LA VIDA NO ES TRISTE NI ALEGRE. ES SERIA.

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«La vida no es triste ni alegre. Es seria». La conocida reflexión atribuida a Ortega y Gasset encierra una enseñanza que trasciende cualquier circunstancia política: nuestras decisiones tienen consecuencias y la responsabilidad no desaparece cuando resulta incómoda.

El próximo 29 de noviembre, España celebrará elecciones generales y, como sucede en cualquier democracia, los ciudadanos acudirán a las urnas con preocupaciones diferentes: la economía, la vivienda, el empleo, los impuestos, los servicios públicos o la seguridad. Pero existe una pregunta anterior a todas ellas.

¿Qué principios deberían orientar nuestras decisiones cuando está en juego el bien común?

LA COHERENCIA NO SE DEMUESTRA CON PALABRAS

Para la tradición cristiana, la fe no se reduce a una práctica religiosa privada. También tiene consecuencias en la vida familiar, profesional, social y política. La Congregación para la Doctrina de la Fe recordó en 2002 que los católicos participan legítimamente en la vida democrática y que esa participación debe mantener una relación coherente con sus convicciones morales.

Esto no significa que exista un partido que represente perfectamente la doctrina cristiana ni tampoco que todos los creyentes deban compartir idénticas soluciones económicas, administrativas o institucionales; Significa que la conciencia no debería quedar suspendida cuando comienza el debate político.

LA VIDA HUMANA Y SU DIGNIDAD

La enseñanza moral católica defiende la dignidad de toda vida humana desde su concepción hasta su muerte natural; De ese principio se derivan sus posiciones sobre el aborto, la eutanasia, los cuidados paliativos y la protección de las personas vulnerables.

Son cuestiones que generan profundas discrepancias en una sociedad pluralista y que deben poder debatirse con libertad y respeto, pero teniendo siempre en cuenta que la dignidad no depende de la edad, la salud, la autonomía ni la capacidad económica. Y que proteger a las personas vulnerables exige también políticas sanitarias, apoyo a la maternidad, atención a la discapacidad y acompañamiento al final de la vida.

EL INMIGRANTE TAMBIÉN ES NUESTRO PRÓJIMO

La dignidad humana no termina en las fronteras. La Doctrina Social de la Iglesia reconoce tanto la responsabilidad de los Estados de regular los flujos migratorios y proteger el bien común como el deber de respetar los derechos fundamentales de quienes migran. Igualmente reconoce el derecho de los Estados a proteger sus fronteras, precisamente como fórmula para defender el bien común de su sociedad.

El debate sobre inmigración puede incluir legítimamente cuestiones de seguridad, integración, capacidad de acogida y cumplimiento de la ley, pero ninguna de esas cuestiones elimina la dignidad personal del extranjero; Una reflexión política fundada en la antropología cristiana debe tener presentes ambas responsabilidades.

LOS PADRES Y LA EDUCACIÓN

La familia ocupa un lugar central en nuestros valores. Los padres son reconocidos como primeros responsables de la educación de sus hijos, mientras que los poderes públicos tienen obligaciones esenciales para garantizar una enseñanza accesible, de calidad y respetuosa con los derechos fundamentales.

La libertad educativa, el pluralismo, la igualdad de oportunidades y la protección de los menores merecen un debate que no se reduzca a consignas partidistas., siendo la pregunta mas importante es cómo armonizar esos principios para servir mejor a los alumnos y a sus familias (creyentes y no creyentes).

MATRIMONIO, FAMILIA Y RESPONSABILIDAD SOCIAL

La Iglesia católica entiende el matrimonio como una unión estable entre un hombre y una mujer, abierta a la vida y fundada en la fidelidad y la entrega mutua. La nuestra es una convicción antropológica que puede y debe exponerse y defenderse públicamente, dentro de una sociedad cuyo ordenamiento civil reconoce también otras realidades familiares.

La preocupación por la estabilidad familiar merece atención: Los conflictos prolongados, la violencia doméstica, la precariedad económica y las rupturas especialmente difíciles pueden afectar al bienestar de los hijos, sobre todo a su salud mental.

