Geopolítica educativa (XXVI) – Rayados (3)

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¡Dios mío, qué ego! ¡Sufrida rayada! Corren hasta despidos y cancelaciones y ruinas de vidas de personas que tratan de vivir la libertad de pensamiento y de expresión en un mundo que las contradice en nombre de ellas mismas, por la mera oposición política y espiritual. La política (una honrosa disciplina) no es la culpable, pero sí lo son los políticos: como vemos, una gran parte de ellos están podridos… porque podridos estamos nosotros, con nuestro espíritu perdido.

Y fijémonos en que la creencia que uno vive viene de su espíritu y se manifiesta en sus principios, animados por Dios o por el diablo, y a menudo, hoy, el espíritu pulquérrimo es fácilmente derribado por una pléyade de confabulados sectarios corruptos para anular a la persona que no se esconde, sabedora de su recta intención. Es por eso tan oportuna la primera encíclica del Papa León XIV: Magnifica humanitas: el título lo dice todo. Escuchemos su voz profética.

Hay que recuperar y defender desde la raíz la dignidad humana, tan amenazada en nuestros días por la inteligencia espiritual. ¡Sí, sí: espiritual! Los hay que se gozan en forzar el aparato político contra toda oposición para ver su cara impresa hasta en los billetes gordos, pretenciosos seres que confunden el aparato político con el aparato digestivo; y tras su empache, deviene la cagalera. Esa obradera es consecuencia de su vida espiritual, la que conforma su mundo interior vertido con ahínco al exterior, ahora con la poderosa amenaza de dominio universal con la inteligencia artificial, de manera que tanto la artificial como la espiritual alteran su mundo. ¿Vendrán los extraterrestres, o ya los tenemos entre nosotros?

Una nueva oportunidad

Quería terminar hoy la subserie “Rayados”, pero el rayado es en nuestros días tan ubicuo, que debemos denunciarlo, por aquello de alertar, ser alertado y promover una revitalización de la humanidad perdida por esa Humanidad que se creía tan poderosa para derribar el Mal, y resulta que el poder de esa Humanidad ya pervertida se ha transmudado en instrumento del propio Mal, que como ya hemos observado a menudo en mis escritos, ya no se esconde, de manera que se evidencia cada vez más (a la manera de un juego de palabras que suena a oxímoron) como el Mal mismo.

Ya solo falta que nos fuercen a sufrir la Gran Manifestación del Ser inicuo, aquel que ha de venir un día para voltear la Humanidad arrasando con todo vestigio que huela a Verdad (san Pablo, inspirado, nos lo ha avisado: 2 Ts 2,8-12). Porque ese Ser prepotente será (o es ya entre nosotros) el Anticristo (Anti-Cristo, eso es, que transmuda el Bien en Mal. ¿La mejor manera? Presentar el Mal como Bien).

Es por todo ello que el Papa, como león magnífico y respondiendo a la llamada del Espíritu prometido por Jesús (Jn 16,7), está preparado y nos prepara para discernir los signos de los tiempos, de modo que, viviendo la espiritualidad pulcra que solo una persona de corazón limpio es capaz de vivir, cada uno de nosotros pueda avanzar entre la espesura de la selva en que se está convirtiendo nuestra realidad, con la guía de la Iglesia encabezada por el Papa, que su Cabeza el Rey de reyes nos dejó como lirio y como paloma (Lc 12,27; Mt 10,16) para enfrentar al león rugiente (1 Pe 5,8) que nos quiere devorar.

Esa lucha entre el Bien y el Mal que inevitablemente, desde que nos levantamos por la mañana hasta que nos acostamos, afrontamos en nuestra jornada, nos interpela a cada segundo, nos fuerza a elegir nuestra actitud, que como defienden los buenos profesionales de las neurociencias, la psicología, el liderazgo y la empresa, es la que determina no solo nuestro mundo interior, sino incluso cómo vemos el exterior. Pues detectan por neuroimagen cómo la actitud que tomamos ante la vida está redefiniendo −momento a momento, decisión a decisión− cómo “es” el mundo y cómo lo podemos “hacer”. De ahí la importancia de reestructurar desde la raíz la geopolítica educativa que, como consecuencia de nuestra humanidad caída, está dañando el troncal de nuestra realidad humana… y también divina.

No es ciencia ficción, hermano, mi hermana del alma; es espiritualidad. Es nuestro espíritu el que nos anima, y el Papa León −espíritu guerrero de la paz− nos anima a animarnos. Escribe el Papa: “La espiritualidad que deseo entregar es la del ‘arquitecto sabio’ que, animado por la esperanza en el Reino de Dios, se compromete a construir el bien en el mundo (cfr. 1 Co 3,10). Como escribí al comienzo de esta reflexión [217] hoy nuestra edificación debe tener como fundamento la relación con Dios, como norma la aceptación del límite humano en cuanto realidad natural y positiva, y como estilo la corresponsabilidad y el lenguaje evangélico” (Magnifica humanitas, n. 236). Porque, como sabe el Papa, Jesús viene a traernos el encaje necesario para hacer de nuestra raza una magnífica Humanidad. Sigámosles.

Geopolítica educativa (XXV) – Rayados (2)

Twitter: @jordimariada

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