“El buen espíritu”: una crítica periodística a la tesis de Mònica Terribas sobre el Opus Dei

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El problema periodístico central de El buen espíritu, el nuevo documental de Mònica Terribas sobre el Opus Dei, no consiste en determinar si los catorce antiguos miembros que intervienen dicen la verdad sobre sus experiencias. La cuestión es otra: si esos testimonios permiten demostrar la tesis mucho más amplia de que existe una «disfunción sistémica» en el Opus Dei. Entre una afirmación y otra existe un salto lógico que exige contraste, datos y pruebas sobre el funcionamiento de la institución.

Voy a aplicar al nuevo documental de Mònica Terribas sobre el Opus Dei una valoración profesional realizada con ayuda de la inteligencia artificial, concretamente ChatGPT, repitiendo así el ejercicio que ya hice con su anterior trabajo, también centrado en el Opus Dei, El minuto heroico.

Nadie entre los partidarios del documental puede quejarse del método empleado. La mayoría de las inteligencias artificiales presentan un lógico sesgo favorable al llamado «signo de los tiempos» y no suelen mostrarse especialmente favorables al hecho religioso. Precisamente por eso resulta aún más interesante la crítica profesional que aflora en el análisis y a la que, como es lógico, no he añadido ni quitado nada, más allá de las negritas.

Tras ver ambos documentales, considero que existen razones fundadas para pensar que Mònica Terribas mantiene una relación especialmente crítica, cuando no personal, con esa institución católica. Y añado una reflexión: ¿qué reportaje resultaría si seleccionáramos a catorce personas desencantadas o enfrentadas con el PSC, ERC, el PSOE o la TV3 de la etapa dirigida por la propia Terribas? ¿Aceptaríamos que aquello representaba fielmente a esas organizaciones o concluiríamos que se trata de una aproximación parcial y tendenciosa? Pues eso.

El criterio decisivo para valorar profesionalmente «El buen espíritu: detrás de la puerta del Opus Dei» es el siguiente: no basta con que los testimonios sean sinceros ni con que cada experiencia relatada sea verdadera. Cuando un documental pasa de decir «estas personas vivieron esto» a sostener «esto revela cómo funciona el Opus Dei» o «existe una disfunción sistémica», cambia la naturaleza de la afirmación y, con ella, la carga de la prueba.

La propia presentación oficial de HBO afirma que catorce antiguos miembros «desvelan el funcionamiento» de la institución y alude a mecanismos de control, poder, dinero e influencia. Terribas va aún más lejos en diversas entrevistas al sostener expresamente que existe una «disfunción sistémica». Por tanto, no estamos simplemente ante un documental testimonial. Hay una tesis general sobre una institución de alcance internacional.

Y entonces entra plenamente en juego el principio periodístico de aproximación diligente a la verdad. El Código Deontológico del Col·legi de Periodistes de Catalunya exige contrastar las informaciones, distinguir los hechos de las opiniones e interpretaciones y difundir informaciones suficientemente fundamentadas.

Aquí aparece el problema metodológico fundamental.

Los catorce testimonios tienen valor probatorio de una cosa: catorce personas afirman haber vivido determinadas experiencias. Además, el hecho de que procedan de once países distintos y presenten elementos coincidentes puede constituir un indicio relevante de que algunos problemas no fueron exclusivamente locales. Eso merece ser investigado seriamente. Pero no demuestra por sí mismo que esas experiencias describan el funcionamiento ordinario o sistémico de una organización integrada por decenas de miles de personas y existente desde hace casi un siglo.

Existe un salto lógico entre:

«Catorce antiguos miembros procedentes de once países describen mecanismos semejantes»

y

«El Opus Dei funciona mediante esos mecanismos».

El segundo enunciado exige una demostración mucho más sólida que el primero.

Que el Opus Dei no participe no resuelve el problema

Terribas ha explicado que solicitó la participación del prelado o de un representante de la institución y que el Opus Dei rechazó intervenir. Este dato debe reconocerse y juega a favor de la corrección profesional del documental en un sentido concreto: se ofreció a la institución afectada la posibilidad de responder directamente.

Sin embargo, existe una distinción periodísticamente muy importante: el derecho de réplica y el contraste informativo no son sinónimos.

