¿Y el reventón? En un mar en el que la duda y el abandono a ella sin lanzarse a la búsqueda de su resolución no apaga la sed, el ansia de Verdad de la persona humana no se colma nunca y la hebefrenía consecuente acaba enloqueciéndola a bombonazos. Y lo sufre aquel quien que se pierde con bravura arrastrado por el encrespo del oleaje, tras el quebramiento propio de un mar de fondo que le arrastra a mil y una aventuras que de valientes no tienen nada: son puro frenesí en una huida hacia adelante que hunden al ego a tumbos en su propio hontanal, sin fondo y sin razón, en pos de la resaca rebatiente de su propio martilleo: “¡Libertad! ¡Libertad!”, y un día −de repente− revienta.
Por más que uno (el ego) pretenda calmar el intenso oleaje, no puede, pues ese engreimiento propio de quien se cree sabio sin saber nada, le mantiene sumido en su propio delirio de grandeza, perdido su yo y habiendo perdido al otro, convertidos ambos ya no en aparejados, sino en contrincantes a la zaga de su propia conveniencia. “Caminante, no hay camino, pues perdiste el que tenías”. Y perdido el foco, perdida la vida. ¡Pfff! −se dehincha−.
Llegó sin ningún camino −pues no viene, sino que se siente−, el nihilismo esclavizante. Aquel que amarga al alma porque es amargo todo lo que siente; aquello que reclamó, sin saberlo, pretendiendo sentir sin haber sentido. Pues para sentir primero hay que vivir, y su existencia fue morir, contentamiento con encanto de bruja pirulí, desvanecimiento parásito que acabó extinguiendo su razón en caquinos a manos de los demonios que −a través de aquel envanecimiento del ego− le susurraron melodías que le transmudaron la sinfonía celestial de una vida plena para la que fue creada su alma por su Padre −allí, en el clímax del placer que le ofrecía y donde le esperaba−, en estridencias del hip-hop más corrosivo.
Así, tras el reventón, el alma perdida no se siente perdida, sino crecida de su propia “autoestima”, aquella a la que los nuevos magos de la historia, reconvertidos hoy en terapeutas titulados y famosos sin título, le sedujeron con sus cantos de sirena en nombre de una “ciencia”, una “fama” y una “experiencia” que ignoraron toda referencia a la principal fuente de vida, que es su alma, y, renunciando a ella sucumbieron entre mil y un encantos que le encantaron sin encanto.
Ese -el creernos dioses- es el peligro de vivir sin Dios y sin la medida de la norma que Éste nos ofrece al crearnos, y de la actual “geopolítica educativa” que −aprehendida− nos consume como cerdos rebozados en su pretendida “creación”: su propio excremento. Somos libres, sí, de acogerlos o despreciarlos, pero la consecuencia de no asumir la Naturaleza con su esencia creada es siempre a medida de ese rechazo o acogida: vida o muerte. Elige, hermano, mi hermana del alma: ante ti tienes todos los ingredientes para una buena comida. Según la prepares y según te la comas, así será tu gozo o tu resaca. Y −no lo olvides− lo será para siempre −eso es, eternamente−. Tú decides.
Geopolítica educativa (XXX) – Rayados (6.2.)
Twitter: @jordimariada
El problema no es vivir sin límites; es vivir sin verdad. Quien se cree dios termina esclavo de su propio ego. #GeopolíticaEducativa #Libertad #Nihilismo Compartir en X








