Sánchez y el viaje del Papa: el abrazo del oso

COMPARTIR EN REDES

Pedro Sánchez siempre entendió el laicismo como una forma de militancia: la línea que separa el poder civil de la fe, relegada esta al ámbito privado y sin derecho a ocupar espacio público. Durante años convirtió esa idea en gesto político: rechazo a los tedeums, funerales sin invocación religiosa, ceremonias desprovistas de cualquier respiración de lo sagrado. Toda referencia a Dios quedaba excluida en una gesticulación que, en la práctica, hacía del laicismo una convicción abiertamente atea. Era, al mismo tiempo, una idea y una marca política: un laicismo militante que otorgaba a su figura un brillo progresista y encajaba con naturalidad en el ecosistema ideológico de sus socios de gobierno.

 

¿Te ha gustado el artículo?

Ayúdanos con 1€ para seguir haciendo noticias como esta

Donar 1€
NOTICIAS RELACIONADAS

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Rellena este campo
Rellena este campo
Por favor, introduce una dirección de correo electrónico válida.

El periodo de verificación de reCAPTCHA ha caducado. Por favor, recarga la página.