Hay películas que cuentan una historia y hay películas que aspiran a provocar una historia. Rise Up (Levántate) pertenece a las segundas.
Sus creadores no quieren solamente que contemplemos cómo el amor de Dios entra en las heridas de unos personajes. Quieren algo bastante más audaz: que, mientras la película se proyecta, el Espíritu Santo pueda tocar también los corazones de quienes están sentados en la sala.
Que un espectador recupere la esperanza, que descubra que Dios le ama, que pueda perdonar o sentirse perdonado. Y, ¿por qué no?, que algún sea sanado. Porque Rise Up no quiere hablar únicamente de la sanación. Se atreve a pedirla.
Una película para todos
Antes de seguir, tengo que hacer una advertencia. Si el lector está imaginando la típica película que solemos identificar como «cine católico», probablemente se está equivocando.
Rise Up no es un documental de testimonios. No es una sucesión de conversiones. Tampoco es una historia piadosa cuyo desenlace conocemos desde los primeros minutos. Es una película. Tráiler aquí.
Tiene trama, conflicto, tensión y unos personajes con heridas y contradicciones. La historia engancha por sí misma, independientemente de que el espectador comparta o no la fe desde la que está hecha.
Su protagonista, interpretado por Javier Lorenzo, es un campeón del mundo de artes marciales mixtas: rico, famoso, autorreferencial, competitivo y acostumbrado a ganar. Y la película no edulcora ese ambiente para hacerlo encajar en una historia religiosa.
Los personajes hablan como hablarían esos personajes. Dicen tacos. Se equivocan. Han tomado malas decisiones. No hablan como cristianos ejemplares porque, sencillamente, no lo son.
Es una historia contemporánea, con personajes contemporáneos y un lenguaje contemporáneo, donde irrumpe la posibilidad de Dios.
¿Qué ocurre cuando ya no puedo salvarme a mí mismo?
El protagonista es un hombre que ha construido su vida alrededor de la fuerza, el éxito, el dinero y el reconocimiento. Hasta que todo se derrumba.
No quiero contar más. Merece la pena descubrirlo en el cine. Baste decir que llega un momento en el que todo aquello sobre lo que había construido su seguridad deja de servirle. Y entonces aparece una de las preguntas fundamentales de la película: ¿Qué ocurre cuando descubro que tengo límites que no puedo superar por mi mismo?
A su alrededor hay otros personajes que aparentemente están mejor que él. Caminan, trabajan, continúan con sus vidas. Pero poco a poco descubrimos que también ellos están heridos por culpas, adicciones, abandonos, miedos, decisiones del pasado que continúan acompañándonos muchos años después. Y quizá sean esas heridas invisibles las más difíciles de sanar.
Descubrir que Dios me ama
En ese camino aparece la experiencia de oración y sanación vinculada al padre Emiliano Tardif y el protagonista comienza a descubrir algo aparentemente elemental: Dios le ama.
Los cristianos hemos escuchado tantas veces que Dios nos ama que corremos el riesgo de dejar de comprender lo que estamos diciendo. Porque una cosa es afirmar que «Dios ama a los hombres» y otra muy distinta experimentar que: Dios me ama a mí, con toda la “mochila” de mi vida. Y ahí comienza la verdadera sanación.
Rise Up no es una película sobre milagros. Es una película sobre la acción sanadora del Espíritu Santo. Y sí, se atreve a hablar también de sanación física. ¿Por qué no?
Los cristianos creemos que Jesucristo está vivo. Creemos que el Espíritu Santo sigue actuando. Los Evangelios están llenos de hombres y mujeres que se acercan a Jesús y le piden ser curados. ¿Por qué nosotros no vamos a pedirlo? Y Jesús les sana de sus dolencias físicas, pero, sobre todo, lo hace de las enfermedades que no están en el cuerpo.
Cuando el espectador deja de ser espectador
Aquí está para mí lo verdaderamente original de Rise Up. En un determinado momento de la película se pronuncia una oración de sanación.
Pero esa oración no está ahí solamente como parte del guion. También está dirigida a quien está sentado en la butaca.
Los productores desean que en ese momento el espectador se sienta invitado a dejar de ser solamente espectador. Y rezar.
Puede poner ante el Señor una enfermedad. Una herida familiar. Un matrimonio que atraviesa dificultades. Un hijo. Una culpa que lleva años arrastrando. Una persona a la que no consigue perdonar. Un miedo. Una soledad. Aquello que quizá nunca ha contado a nadie.
Y decir sencillamente: «Señor, sáname»
¿Puede Dios sanar a alguien en una sala de cine? ¿Por qué no? El Espíritu Santo es libre y puede sanar nuestros corazones con un abrazo de amor
Naturalmente, la oración no es magia. Por eso no iría a ver Rise Up buscando un espectáculo sobrenatural. Iría con la intención de ver una buena película y si me siento llamado a ello mostrarle al Señor mi disponibilidad: «Señor, aquí estoy. Tú sabes lo que necesito. Haz en mí lo que quieras».
Ve a verla con alguien
Esa es mi recomendación. No creo que Rise Up sea solamente una película para que los católicos vayamos al cine. Creo que es una película para que llevemos a alguien al cine.
A un hijo. A un amigo. A alguien que está enfermo. A una persona que ha perdido la esperanza. Incluso —o especialmente— a ese amigo que hace años que no pisa una iglesia y al que jamás invitaríamos a una charla sobre la sanación del Espíritu Santo.
No hace falta decirle que vamos a ver «una película católica». Invítale simplemente a ver una buena película. Porque primero encontrará una historia. Después, unos personajes rotos en los que quizá reconozca algo de su propia historia. Y quizá en ese momento pueda encontrarse con una pregunta que ya no está dirigida al protagonista de la película, sino a él mismo.
Mi esperanza al recomendar Rise Up es exactamente la misma que ha movido a sus productores: que el Señor quiera servirse también de esta película para tocar corazones, devolver esperanza y sanar.
Porque cuando creemos que una caída, una enfermedad, un pecado o una herida tienen la última palabra sobre nuestra vida, todavía podemos escuchar aquella palabra que tantas veces atraviesa el Evangelio: Levántate.
Rise Up. Levántate. La película que sana Compartir en X









