes según el ámbito de las personas— tan generalizados.

Por otro lado, nuestra atención se encuentra secuestrada por las pantallas. Ello implica que hablamos menos, que leemos de forma mucho más superficial y que vivimos inmersos en la dictadura de la imagen y la velocidad, con el consiguiente empobrecimiento de nuestros procesos cognitivos. Sin atención y pausa no hay criterio ni reflexión profunda, lo cual dificulta la expresión de uno mismo y la comprensión del otro (reflejadas en los textos orales y escritos).

Y un último apunte: la llegada y toma de posesión —en mayor o menor medida— de nuestro día a día por parte de la inteligencia artificial nos está permitiendo obtener respuestas que no hemos pensado. Tenemos información sin necesidad de investigar, reflexionar, cribar, procesar, integrar… Y la asumimos con un espíritu crítico más que cuestionable, si es que se da.

Esto también destruye por anquilosamiento nuestros procesos cognitivos, que se quedan en la superficie, cada vez más alejados del pensamiento complejo, lo cual, inevitablemente, queda reflejado, de nuevo, en la manera de expresarnos y de comprender.

Infravaloración del conocimiento, falta de lectura, atención secuestrada, inteligencia que nos sustituye… Vemos, pues, que el problema va mucho más allá de unas “simples” faltas de ortografía, de la subjetividad de los tribunales o, incluso, de las oposiciones docentes. Y es que el problema es antropológico, pues confluyen en él aspectos biológicos, culturales y sociales, aunque en los titulares no se lea así.

Ojalá sirva esto de revulsivo social para que, con este baño de realidad, pongamos cada uno de nuestra parte para recuperar algo tan humano como la capacidad de pensar de manera crítica, reflexiva y creativa y de expresarnos, así, con riqueza y acierto.

El elevado número de suspensos en las oposiciones docentes de las distintas comunidades autónomas nos está dejando una serie de titulares que, por fin, muestran con más verdad la realidad del sistema educativo. Compartir en X
(1) Bueno, Forés y Ruiz Bueno (2023). La lectura en voz alta. Sus beneficios. Octaedro Educación.

¿Te ha gustado el artículo?

Ayúdanos con 1€ para seguir haciendo noticias como esta

Donar 1€
NOTICIAS RELACIONADAS

1 comentario. Dejar nuevo

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Rellena este campo
Rellena este campo
Por favor, introduce una dirección de correo electrónico válida.

El periodo de verificación de reCAPTCHA ha caducado. Por favor, recarga la página.