Los padres del niño de la foto viral con León XIV: “Nosotros buscábamos unas entradas. El Señor tenía preparado algo muy distinto”

Familia

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Detrás de esta fotografía tomada por el prestigioso fotógrafo Emilio Morenatti hay una historia de fe, familia, oración, gratitud y devoción a Antoni Gaudí. Ignacio y Montse, nacidos en Barcelona, casados desde hace doce años y padres de cinco hijos, relatan cómo vivieron aquel encuentro inesperado en Barcelona, durante la visita del Papa.

¿Cómo vivisteis como familia la noticia de que el Papa León XIV iba a estar en Barcelona?

La verdad es que, meses antes, ya se murmuraba que el acto iba a ser especial: la inauguración de la Cruz de Jesucristo como pieza clave y cúspide de esta obra maravillosa de Antoni Gaudí que es la Sagrada Familia. No podía ser de otra manera que con la bendición e inauguración del Santo Padre, tal y como hizo Benedicto XVI en 2010, cuando se cerró la nave de la Basílica. Nosotros también asistimos entonces a aquella bendición.

Vivimos todo esto con muchísima esperanza y con la ilusión de saber que, durante generaciones, el pueblo cristiano ha ido contribuyendo a su construcción, con un esmerado y fiel seguimiento de las directrices marcadas por el venerable Antoni Gaudí.

La Sagrada Familia es una pieza clave en el centro de la ciudad para el apostolado al mundo entero.

Se percibe vuestra devoción a Gaudí. ¿Qué significó para vosotros esa espera y esa oración?

La devoción a Antoni Gaudí nos viene transmitida de generaciones anteriores. Al final, somos una familia de Barcelona, con antepasados contemporáneos de Gaudí y personas que contribuyeron con ayudas a los inicios y a la difícil construcción de la Sagrada Familia.

Siempre ha habido mucha controversia respecto a la Sagrada Familia y muchos detractores, pero también un pueblo fiel, cristiano y catalán, que ha defendido su esencia como templo expiatorio.

Dentro de todas las obras de Gaudí, la Sagrada Familia es la más relevante; en el fondo, es su obra magnífica. Y es también la que más apostolado está dando al mundo entero, porque, por ejemplo, los retablos están en el exterior, en las fachadas, para dar a conocer al mundo la historia del Evangelio y las verdades de la fe cristiana.

La devoción nos fue transmitida desde pequeños. Este año, en el centenario de la muerte del venerable Antoni Gaudí, quisimos poner a nuestro hijo pequeño, nacido en marzo, el nombre de Antoni, en honor a él, en un año tan especial, en el que se inauguraba la Torre de Jesucristo de la Sagrada Familia.

Con la venida del Papa, teníamos la gran ilusión de poder asistir a estos actos, estar cerca del Santo Padre y transmitir a nuestros hijos la fe, la alegría y la cercanía a lo que es el Papa.

Por eso rezamos una novena que cogimos en la cripta de la Basílica, donde está enterrado Antoni Gaudí.

Empezamos a rezarla meses antes para poder vivir de cerca la visita del Papa y tener la oportunidad de asistir a alguno de los actos importantes del Santo Padre en Barcelona.

¿Qué lugar ocupa para vosotros Antoni Gaudí en esta historia y por qué habláis de este momento como un regalo de Dios?

Para nosotros fue un regalo de Dios desde el inicio.

Era muy difícil conseguir entradas y, después de rezar la novena a Antoni Gaudí, pudimos conseguir siete entradas: una para cada uno. Pudimos ir con nuestros cinco hijos.

Además, también pudimos estar acompañados de primos, tíos y otros familiares. Para nosotros, aquello ya fue una gran intercesión.

Lo totalmente inesperado fue lo que ocurrió allí. Estábamos en las gradas y no teníamos intención de acercar a Toni, el bebé, al Santo Padre, porque él iba a pasar por la pista y nosotros estábamos arriba.

Entonces nos llamaron desde la pista unos guardias de seguridad. Bajé yo, Montse, con el bebé y allí me dijeron: “Ahora, cuando pase el Santo Padre, acercaos, que le daremos al bebé para que lo bendiga”.

