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Las cápsulas del monje enclaustrado (8)

Quien de veras quiere serenar, complacer, iluminar o alegrar, es decir, servir al prójimo, se presenta discreto y se queda detrás de la lucecita que acaso proyecte.

Quien pretende deslumbrar quiere apabullar, imponerse, atraer y ser valorado -incluso presentándose como víctima-. El o ella son los luminosos, los magníficos.

Lo primero es generosidad, amor, y viene de la Luz que es Dios. Lo segundo es exhibicionismo pretencioso y espíritu de dominación, o de mentira; y esto viene del padre de las tinieblas que es el diablo.

No hay opción intermedia ni versión «light» del Bien y del Mal.

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