Antes de partir hacia Barcelona para continuar su viaje apostólico por España, el papa León XIV quiso dedicar su último encuentro en Madrid a quienes han sostenido, desde la discreción y el servicio, cada uno de los actos de su visita: los voluntarios.
El pabellón 3 de IFEMA se convirtió en la mañana del lunes en una auténtica fiesta de gratitud y comunión. Allí se congregaron cerca de 17.000 voluntarios —jóvenes, familias, estudiantes, jubilados y profesionales— que durante meses han trabajado para hacer posible la acogida del Santo Padre y de miles de peregrinos llegados de distintos puntos de España y del mundo.
En un ambiente de alegría, marcado por la oración de la Liturgia de las Horas y diversas actuaciones musicales, León XIV fue recibido con largos aplausos y vivas de agradecimiento. El Pontífice quiso que este encuentro fuera el broche final de su estancia en la capital, reconociendo públicamente una labor que, aunque muchas veces ha permanecido oculta, ha sido esencial para el éxito pastoral de la visita.
Un «ejército silencioso» al servicio de la Iglesia
Durante el acto, varios voluntarios compartieron sus testimonios. Mercedes Rodríguez definió estos meses de preparación como una auténtica «escuela de humildad» y recordó que todo servicio en la Iglesia es una respuesta agradecida al don recibido de Cristo.
«Lo que doy a la Iglesia no es más que una ínfima restitución del don que se me ha dado: Cristo», expresó emocionada.
Por su parte, Nuño Adam Castrillo, responsable del desarrollo de la plataforma digital de voluntarios, explicó que asumió esta tarea como una vocación y no simplemente como un proyecto técnico.
«Ser cristiano es seguir a Cristo, y el Papa es su vicario en la Tierra», afirmó antes de agradecer al Santo Padre su presencia y cercanía.
Las intervenciones reflejaron el espíritu que ha caracterizado a miles de hombres y mujeres que han dedicado tiempo, esfuerzo y talento para que cada celebración, encuentro y desplazamiento se desarrollara con orden y hospitalidad.
La gratuidad que transforma una ciudad
En su discurso, León XIV manifestó su alegría por concluir la etapa madrileña de su viaje precisamente junto a quienes han hecho posible, desde el anonimato, tantos momentos de gracia.
Me alegra mucho que mi último encuentro de la etapa madrileña de este viaje apostólico sea con vosotros», afirmó.
El Papa destacó la rápida y generosa respuesta de los voluntarios desde el inicio de la convocatoria, subrayando que su disponibilidad superó ampliamente las necesidades previstas. Pero fue más allá de un simple agradecimiento organizativo. Su reflexión se centró en el valor profundamente evangélico de la gratuidad.
En un mundo continuamente influenciado por la lógica del interés y del lucro, donde el término crecimiento se reduce tantas veces a la dimensión económico-financiera, vuestra entrega es un testimonio precioso», señaló.
Para León XIV, la gratuidad constituye una auténtica fuerza transformadora capaz de elevar la calidad humana, ética y espiritual de la sociedad. Recordó que Jesucristo envió a sus discípulos a ser signos e instrumentos del Reino de Dios no sólo mediante la predicación, sino también a través de un estilo de vida marcado por el amor y el servicio.
Un rasgo esencial de ese estilo es precisamente la gratuidad que habéis testimoniado estos días aquí en Madrid», afirmó.
«Esta ciudad está más cerca del Reino de Dios»
El momento más emotivo llegó cuando el Pontífice dirigió unas palabras que resonaron con fuerza entre los presentes.
Quizá las estadísticas no lo registren, pero sabemos que, en estos días, también gracias a vosotros, esta ciudad ha crecido, está más cerca del Reino de Dios».
La afirmación fue acogida con una prolongada ovación. El Papa quiso destacar que el verdadero impacto de una visita apostólica no puede medirse únicamente por cifras de asistencia o repercusión mediática, sino por la huella espiritual que deja en los corazones y en la vida de una comunidad.
Sin embargo, León XIV rechazó cualquier tentación de atribuir el mérito a la acción humana.
¿Mérito nuestro? ¡No! Todo es gracias a Él», exclamó.
Y concluyó recordando que el origen de toda obra buena se encuentra en el amor de Dios:
Este es el secreto: el amor de Dios, que mueve el sol y los astros, y mueve los corazones de quienes han encontrado al Señor Jesús, que dijo: “Hay más dicha en dar que en recibir”».
Con este encuentro cargado de gratitud y profundidad espiritual, León XIV puso fin a su estancia en Madrid. Poco después se dirigió al aeropuerto para volar a Barcelona, donde continuará las siguientes etapas de su viaje apostólico por España.