Nos pusimos muy contentos ante ese regalo inesperado. Además, tenían acento italiano y los reconocimos como los guardias que acompañan al Papa en el Papamóvil. Pasamos aquella hora esperando el momento y, cuando llegó, bajamos todos a pie de pista para que bendijera a Toni. Así fue: nada más pasar el Papamóvil, se detuvo y se lo dieron al Papa para que lo bendijera.  

Nos impresionó mucho ver cómo trabajaba el servicio de seguridad del Papa hacen de manera excelente su labor, con una entrega admirable. Aun cansados, después de tantas horas de servicio, sonreían y trataban a los niños con muchísimo cariño, con una delicadeza familiar. 

Después ocurrió algo que nadie esperaba. Joaquim estaba junto a la valla sonriendo. Uno de los miembros de seguridad le cogió de la mano y se lo llevó andando hacia el Papa. Joaquim fue con total tranquilidad. No tenía miedo. No estaba nervioso. Simplemente caminó hacia él.

 Entonces se produjo el encuentro que quedó recogido en la fotografía de Emilio Morenatti.

Al mirar la fotografía seguimos viendo lo mismo. Vemos a Joaquim mirando al Santo Padre y vemos al Santo Padre mirando a Joaquim.

Lo que hace especial la imagen es precisamente esa mirada.

Durante unos segundos parece que todo lo demás desaparece. No vemos un estadio lleno de gente. No vemos miles de personas. Vemos a un niño y al Papa mirándose.

Joaquim estaba exactamente donde quería estar. Con alegría, con paz y con una naturalidad que nos sigue impresionando cuando vemos la fotografía.

 El Santo Padre le tomó de las manos y de los brazos. Fue un encuentro breve, pero muy cercano.

Después llegó también Miquel. Su padre le animó a acercarse y caminó hacia el Papamóvil. También recibió la bendición del Santo Padre. También sonrió. También volvió feliz.

Aquella tarde tres de nuestros hijos recibieron la bendición del Papa León XIV: Toni, Joaquim y Miquel. Además, Joaquim y Miquel recibieron un rosario cada uno.

 Uno de los recuerdos más vivos que conservamos es la vuelta de Joaquim a su sitio. Regresó caminando hacia nosotros con una mano en el cuello, sonriendo, con los ojos brillantes y sin poder hablar. Estaba emocionado y no encontraba palabras para explicar lo que acababa de vivir.

Martí había seguido toda la escena y también tenía los ojos brillantes. Había visto cómo sus hermanos se acercaba al Santo Padre y cómo Joaquim volvía completamente emocionado.

A nuestro alrededor estaban los hermanos, los padres, los tíos, los primos y toda la familia. Todos habíamos vivido el momento juntos.

Al salir del acto, Joaquim envió un mensaje de voz a una prima a la que quiere muchísimo. Lo primero que le dijo fue que había abrazado al Papa.

En realidad no hubo un abrazo. El Santo Padre le cogió de las manos y de los brazos. Pero esa fue exactamente la sensación que Joaquim se llevó consigo. No fue algo que dijera días después. Fue lo primero que explicó al salir. Para él, aquello había sido un abrazo.

 Después comenzó algo que tampoco esperábamos.

¿Cómo recordáis el momento exacto en que vuestro hijo Joaquim de 7 años se encontró con el Papa y León XIV le sostuvo las manos?

Hay una escena muy bonita que se vio en la retransmisión: el Papa, al ver que Joaquim llegaba caminando, a diferencia de otros niños, abre los brazos, abre los ojos, abre la boca y sonríe como sorprendido ante aquel niño que se acerca.

El guardia de seguridad lo levantó y lo puso a la altura de sus ojos. Entonces el secretario del Papa le dio un rosario y se lo entregó a Joaquim en la mano. Los dos estaban sonrientes y agradecidos. Fue después de la entrega del rosario cuando ambos se miraron, y Joaquim nos dijo que el Papa verbalizó lo que es la bendición.

En ese preciso instante, Emilio Morenatti hizo la captura de esa excelente foto que ha dado la vuelta al mundo. En ella se ve la belleza de dos personas con el corazón limpio: cómo se miran, cómo transmiten, cómo se quieren, con una confianza plena. 