Si el objeto de una investigación rechaza una entrevista, el periodista no queda liberado de seguir contrastando su hipótesis. Puede recurrir a documentos, normas internas, antiguos miembros con experiencias distintas, miembros actuales, especialistas independientes, historiadores, canonistas, psicólogos que discrepen de la interpretación propuesta, estudios cuantitativos y cualquier otra fuente que permita contextualizar los hechos.

Precisamente porque el Opus Dei se niega a participar, aumenta la responsabilidad del realizador de buscar por otras vías las pruebas que puedan confirmar o refutar su tesis.

Este último verbo es esencial: refutar.

Una buena investigación no debe preguntarse únicamente: «¿Qué pruebas apoyan mi hipótesis?». Debe preguntarse también: «¿Qué hechos demostrarían que mi hipótesis es exagerada, incompleta o errónea?»

Si todos los testimonios son seleccionados porque comparten la misma conclusión y todos los expertos interpretan esos testimonios desde el mismo marco conceptual, obtenemos una acumulación de confirmaciones. Pero no necesariamente una investigación capaz de poner a prueba su propia tesis.

El problema de la selección de la muestra

Este es, probablemente, el punto más débil desde una perspectiva metodológica.

El documental reúne a personas que abandonaron el Opus Dei y consideran negativa o abusiva su experiencia. Esa muestra es perfectamente legítima para realizar un documental sobre personas que se consideran víctimas del Opus Dei.

Lo que no permite, por sí sola, es responder a una pregunta diferente:

«¿Cómo es el Opus Dei?»

Para responder a esa cuestión sería necesario saber también cuántas personas abandonaron la institución sin considerar traumática su experiencia, cuántas permanecen voluntariamente en ella, cómo han evolucionado las prácticas denunciadas, qué diferencias existen entre países y épocas y en qué medida los comportamientos descritos responden a normas institucionales, desviaciones de esas normas o interpretaciones retrospectivas de quienes las vivieron.

Sin esos elementos aparece un clásico sesgo de selección: escoger precisamente a quienes presentan el fenómeno que se quiere investigar y deducir después de ellos la naturaleza del conjunto.

Eso no convierte sus testimonios en falsos. Convierte en metodológicamente problemática la generalización.

El documental tiene derecho a tener una tesis

Tampoco se trata de exigir una falsa neutralidad.

El periodismo de investigación no consiste en situar mecánicamente una voz a favor y otra en contra. El caso Watergate, por ejemplo, no necesitaba equilibrar cada dato con alguien que defendiera a Nixon. Una investigación puede llegar perfectamente a una conclusión muy crítica.

Pero debe llegar a ella después del contraste, no construir el dispositivo narrativo de manera que solo pueda desembocar en esa conclusión.

Y en este caso la diferencia es especialmente relevante porque Terribas no se limita a describir comportamientos. Hace una afirmación causal e institucional: existe una «disfunción sistémica».

Para demostrar algo sistémico hay que demostrar precisamente el sistema: normas, incentivos, cadenas de responsabilidad, frecuencia, persistencia, conocimiento por parte de los responsables y mecanismos institucionales capaces de producir de manera reiterada los efectos denunciados.

Catorce relatos coincidentes constituyen un material de investigación muy relevante. Pero todavía no equivalen a esa demostración.

El valor del documental está en dar visibilidad a testimonios que merecen ser escuchados e investigados. Su principal debilidad periodística surge cuando esos testimonios dejan de presentarse como experiencias que deben ser contrastadas y pasan a utilizarse como demostración de la naturaleza sistémica del Opus Dei sin que el propio documental someta esa hipótesis a una prueba contradictoria suficientemente exigente.

La pregunta decisiva es esta:

¿Ha intentado el documental descubrir qué hay de falso, parcial o no generalizable en su propia tesis?

Si la respuesta es negativa, entonces puede tratarse de un documental de denuncia eficaz, incluso basado en experiencias auténticas, pero queda debilitada su pretensión de ofrecer una representación fiable del Opus Dei como institución.

Porque el periodismo no queda satisfecho simplemente por haber contado hechos verdaderos. Debe procurar que la imagen global que construye a partir de esos hechos también sea verdadera o, al menos, la mejor aproximación posible a la verdad.

El periodismo no cumple su misión solo contando hechos verdaderos. También debe procurar que la representación global construida con esos hechos sea verdadera. Esta es la cuestión ante El buen espíritu. #OpusDei #HBO Compartir en X

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