“El Papa es sanchista”, “Sánchez se ha convertido en el monaguillo del Papa”… ¡Cuántas cosas −con mayor o menor gracia− se dicen! Pero todas esas cosas, como todo en la vida y en el mundo, tienen a Dios que las anima, o a su contrario. Pues sabemos −si no nos engañamos− que existe también el Príncipe de este mundo, que no es que anime nada, sino que manipulando las causas segundas (sobre las cuales tiene especial poder encomendado por Dios en el origen) hace la cusqui a la Obra de Dios y su animación en ella, para destruir −por envidia− todo cuanto Dios creó para su ser predilecto, el ser humano (hombre y mujer).
“¡Ah!” −dicen los que perdiendo se creen ganadores−. “¡El diablo ilumina al hombre y a la mujer, y los convierte −tras su Manifestación− en seres ‘iluminados’!”. Según ellos, el Ser Inicuo los hace “capaces de derribar los muros erigidos por Dios y sus fundamentos, para poder construir sobre ellos la gran Obra de la Manifestación, y así liberar al ser humano de las ataduras del Gran Dominador”. Confunden la gimnasia con la magnesia y olvidan que el servir al Señor de los señores no es renunciar a la Vida, sino que Él es, en realidad, el dador de vida; y así, servirle es ganarse la Vida con mayúscula para la que nos creó. Vemos, pues, que la actual geopolítica educativa malversa toda sana doctrina para “volverse a las fábulas” (2 Tm 4,4).
Advertir con cariño
Y ahí tenemos al Papa, que nos viene para poner los puntos sobre las íes. Nos habla de derribar los muros de la hipocresía, de la envidia, de la promoción de la incultura, de la pobreza, del egoísmo, la ambición y la guerra, pues ve en ellos −como no podría ser de otra manera, porque es la verdad− los signos que muestran la difusión del Mal que el diablo está consiguiendo para tratar de destruir −aunque este, Padre de la Mentira, sabe que es incapaz− toda la Creación. Y después, ¿qué? Lo vemos ya, mucho antes de que el diablo consiga (pues nunca lo conseguirá del todo) extender “la abominable desolación” predicha por el profeta Daniel (Dn 9,27; 11,31; 12,11).
Y ahí, en medio de alimañas y setas venenosas, viene el Papa y se nos planta −invitado por el Rey de España−, y en pleno Congreso creado para la vida política, tan esencial para la vida del ser humano, con mano tierna nos canta las cuarenta. “¡Fuera!”, “¡Aquí no te queremos!”, “¿A qué vienes a imponer tu sagrada Ley en medio de la ley de los hombres?!”, le gritan algunos y otros lo plantan callados. Es el Papa. Es el representante, el Vicario de Cristo, de Dios, en la Tierra. Es aquel que Jesús nos ha puesto para guiarnos entre la espesura de leyes promotoras de crímenes y de desastre.
Al lado, están aquellos que se las dan de intelectuales, y aunque apuntan más fino y profundo −aun si repiten siempre lo mismo−, no aciertan ni a cubazos: “¡La religión no debe influir en la política!”, gritan. ¡Cierto! Pero debe animarla, como Dios, Padre de cuanto existe, anima todo cuanto existe.
Sucede como con una flor: la política surge de la vida del ser humano para organizarse creciendo mutuamente como Humanidad unida, y el propio ser humano no es nada si no es animado por un espíritu puro vivificado por el Espíritu de Dios, que es Quien le da forma, color y esencia para perfumar(se) y crecer(se) según su humanidad, a imagen del Dios Uno y Trino. Es así, queramos o no, de manera que, si no cumple con su propia humanidad siendo fiel a sí mismo, rompe y pudre cuanto toca desde su interior, dejando de crecer y perdiendo su lozanía… destruyendo la Humanidad entera.
Parafraseando al Papa León podemos afirmar: “Somos fuertes porque estamos unidos, y estamos unidos porque estamos animados por el mismo Espíritu, el Espíritu de Cristo, que es Espíritu de comunión para la salvación de todos”, por lo que es importante que “nada destruya la unidad en la que Dios nos ha constituido”, pues abrazarlo a Él y abrazar la unidad nos fortalece, personal, comunitaria y globalmente. Recordemos el grito de Benedicto XVI: “Si quieres promover la paz, protege la Creación”. Fue la antesala de la Encíclica Laudato si’ de su sucesor Francisco. Y seguimos destruyendo la Creación, y perdemos la Humanidad.
Viajando para anunciar el Cielo
Así, con el Papa León pasaremos de la noche a la luz, aspectos que él ha querido destacar en su cita con Barcelona… siempre y cuando no sigamos ignorando su llamada al diálogo basado en el Amor, en el Bien y en la Verdad. De otro modo, la visita del Papa no habrá sido más que una ráfaga de aire fresco. Eso sí, tras su llamada y a conciencia, seremos más responsables de nuestros actos… especialmente si en algún momento lo hemos aplaudido (“porque no eres frío ni caliente, estoy para vomitarte de mi boca”, “la arrogancia con los hombres, Dios la detesta”: Ap 3,16, Lc 16,15).
En efecto, si le dejamos, si nos abrimos, el Papa nos guía con afecto y con dulzura hacia una vida plena que florece en nuestra Casa eterna, donde Dios nos tiene desde toda la eternidad preparada estancia. Porque no se trata de aplaudirle (que también), sino de hacerle caso con filial observancia, aunque solo sea por probar. Por ahí −por el “probar”− podemos llegar a ser una flor elegida del Jardín. Nunca es tarde para convertirse, y Dios, que sabe y dice que el mayor pecador puede ser el mayor santo (“los últimos serán los primeros, y los primeros los últimos”, Mt 20,16; y Parábola del pobre Lázaro y el rico epulón, Lc 16,19-31), siempre nos acoge: solo hace falta quererlo e intentarlo; Él siempre nos espera, así es de bueno. Y el Papa −sanchista o no−, es quien Dios nos ha puesto para confirmarnos en la fe. ¿El mejor regalo? Tanto si somos educados como si no, no nos quedemos en la etiqueta, actuemos.
Geopolítica educativa (XXVII) – Rayados (4)
Twitter: @jordimariada
El Papa León XIV recuerda que la política no debe separarse de la verdad, el bien común y la dignidad humana. #LeónXIV Compartir en X