Era como si conociera al Papa de toda la vida y estuviera en un remanso de tranquilidad y de paz. Cuando el guardia de seguridad del Vaticano giró con el niño en brazos, Joaquim nos miró con una sonrisa radiante. Se acercó hacia donde estaba la valla con la mano en el cuello.

¿Qué os dijo Joaquim después de ese encuentro? ¿Cómo lo vivió él desde sus siete años?

Después de que bendijeran a los tres niños, volvimos a nuestro sitio en las gradas. Toda la familia nos acogió. Incluso tocaban a los niños y les besaban.

Hay vídeos grabados muy bonitos en los que se visualiza esa bondad y esa felicidad por parte de Joaquim y de toda la familia. Joaquim dijo: “Mamá, no me salían las palabras”.

El fotógrafo os buscaba a vosotros y vosotros intentabais encontrarle a él. ¿Cómo fue ese cruce de búsquedas y el primer contacto con Emilio Morenatti?

Esa misma noche recibimos una fotografía de un recorte de La Vanguardia en el que habían publicado la imagen de nuestro hijo con el Papa. Nos quedamos impactados porque era muy bonita, pero, con todo el trajín de llegar a casa, el cansancio y los niños, lo dejamos para el día siguiente.

Sí que la pusimos en el estado de WhatsApp. Entonces mucha gente empezó a contestarnos que la foto era preciosa, que les encantaba, que se habían emocionado, que les transmitía muchísima belleza.

Por la noche volvimos a buscar si había algún fotógrafo que hubiera hecho esa fotografía. Encontramos un diario digital donde salía su nombre, Emilio Morenatti, y desde allí empezamos a ver cómo podíamos contactar con él. Fue entonces cuando, con la ayuda de ChatGPT, luego por Instagram y después a través de la empresa donde trabaja, intentamos contactar con él.

Al día siguiente empezaron a llegarnos también notificaciones de amigos que nos decían que él nos estaba buscando. Nosotros, a la vez, pudimos contestarle por Instagram en la foto que él había colgado, diciendo que éramos los padres del niño.

El fotógrafo nos explicó que se había emocionado al hacer la fotografía y que quiso buscarnos para regalárnosla. Por eso compartió en X una publicación pidiendo ayuda para localizarnos, que llegó a obtener 9.000 retuits y más de 840.000 reproducciones.

La gente se volcó en redes para encontrarnos y compartir la fotografía. También gracias a The Associated Press, la imagen fue conocida en todo el mundo. 

Así fue como nos encontramos. Es una persona maravillosa. Estamos encantados de su generosidad y de que haya tenido esta iniciativa de querernos regalar la foto. También admiramos el gran regalo que nos hizo un profesional que ha ganado dos premios Pulitzer, es muy bueno. Él fue quien hizo esa fotografía de nuestro hijo, y nosotros lo relacionamos también con Gaudí.

Después de toda nuestra petición inicial de pedirle a Gaudí esta gracia de poder estar con el Santo Padre, es como si no solo hubiera ocurrido que bendijera a tres hijos, que el guardia de seguridad dijera que a ese niño lo tenía que bendecir, que el Papa los bendijera, que les regalara rosarios y que todo fuera tan tranquilo. El culmen fue que la fotografía diera la vuelta al mundo y que fuera excepcionalmente bonita.

Igual que Gaudí era el mejor en lo suyo, este fotógrafo es el mejor en lo suyo. Es una persona especializada en fotoperiodismo, y sus fotos transmiten algo y explican una historia. Por eso nos sorprendió mucho que, en aquella llamada tan bonita que tuvimos al día siguiente, él nos dijera que buscaba la historia de esa foto. Y a nosotros nos conmovió el hecho de que sí teníamos una historia que contar.

¿Dónde queréis colocar la fotografía en casa y qué os gustaría que significara para vuestros hijos con el paso de los años?

Aún tenemos que quedar con el fotógrafo, Emilio Morenatti, para la entrega de la fotografía. Según cómo sea el tamaño o el impreso, veremos en qué lugar de la casa la colocamos.

Lo que está claro es que será un lugar destacado y relevante. Estará siempre con nosotros como este gran recuerdo y pasará a las siguientes generaciones como esta historia que el Señor nos ha regalado y nos ha permitido vivir.

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