«Ghost in the Shell»: identidad, conciencia y humanidad en la era de la inteligencia artificial

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Título original: Kôkaku kidôtai

Título en España: Ghost in the Shell

Año de lanzamiento: 1995

País: Estados Unidos, Japón y Reino Unido

Producción: Yoshimasa Mizuo, Ken Matsumoto, Ken Iyadomi y Mitsuhisa Ishikawa; productoras Kōdansha, Bandai Visual y Manga Entertainment; animación de Production I.G

Dirección: Mamoru Oshii

Guión: Kazunori Itô, basado en el manga de Masamune Shirow

Música: Kenji Kawai

Fotografía: Hisao Shirai

Reparto (voces originales en japonés): Atsuko Tanaka, Akio Ôtsuka, Tamio Ôki

Distribuidora: Universal Pictures International Spain

Sinopsis: En un Japón futurista controlado por Internet, la mayor Motoko Kusanagi, una cíborg ultrasofisticada atormentada por dudas existenciales, investiga junto a su división el rastro del “Titiritero”, un misterioso hacker cuya identidad nadie conoce, y decide analizar su “ghost”, el elemento indefinible de la conciencia, similar al alma, con la esperanza de hallar respuestas sobre sí misma.

Consagrada ya como clásico absoluto del cine de animación y del cyberpunk, Ghost in the Shell se puede calificar como toda una experiencia, más que como simple película.

Mamoru Oshii hace historia tomando el relevo de Akira (1988) y llegando al público occidental, es cierto que con poca respuesta inicialmente en las salas, pero con un éxito inesperado en su versión en DVD. La cinta logra levantar un puente entre la cultura anime japonesa, con su mística y lírica inigualables, y la cultura del sol poniente.

Nos enfrentamos, en mi opinión, a una de las mejores películas de animación de la historia del cine.

El filme, desde el primer fotograma, logra sumergirnos en este universo futurista donde la humanidad queda desdibujada frente a los avances cibernéticos. El nivel técnico y artístico es sencillamente espectacular. La estética, el nivel de detalle, los propios planos que son magistrales, la banda sonora, y, sobre todo, un guión profundísimo que nos estrella, bebiendo, si se quiere, de la encrucijada que ya nos planteaba Ridley Scott con su Blade Runner en 1982, pero con otro enfoque, contra nuestra propia humanidad y el sentido último de la existencia.

— Siento miedo. Ansiedad. Soledad. Oscuridad. Y quizá incluso esperanza.
— ¿Esperanza? ¿En la oscuridad del mar?
— Mientras floto hacia la superficie, casi siento como si pudiera convertirme en otra cosa.
(mayor Kusanagi y Batou, traducción al español de la transcripción del guión al inglés).

Prácticamente todo el conjunto de la crítica enfoca el dilema existencial en la relación que hay entre cuerpo y persona, es decir, si todo nuestro cuerpo es cibernético ¿seguimos siendo nosotros? ¿somos persona? ¿dónde está la línea tras la cual nos convertimos en máquinas?

Esto es, efectivamente, indiscutible. Sin embargo, encuentro que hay un trasfondo quizás más escondido, donde la tecnología no es tanto un fin sino un medio para llegar a la disyuntiva fundamental, que tiene que ver con la historia, tu historia, mi historia. La memoria como fundamento de la persona.

Es esta búsqueda del ciberterrorista conocido como “el Titiritero”, la que comienza a sugerirle a nuestra protagonista una peligrosísima pregunta: ¿quién soy realmente?

El camino de Motoko Kusanagi para dar respuesta a esa pregunta nos arrastra inexorablemente, chocando de cara contra esas escenas de acción ultraviolenta, sensualidad y sexualidad, que se utilizan con una genialidad y una sensibilidad casi sobrenatural por parte del director.

Si has disfrutado con Blade Runner, o con autores como Isaac Asimov o Gibson, con su novela Neuromante (1984), obra fundacional del cyberpunk; si te gusta la ciencia ficción pura y no tienes la piel fina y, sobre todo, si te gusta el buen cine, tienes que ver esta película.

*Algunos datos curiosos:

  • La fantástica The Matrix (1999) fue inspirada, en gran parte, por Ghost in the Shell, con escenas muy similares y el ya famosísimo código informático verde en caída como tributos inapelables.
  • La banda sonora de la película es compleja y una experiencia en sí misma. Te recomiendo el análisis de Jaime Altozano sobre la misma, que puedes encontrar en su canal de Youtube.

 

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