Europa anda revuelta. Francia protesta en París, Marsella, Lyon, Niza, etc, también Italia en Milán, Roma, Turín y Albania y como no, España, que no se pierde una, en Barcelona, Bilbao, Madrid…todas contemplan disturbios y saqueos, y otras ciudades europeas viven jornadas de tensión.
Mientras unos reclaman mejoras y expresan legítimamente su malestar, otros aprovechan el caos para incendiar, agredir y saquear las tiendas hasta los calcetines. Estos cobardes no están reclamando derechos ni protestando por la subida del petróleo, estos son de otra calaña, la del pasamontaña, coctel molotov y la violencia como modus operandi, y como siempre, el ciudadano corriente observa el espectáculo preguntándose quién pagará la factura. Spoiler: probablemente tú y yo.
Pero, viendo lo que ocurre, uno no puede evitar hacerse preguntas. No me tachen de conspiranoico, pero existe una teoría conocida como PRS: Problema, Reacción, Solución; su planteamiento es sencillo: se genera o se aprovecha un problema, la población reacciona con miedo y, finalmente, aparece alguien ofreciendo una solución que, casualmente, aumenta su poder. Y está más que probada, a base de usar la ya explicada ventana de Overton en artículos anteriores.

Imaginemos las calles inseguras, los comercios saqueados y a la gente pidiendo protección (no hace falta imaginar mucho, es lo que tenemos hoy…). Entonces aparece el salvador de turno, con gesto serio y sonrisa ensayada prometiendo que nos devolverá la seguridad.
¿Más vigilancia? Por nuestra seguridad. ¿Menos privacidad? Por nuestra seguridad. Y quizá terminemos entregando libertades que nunca habríamos cedido si no estuviéramos asustados.
A ver…es cierto que si hay disturbios, saqueos y convocatorias organizadas no demuestra que una élite secreta haya diseñado todo el escenario. Atribuirlo a un plan único exigiría pruebas, pero vamos, tampoco parece descabellado examinar quién gana poder, dinero o influencia cuando el miedo se convierte en una herramienta política. La prudencia no consiste en creer cualquier conspiración, sino en no tragarse cualquier explicación sin masticarla.
La ironía es magnífica: imaginemos que el pirómano aparece vestido de bombero, nos ofrece una manguera y antes de apagar el fuego nos presenta la factura. Naturalmente, también exige las llaves de casa para garantizar que no vuelva a ocurrir. Ya te pillaron.
Ahora bien, quienes vivimos nuestra fe tenemos una razón más para no dejarnos vencer por el miedo, porque por encima de los gobiernos, los intereses y los poderosos está Dios. Los hombres pueden engañarnos, ocultar sus intenciones y creerse dueños del mundo, pero no pueden engañar a quien conoce hasta el último rincón del corazón.
La Escritura lo recuerda con una claridad que atraviesa los siglos: «No os engañéis: de Dios nadie se burla» (Gálatas 6,7), y el Magníficat proclama que el Señor «derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes» (Lucas 1,52).
Esto no quiere decir que debamos señalar culpables sin pruebas ni esperar que Dios resuelva mañana lo que nosotros no sabemos solucionar, no, ni mucho menos. Lo que significa es que ninguna injusticia escapa a su mirada y que el poder de este mundo no es eterno.
Por eso Jesús nos pide estar despiertos, porque el cristiano no necesita vivir aterrorizado, pero tampoco dormido. Y hoy hace falta más que nunca contrastar noticias, distinguir hechos de rumores y desconfiar de quienes pretenden manipularnos mediante el miedo. Estar despiertos no es creer cualquier conspiración, sino negarnos a pensar con la cabeza de otros, no es cerrar los ojos mientras otros manipulan, es mantenerlos bien abiertos sin permitir que el miedo y la manipulación nos robe la libertad interior.
Y por supuesto, tampoco se trata de estar con los brazos cruzados, al revés, nos obliga a defender la verdad, cuidar al prójimo, decir no a la violencia, exigir responsabilidades y no ponerse del lado de la mentira ni del devolver mal por mal.
Quizá nunca lleguemos a conocer todos los entresijos de lo que sucede, pero no necesitamos saberlo todo para hacer lo correcto.
Quizá haya intereses que se aprovechen del caos sin necesidad de haberlo provocado, no se puede saber sin pruebas, pero sí sabemos que el miedo puede convertirnos en instrumentos de otros si renunciamos a pensar por nosotros mismos (hagan memoria), así que por favor, vigilemos, discernamos, no desesperemos y confiemos en que ninguna injusticia queda fuera de la mirada de Dios.
Ojos abiertos, conciencia limpia y esperanza intacta. Que nadie nos venda humo por libertad ni sumisión por seguridad ni que nadie quiera convencernos que todo está perdido porque los poderosos parecen tenerlo todo bajo control…No, ni mucho menos…la historia está llena de hombres que se creyeron invencibles y terminaron descubriendo que su poder tenía límites. Ellos no tienen la última palabra, ningún poder humano está por encima de Él.
Que no se confunda nuestra paciencia con ingenuidad ni nuestra esperanza con cobardía. Nosotros seguiremos haciendo lo que debemos, buscando la verdad y defendiendo al inocente.
El resto está en manos de Dios.
Jucho.-









