León XIV escucha durante una hora a víctimas de abusos en España: «La Iglesia debe ser un lugar seguro donde las heridas encuentren sanación»

COMPARTIR EN REDES

Lejos de las multitudes, de los aplausos y de los grandes actos públicos que están marcando su visita a España, León XIV ha dedicado parte de esta jornada a uno de los encuentros más discretos y, probablemente, más importantes de todo el viaje apostólico.

Durante la tarde de este 8 de junio, el Santo Padre recibió en la Nunciatura Apostólica de Madrid a seis víctimas de abusos cometidos por miembros del clero y de la Iglesia en España.

No hubo cámaras.

No hubo discursos públicos.

No hubo gestos destinados a la galería.

Solo personas heridas contando su historia al sucesor de Pedro.

Según ha informado la Santa Sede, el encuentro se prolongó durante casi una hora y permitió a cada una de las víctimas compartir con el Papa sus experiencias personales y algunas propuestas para mejorar la respuesta de la Iglesia ante estos delitos.

León XIV escuchó atentamente cada intervención.

Y quiso transmitir a los presentes una doble certeza.

La cercanía de la Iglesia.

Y la voluntad de seguir avanzando en la reparación, la prevención y la sanación.

Según el comunicado vaticano, el Pontífice aseguró «su cercanía —y la de toda la comunidad eclesial—» y reafirmó su compromiso para que las propuestas recibidas sirvan como base para nuevos esfuerzos pastorales e institucionales.

El objetivo, explicó la Santa Sede, es que la Iglesia sea verdaderamente «un lugar seguro y espiritualmente saludable, donde las heridas encuentren consuelo y sanación».

Una llaga abierta en el Cuerpo de Cristo

Durante décadas, los abusos cometidos por clérigos han constituido una de las pruebas más dolorosas para la Iglesia contemporánea.

No solo por la gravedad de los delitos.

No solo por el sufrimiento de las víctimas.

También porque quienes debían proteger, acompañar y conducir hacia Dios traicionaron en algunos casos la confianza depositada en ellos.

Por eso la respuesta cristiana no puede comenzar por la defensa de instituciones ni por cálculos de imagen pública.

Debe comenzar por la verdad.

Y por la justicia.

La Iglesia sabe que ninguna estrategia de comunicación puede curar una herida.

Solo la verdad puede hacerlo.

Solo el reconocimiento del daño.

Solo la escucha sincera.

Solo la reparación.

Solo la conversión.

Por eso resulta significativo que uno de los encuentros más reservados de esta visita haya estado dedicado precisamente a quienes cargan con esas heridas.

Escuchar antes que hablar

A lo largo de su pontificado, León XIV ha insistido en numerosas ocasiones en la importancia de la escucha.

Y esta reunión parece responder precisamente a esa lógica.

No se trataba de ofrecer grandes respuestas.

Se trataba, antes que nada, de escuchar.

Escuchar el dolor.

Escuchar las consecuencias de unas heridas que en muchos casos acompañan a las víctimas durante toda la vida.

Escuchar también las propuestas de quienes conocen de primera mano aquello que la Iglesia debe corregir y mejorar.

Porque la caridad cristiana no consiste únicamente en compadecerse del sufrimiento.

Consiste también en hacerse responsable de él.

La santidad exige verdad

Para muchos católicos, afrontar esta realidad sigue siendo doloroso.

Pero precisamente porque la Iglesia es santa en su origen y en su misión, no puede resignarse jamás a convivir con el pecado ni con la injusticia.

La santidad no consiste en ocultar las heridas.

Consiste en permitir que Cristo las cure.

A lo largo de la historia, la Iglesia ha atravesado persecuciones, divisiones, escándalos y crisis de toda clase.

Y siempre ha encontrado el camino de la renovación cuando ha vuelto a la verdad y a la conversión.

Por eso el encuentro de León XIV con las víctimas no es un gesto secundario dentro de la visita.

Forma parte del corazón mismo de la misión de la Iglesia.

Porque no puede anunciar creíblemente la misericordia de Dios quien no es capaz de escuchar a quienes han sufrido.

Ni puede hablar de sanación quien no está dispuesto a mirar de frente las heridas.

Mientras miles de personas siguen acompañando al Papa en sus actos públicos, esta reunión celebrada en la intimidad de la Nunciatura deja una enseñanza profundamente evangélica.

El Buen Pastor no solo camina junto a las multitudes.

También busca a las ovejas heridas.

Y sabe que algunas de las heridas más profundas necesitan silencio, escucha y verdad antes de encontrar consuelo.

¿Te ha gustado el artículo?

Ayúdanos con 1€ para seguir haciendo noticias como esta

Donar 1€
NOTICIAS RELACIONADAS

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Rellena este campo
Rellena este campo
Por favor, introduce una dirección de correo electrónico válida.

El periodo de verificación de reCAPTCHA ha caducado. Por favor, recarga la página.