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El amor es paciente y bondadoso

El amor es paciente

Es la manifestación de cuando una persona no se deja llevar por los impulsos y evita agredir al otro. Es importante vivirlo dentro de la familia tal como el Señor tiene misericordia de todos nosotros.

Tener paciencia no quiere decir dejar que nos maltraten continuamente o tolerar agresiones físicas o permitir que nos traten como objetos. El problema surge cuando nos situamos en el centro y esperamos que sólo se cumpla nuestra voluntad o exigimos que las relaciones sean “celestiales” o que las personas sean perfectas. Entonces todo nos impacienta, todo nos lleva a reaccionar con agresividad.

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Si no cultivamos la paciencia siempre tendremos excusas para responder con ira y, finalmente, nos convertiremos en personas que no saben convivir, antisociales, incapaces de postergar los impulsos, y la familia se convertirá en un campo de batalla.

La paciencia se afianza cuando reconozco que el otro también tiene derecho a vivir en esta tierra al lado mío, así tal como es. No importa si es un estorbo para mí, si altera mis planes, si me molesta con su manera de hacer o con sus ideas, si no es todo tal como yo esperaba…

El amor nos lleva a aceptar al otro como parte de este mundo, también cuando actúa de una manera diferente a la que yo desearía.

El amor es bondadoso

La paciencia no es una postura pasiva sino que está acompañada por una actividad, por una reacción dinámica y creativa ante los otros. Indica que el amor beneficia y promueve a los otros y por eso se traduce como servicial.

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El amor no es sólo un sentimiento, sino que implica “hacer el bien” y así se tiene que entender de acuerdo con el sentido original del verbo hebreo “amar”. Cómo decía San Ignacio: “el amor se tiene que poner más en las obras que en las palabras”.

De este modo el amor manifiesta toda su fecundidad y nos permite experimentar la felicidad de dar, la nobleza y la grandeza de darse en abundancia, sin medida, sin reclamar nada, por las solas ganas de dar y de servir.

El amor no tiene envidia

En el amor no hay lugar para sentir malestar por el bien del otro. La envidia es sentir tristeza por el bien del otro lo cual manifiesta que no nos interesa la felicidad de los demás, puesto que estamos exclusivamente concentrados en el propio bienestar.

envidiaMientras el amor nos hace salir de nosotros mismos, la envidia nos lleva a centrarnos en el propio yo. El verdadero amor valora los éxitos del otro, no los ve como una amenaza y se libera del gusto amargo de la envidia. Acepta que cada uno tiene dones diferentes y diferentes caminos en la vida. De este modo procura descubrir su propio camino para ser feliz y deja que los demás encuentren el suyo.

El amor nos lleva a una valoración real de cada ser humano reconociendo su derecho a la felicidad. Como quiero a esta persona acepto, en mi interior, que pueda disfrutar de un buen momento. Y esta raíz del amor me conduce a rechazar la injusticia de que algunos tengan demasiado y otros no tengan nada, o también que los descartados de la sociedad puedan vivir un poco de alegría. Pero esto no es envidia, sino deseos de equidad.

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