El presidente invisible.

COMPARTIR EN REDES

Hay gente que nace con carisma. Otros con talento. Y luego están ciertos presidentes de gobierno, como el que tiene esta gran nación que es España, que parecen haber nacido directamente con el superpoder de la invisibilidad. No una invisibilidad física, claro, porque salir sale mucho: ruedas de prensa bien maquillado, ya sea para mostrar el brillo de su sarcástica sonrisa como tipo zombie, -son las cinco y no he comido-, mítines al estilo happy, entrevistas cuidadosamente acolchadas y en viajes oficiales con más fotógrafo que contenido.

Hablo de otro tipo de invisibilidad. La moral. La política. La que les permite atravesar escándalos, corrupciones, contradicciones y mentiras como quien cruza una cortina de humo y sigue caminando tan tranquilo. A estas alturas, uno ya no sabe si estamos ante un dirigente político o ante una mezcla rara entre mago, alienígena y personaje de Marvel.

Porque lo de este hombre empieza a recordar muchísimo a la capa de invisibilidad de Harry Potter. Cada vez que aparece un escándalo nuevo, zas, capa puesta. Se vuelve invisible a las preguntas incómodas, invisible a las explicaciones, invisible a la responsabilidad y atención, el truco no consiste en desaparecer del todo, no. Eso sería demasiado fácil.

Invisible a los medios, ¿Conseguirá serlo también a los escándalos que lo rodean?

El verdadero talento está en seguir delante de todos y aun así actuar como si nadie pudiera verle. Como si los audios no existieran. Como si las contradicciones fueran imaginaciones colectivas. Como si el país entero estuviera sufriendo una alucinación simultánea.

Y cuando la cosa se pone todavía más fea, uno tiene la sensación de que se coloca el anillo de Frodo Bolsón. Ese momento exacto en el que Frodo se sentía amenazado y desaparecía del mapa. Pues igual, solo que aquí el anillo no lo hace invisible físicamente, sino políticamente. De repente ya nadie asume nada. Nadie sabía nada. Nadie recuerda nada. Y lo más fascinante es que cuanto más grande es el incendio, más tranquilo parece él. Casi zen.

Aunque personalmente creo que la comparación más precisa es con Predator. Ese cazador extraterrestre que pulsaba un botón y activaba un camuflaje óptico casi perfecto. Ahí seguía, delante de ti, pero apenas podías distinguir una silueta borrosa, pues así, tal cual, sus discursos políticos y sus excusas en ruedas de prensa. Tú escuchas palabras, muchas palabras, pero cuando termina la comparecencia no sabes qué ha dicho realmente. Democracia. Fascismo. Bulo. Fango. Convivencia. Extremismo. Todo mezclado como en una batidora gigante de humo verbal diseñada para que nadie recuerde la pregunta inicial.

Y mientras tanto, el Predator político sigue moviéndose por la selva mediática buscando otra presa, o mejor dicho, otra cortina de humo. Porque eso sí lo maneja de maravilla. Es un máquina. Cuando aparece un problema serio, rápidamente surge otro tema, otra polémica, otro enemigo público, otra indignación perfectamente empaquetada para distraer a la gente durante el tiempo suficiente para que lo anterior vaya diluyéndose…

También tiene algo de Susan Storm, la Mujer Invisible de Marvel. Ella usaba su poder para infiltrarse, observar y colarse donde quisiera sin ser vista. Aquí la técnica parece parecida, aunque adaptada al poder político…pues tiene una habilidad casi artística para moverse entre escándalos sin dejar huella, para esquivar controles, para entrar y salir de contradicciones como quien cambia de chaqueta. Y lo increíble es que todavía haya quien actúe sorprendido y hasta dicen “pobrecito, la que le están dando…”. Como si después de años viendo el truco siguiéramos preguntándonos de dónde sale el conejo.

Pero cuidado, porque el objeto que mejor define toda esta historia quizá sea el casco de Hades, el famoso yelmo de invisibilidad. Según la mitología, quien se lo ponía no solo desaparecía físicamente, sino que se volvía indetectable incluso para los dioses. Pues ahí está la clave. Porque este tipo de dirigentes no buscan únicamente escapar de las críticas. Buscan algo más ambicioso: dejar de sentirlas. Vivir en una especie de burbuja impermeable donde la realidad rebota y cae al suelo sin hacer daño.

Da igual cuántas protestas haya. Da igual cuántas veces cambie la versión oficial. Da igual que ayer dijeran blanco y hoy negro. Siempre hay una explicación nueva, normalmente peor que la anterior, pero dicha con una seguridad tan insultante que casi te hace dudar de tu propia memoria.

Y mientras tanto el ciudadano normal observa todo esto con una mezcla extraña de cansancio y surrealismo. Porque al final lo más agotador no es la corrupción, ni siquiera las mentiras, no… Lo verdaderamente agotador es esa sensación de impunidad eterna. Esa impresión de que algunos políticos ya no gobiernan para convencerte, sino simplemente para resistir hasta que la siguiente polémica tape la anterior.

A veces pienso que dentro de unos años ya no estudiaremos Ciencias Políticas, sino magia avanzada. Tema uno: manipulación narrativa. Tema dos: invisibilidad institucional. Tema tres: cómo sobrevivir a siete escándalos simultáneos sin despeinarse.
Y ahí seguirá él, probablemente. Sonriendo. Ajustándose la capa de Harry Potter, guardándose el anillo de Frodo en el bolsillo, activando el camuflaje de Predator y colocándose tranquilamente el casco de Hades antes de salir otra vez a decirnos que, en realidad, aquí no pasa absolutamente nada. Solo espero que la invisibilidad que le pueda otorgar el casco de Hades sea descubierta por la gran gestión de la UCO. Adelante.

Jucho.

Asociacion Cristianos en Democracia.

¿Te ha gustado el artículo?

Ayúdanos con 1€ para seguir haciendo noticias como esta

Donar 1€
NOTICIAS RELACIONADAS

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Rellena este campo
Rellena este campo
Por favor, introduce una dirección de correo electrónico válida.

El periodo de verificación de reCAPTCHA ha caducado. Por favor, recarga la página.