La vida que se nos escapa mientras tenemos prisa

Familia

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Nunca habíamos tenido la sensación de que nos faltara tanto el tiempo.

Hemos inventado máquinas que trabajan por nosotros, aplicaciones que organizan nuestra existencia y dispositivos que nos permiten resolver en segundos lo que antes exigía horas. Podemos comunicarnos instantáneamente con alguien que está al otro lado del mundo, comprar sin salir de casa y acceder a prácticamente cualquier información con un movimiento del dedo.

Y, pese a todo, vivimos apresurados y con la ansiedad en el cogote.

Corremos para llegar al trabajo, para recoger a los niños, para responder mensajes, para terminar tareas, comemos deprisa, escuchamos a whatssap a 2x y descansamos con la incómoda sensación de estar perdiendo el tiempo.

Tenemos tiempo para hacer cada vez más cosas, pero parece que nos queda cada vez menos para vivirlas.

La enfermedad de vivir permanentemente ocupados

La ocupación permanente se ha convertido en una forma de reconocimiento social. Estar desbordado parece conferir importancia.

De este modo una agenda saturada se exhibe como prueba de una existencia valiosa, mientras que disponer de tiempo puede interpretarse casi como una sospecha de inutilidad.

Hemos llegado a identificar la fecundidad con la productividad.

El filósofo surcoreano Byung-Chul Han ha descrito nuestra época como una sociedad del rendimiento, en la que el hombre ha interiorizado hasta tal punto la exigencia de producir que termina explotándose a sí mismo. Ya no necesitamos que alguien nos obligue a correr. Nos hemos convertido en nuestros propios capataces.

Pero lo peor es que hemos desarrollado una formidable capacidad para estar entretenidos y una preocupante incapacidad para estar a solas con nosotros mismos.

El arte de contemplar

Durante siglos, el pensamiento occidental entendió que el hombre no había nacido exclusivamente para producir. La contemplación, el descanso, la belleza y la gratuidad no eran actividades marginales, sino dimensiones esenciales de una existencia propiamente humana.

Josef Pieper, en su célebre ensayo El ocio y la vida intelectual, recuperaba precisamente esto:

el auténtico ocio no es simple inactividad, sino una disposición del espíritu que nos permite acoger la realidad sin necesidad de convertirla inmediatamente en algo útil.

Contemplar significa reconocer que existen cosas cuyo valor no depende de lo que podamos obtener de ellas.

La respuesta de Cristo atraviesa los siglos con una actualidad desconcertante: «Marta, Marta, andas inquieta y preocupada con muchas cosas; solo una es necesaria».

El problema no está en hacer muchas cosas, sino en olvidar lo único verdaderamente necesario.

Nuestra sociedad está poblada de Martas agotadas. Hombres y mujeres que trabajan, organizan, resuelven, planifican y se esfuerzan sinceramente por cumplir sus responsabilidades, pero que apenas encuentran tiempo para levantar la mirada.

Y lo más trágico es que muchas veces corremos precisamente por amor a quienes después no tenemos tiempo de amar.

Trabajamos para proporcionar una vida mejor a nuestros hijos, mientras nos perdemos su infancia. Acumulamos medios y descuidamos los fines.

El cristianismo no propone una existencia sin esfuerzo, sino una vida orientada por el amor. Y amar exige, en ocasiones, correr, desvelarse, trabajar hasta el agotamiento y renunciar al propio descanso.

La cuestión, por tanto, no es hacer menos, sino distinguir lo esencial de lo accesorio. No consiste en eliminar el sacrificio, sino en recuperar su sentido.

Recuperar el tiempo para lo eterno

La mayor pobreza de nuestra época no es la falta de tiempo, sino la pérdida de nuestra capacidad de reconocer lo que merece o no nuestro tiempo.

La vida no se nos escapa porque pase demasiado deprisa. Se nos escapa cuando dejamos de estar presentes en ella.

Por tanto, ayudémonos a descubrir que no hemos venido al mundo para hacerlo todo, sino para aprender a amar aquello que verdaderamente importa.

La vida no se nos escapa porque pase demasiado deprisa. Se nos escapa cuando dejamos de estar presentes en ella. Compartir en X

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