Título original: Blade Runner Título en España: Blade Runner Año de lanzamiento: 1982 País: Estados Unidos y Reino Unido Producción: Michael Deeley (productor); Hampton Fancher y Brian Kelly (productores ejecutivos); The Ladd Company, Shaw Brothers y Warner Bros. Dirección: Ridley Scott Guion: Hampton Fancher y David Webb Peoples, basado en la novela ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? de Philip K. Dick Música: Vangelis Fotografía: Jordan Cronenweth Reparto: Harrison Ford, Rutger Hauer, Sean Young, Edward James Olmos, M. Emmet Walsh, Daryl Hannah, William Sanderson, Brion James, Joe Turkel, Joanna Cassidy, James Hong, Morgan Paull Distribuidora: Warner Bros. Sinopsis: En un futuro distópico de Los Ángeles del año 2019, el expolicía Rick Deckard es llamado de nuevo al servicio para localizar y "retirar" a un grupo de replicantes —androides biológicos casi indistinguibles de los humanos— que han regresado ilegalmente a la Tierra buscando prolongar su vida.
Los que ya la hemos visto siempre miraremos con desdén y asombro a aquellos que se hacen llamar cinéfilos y no han visionado Blade Runner. No nos damos cuenta de la enorme suerte que tienen susodichos herejes: la posibilidad de disfrutar de esta cinta por primera vez. Un placer efímero, de 117 minutos exactamente, por el que muchos de nosotros pagaríamos con gusto ingentes cantidades de dinero (si lo tuviéramos).
Esta obra maestra, pionera en el neo noir, no le fue reconocida a su director como lo que es hasta pasados ya varios años y muchos comentarios devastadores de la crítica, y un éxito modesto.
Así ocurre, casi siempre, con las grandes obras, pues lo realmente bueno despierta perversos pensamientos al principio, que sirven, sin embargo, como crisol de la mediocridad, para sacarles aún más brillo.
La música de Vangelis y los fogonazos de las chimeneas de Los Ángeles de ese lejanísimo año 2019 ya nos sumergen en este mundo distópico, mucho mejor de lo que lo hacen algunos zurullos más exitosos como La Guerra de las Galaxias, y solo en los primeros treinta segundos. Y, ya desde esos primeros segundos, uno podría ponerse a analizar cada detalle magnífico de esta película y tirarse horas y horas alucinando y preguntándose si semejante genio y sensibilidad son siquiera posibles o si son obra de la divina providencia. Sin embargo, esto ya lo han hecho otros mejores que yo, por lo que mi aportación sería, como poco, muy pobre y desde luego muy presuntuosa.
Es por ello que mi crítica tiene un único propósito: animarte, querido lector, a que veas o vuelvas a ver el filme.
Pero cuidado, porque hay que verlo como Dios manda, o como hacíamos antes. Es decir, con el teléfono apagado, con amigos y con comida y bebida suficiente para no tener que volver la mirada de la pantalla. Y si tienes la oportunidad, cómprate un televisor de ochenta pulgadas. Lo habrás amortizado solamente con Blade Runner.
De esta manera, podrás zambullirte sin reparos en esas calles, que con maña crean en nuestra mente un universo enorme, aunque fuera todo rodado en un pequeño estudio. En esos interiores, que son quizás una alegoría del interior de los personajes, iluminados con una luz exterior que resulta casi poco creíble o cuanto menos sospechosa. En la puesta en escena y el uso de los planos que juegan con nuestra mente a su antojo, presentándonos héroes y villanos como no lo esperábamos. En la simbología prometeica y del Frankenstein de Mary Shelley, o de Pinochio, o incluso del Quijote, con ese protagonista en busca de la verdad. Pero por encima de todo, en el guion.
Este guión, perfectamente ejecutado por un reparto magnífico, es el alma de la obra y la eleva de una simple película de ciencia ficción de los ochenta a pura historia del cine. En sus profundidades abisales uno se encuentra con un existencialismo que en la época en la que vivimos puede incluso resultar incómodo.
Estos androides que han sido programados para morir se rebelan contra su creador que les niega la vida, y la imagen de Dios omnipotente se disuelve en horror de los Nexus 6 cuando se dan cuenta de que no se la quiere dar, o no puede…
Cómo la memoria aparece como elemento ineludible de la humanidad.
O, cómo el hombre, y no elijo el término al azar, busca en realidad un Dios que le supere moralmente, y se realiza devolviendo la vida antes que quitándola.
No deseo arruinarle al novel esta experiencia, por lo que no diré más.
Cómprate la tele más grande que puedas, llama a esos amigos con los que siempre dices que tienes que quedar y nunca quedas, hazte unas palomitas y enfría la cerveza. Tendrás una experiencia que no olvidarás.
Algún dato curioso:
- Si quieres ver la película tal y como la concibió el director, es mejor que veas el Final Cut de 2007, pues en la versión original los productores impusieron a Scott algunas cuestiones que él aborrecía y que ciertamente hacen que la película pierda. Como ejemplo, el final que todos vieron en 1982 con esos planos aéreos preciosos en la montaña fue impuesto por la producción. Ridley Scott defendía con mucha razón que era absurdo que en ese mundo distópico existieran lugares así, pues nadie elegiría vivir en esas ciudades horribles si tuvieran semejante paisaje.
Los planos fueron cedidos por Kubrick y pertenecen a El Resplandor.
- El memorable y magnífico monólogo final enunciado por Roy Batty fue retocado por Rutger Hauer la noche antes del rodaje, eliminando frases que él consideraba demasiado extensas y añadiendo una de las frases más recordadas y citadas en la historia del séptimo arte: “… todos esos momentos se perderán en el tiempo, como lágrimas en la lluvia”.










