San Agustín y la “ortodoxia radical”

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Con la llegada del nuevo papa León XIV se ha despertado un incipiente interés por san Agustín, uno de los Padres de la Iglesia, cuya influencia se extiende tanto al ámbito latino como al oriental. Este renovado foco invita también a profundizar en una corriente teológica aún poco desarrollada en nuestro entorno y que encuentra en el pensamiento agustiniano uno de sus fundamentos esenciales: la llamada “ortodoxia radical”.

La ortodoxia radical constituye una corriente teológica, filosófica y política contemporánea de notable influencia en el pensamiento cristiano posmoderno. Liderado principalmente por el teólogo británico John Milbank, este movimiento propone una revisión profunda de la relación entre teología, filosofía y política, a partir de una crítica frontal al paradigma de la modernidad y del liberalismo.

Su origen se sitúa en la década de 1990, con la publicación de Theology and Social Theory: Beyond Secular Reason (1990), obra fundacional de Milbank que estableció sus principales bases teóricas. En sus inicios, el propio autor definía su enfoque como un “agustinismo crítico posmoderno”, subrayando la centralidad de san Agustín leída a la luz de las corrientes contemporáneas.

El término “ortodoxia radical” se consolidó posteriormente con la serie editorial del mismo nombre, inaugurada por Radical Orthodoxy: A New Theology (1999), editado por Milbank junto a Catherine Pickstock y Graham Ward. La denominación se eligió también en contraste con ciertas corrientes de teología liberal radical —como la representada por John Shelby Spong— que cuestionaban doctrinas fundamentales como la Trinidad o la encarnación.

El surgimiento de esta corriente responde a una crisis más amplia en la relación entre teología y modernidad. La ortodoxia radical se presenta como alternativa tanto a la secularización del pensamiento teológico como a las teologías liberales que, en su intento de adaptarse al mundo moderno, habrían diluido elementos doctrinales esenciales.

Milbank formula de manera provocadora una de sus tesis centrales: “Hubo un tiempo en que lo ‘secular’ no existía”. Con ello cuestiona la narrativa moderna que presenta la secularización como un proceso inevitable. Frente a esta visión, el movimiento rechaza las dicotomías entre razón y fe o entre naturaleza y sobrenatural propias del pensamiento moderno, y defiende la recuperación de la teología como marco interpretativo fundamental.

En esta línea, la ortodoxia radical apuesta por rescatar recursos de la tradición agustiniana y medieval para afrontar los desafíos contemporáneos. No se trata de una vuelta nostálgica al pasado, sino de un diálogo crítico con esa tradición a la luz de los problemas actuales.

Uno de sus planteamientos clave es la superación de la separación entre lo sagrado y lo secular. En su lugar, propone una “evaluación sagrada de todas las esferas de la vida”, inspirada en la visión medieval de la realidad como participación en el ser divino, donde toda la creación refleja, de algún modo, la presencia de Dios.

En coherencia con esta perspectiva, Milbank entiende la fe como una intensificación de la razón iluminada por la gracia: no se opone a ella, sino que la eleva y la perfecciona. Desde este enfoque, la ortodoxia radical sostiene que un pensamiento que “pone a Dios entre paréntesis” acaba derivando en formas de nihilismo, al privar de fundamento último a valores como la libertad, la igualdad o los derechos humanos.

De manera igualmente polémica, Milbank afirma que la modernidad secular no supone la superación de la teología, sino la configuración de una “teología alternativa”, en ocasiones “perversa”, que opera de forma implícita en el pensamiento contemporáneo.

En el terreno político, el movimiento introduce el concepto de “metacrisis global” del sistema liberal. Según Milbank, el liberalismo ha contribuido a generar una sociedad que produce individuos cada vez más desvinculados de la virtud, fomenta la rivalidad mimética y debilita la reciprocidad social. Se trataría de una crisis no solo política o económica, sino también antropológica y ontológica.

La ortodoxia radical se define así como “antimoderna y antiliberal”, no por rechazar valores como la libertad o la igualdad, sino por cuestionar la forma en que el liberalismo los concibe e implementa, desvinculándolos de sus raíces teológicas y metafísicas.

Frente al individualismo liberal, propone una recuperación de la ética de la virtud, inspirada en la tradición aristotélico-tomista, que pone el acento en la formación del carácter dentro de comunidades concretas, en contraste con el enfoque abstracto y procedimental de la ética liberal.

Su crítica no se limita a señalar las carencias del liberalismo, sino que aspira a articular una alternativa política basada en elementos de la tradición cristiana, como el bien común y la centralidad de las prácticas comunitarias. En este sentido, rechaza la separación moderna entre teología y política y defiende que la fe tiene implicaciones directas en la organización de la vida pública.

Milbank ha explorado estas ideas en diálogo con pensadores como Slavoj Žižek, sugiriendo posibles puntos de convergencia entre la crítica teológica al liberalismo y ciertas corrientes de pensamiento social de izquierda no liberal.

En conjunto, la ortodoxia radical representa uno de los intentos más ambiciosos de formular una teología cristiana capaz de cuestionar los fundamentos del orden liberal moderno. En este esfuerzo, encuentra afinidades con la filosofía moral de Alasdair MacIntyre, especialmente en su crítica al individualismo y su defensa de las tradiciones éticas.

Al cuestionar la separación entre lo sagrado y lo secular y poner en duda la supuesta neutralidad del discurso político moderno, esta corriente abre nuevas posibilidades para pensar alternativas más allá del consenso liberal dominante. No obstante, su capacidad para traducir esta crítica teórica en propuestas políticas concretas sigue siendo objeto de debate, y hasta ahora sus desarrollos prácticos han sido limitados.

En el contexto europeo, además, corrientes tradicionalistas —a menudo encerradas en marcos rígidos y poco permeables— tampoco han explorado plenamente el potencial de este enfoque.

Con todo, el legado de la ortodoxia radical muestra hasta qué punto la teología puede contribuir de forma relevante a los debates contemporáneos sobre política, economía y sociedad, ofreciendo herramientas conceptuales para cuestionar supuestos que con frecuencia se dan por evidentes en el espacio público.

Twitter: @jmiroardevol

Facebook: josepmiroardevol

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