Es mas que evidente que cuando más se destructuran las familias en una sociedad, mayores niveles de problemas relacionados con la educación, la delincuencia, el consumo de drogas y la salud mental. Una sociedad fuerte requere de familias fuertes.

Ante las próximas elecciones, una reflexión sobre la responsabilidad ciudadana y la coherencia de nuestros principios.
Ante las próximas elecciones, una reflexión sobre la responsabilidad ciudadana y la coherencia de nuestros principios.

NINGÚN PARTIDO AGOTA EL BIEN COMÚN

La Doctrina Social de la Iglesia incluye otros principios igualmente importantes: justicia social, salario digno, solidaridad, subsidiariedad, libertad religiosa, paz, participación ciudadana y protección de los más débiles. Por eso, el discernimiento político no puede reducirse a una sola cuestión ni a una etiqueta ideológica.

Un programa puede coincidir con determinadas enseñanzas cristianas y discrepar profundamente de otras… es nuestra responsabilidad como ciudadanos conocer las propuestas, contrastar las actuaciones de los responsables públicos, valorar sus consecuencias y decidir libremente conforme a su conciencia. Esa tarea requiere información y reflexión, no adhesiones automáticas.

LA CORRUPCIÓN NO TIENE COLORES. LA HONESTIDAD TAMPOCO DEBERÍA TENERLOS.

La corrupción política no es más tolerable cuando la practican quienes comparten nuestras ideas, ni más grave cuando afecta a nuestros adversarios. Apropiarse de recursos públicos, utilizar las instituciones en beneficio propio o interferir en la independencia de la justicia son conductas que deben rechazarse con el mismo rigor, gobierne quien gobierne.

Para un cristiano, la honradez, la verdad y el servicio al bien común no pueden quedar subordinados a las siglas de ningún partido. La coherencia moral comienza precisamente cuando somos capaces de exigir a los nuestros la misma ejemplaridad que reclamamos a los demás.

PARTICIPAR TAMBIÉN ES UNA RESPONSABILIDAD

El voto es uno de los derechos fundamentales de nuestra democracia y su ejercicio merece una reflexión seria. Participar en las elecciones permite expresar apoyo, desacuerdo o disconformidad, incluso mediante el voto en blanco o nulo, cada uno con sus consecuencias electorales. La abstención también es una opción legítima y puede expresar una posición política; en España, votar no constituye una obligación legal.

Sin embargo, desde una concepción de la ciudadanía comprometida con el bien común, merece la pena preguntarnos cómo contribuimos, con nuestro voto y con nuestra conducta cotidiana, a mejorar las instituciones y exigir responsabilidades a quienes nos representan.

LA VIDA ES SERIA. LA DEMOCRACIA TAMBIÉN.

Las elecciones no resuelven por sí solas los problemas de una sociedad, pero constituyen uno de los instrumentos fundamentales mediante los cuales los ciudadanos participan en las decisiones colectivas. Para el pensamiento cristiano, esa participación forma parte de una responsabilidad más amplia que continúa después de las urnas: servir al prójimo, defender la justicia, acompañar a los vulnerables y contribuir a la convivencia.

La coherencia moral se manifiesta en las decisiones públicas, pero también en la conducta cotidiana; No basta con exigir dignidad a los gobernantes si después la negamos a nuestros vecinos.

No basta con hablar de familia si no dedicamos tiempo a quienes dependen de nosotros; No basta con defender la justicia si toleramos la corrupción cuando beneficia a quienes comparten nuestras ideas. Y no basta con invocar el bien común si olvidamos a quienes quedan fuera de nuestras preferencias políticas.

La vida no es triste ni alegre. Es seria. La DEMOCRACIA y nuestros deberes ciudadano, también.

Y precisamente por eso, la democracia merece ciudadanos que piensen, participen y actúen con responsabilidad, respeto y conciencia.

Daniel Fernandez

Asociacion Cristianos en Democracia

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