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La Navidad y la negación de Dios

Editorial

A las puertas de la Navidad, el hecho más extraordinario que ha acaecido en la historia, la de Dios hecho hombre en la debilidad de un recién nacido, surge la contrafigura, que no poder, opuesto, de la negación de Dios, un hecho cada vez más frecuente, pero no ya solo aleteado por posiciones surgidas de una interpretación materialista, sino de otras de impronta liberal y políticamente correcta que perciben a Dios no como lo que es, el amor del cual todos los amores son pálidos reflejos, sino como una realidad que divide e impide celebrar la vida, que sea dicho de paso ellos mismos cercenan al impedir masivamente los nacimientos de centenares de miles de niños, los nuevos y mucho más numerosos Santos Inocentes.

Precisamente, Carol Wojtyla, antes de ser el papa San Juan Pablo II, nos ayuda a completar esta perspectiva, mediante su gran meditación, Signo de Contradicción (1977) en su cuarta edición (p. 39 y siguientes).

Escribe  sobre los caminos de la negación de Dios y, partiendo de Gaudium et Spes en la forma que aborda el ateísmo, subraya que hay que contemplar la realidad del hombre remontándonos a la realidad de Satanás en la primera negación, no sin advertir que el antropocentrismo contemporáneo, incluido el cristiano y teológico, rechaza,  o bien no se siente cómodo, aquella evidencia del diablo, y recuerda lo que ya sucedió con Pablo VI y su Padre Nostro Liberaci del Male (1972) y las reacciones contrarias que suscitó  en  algunos cristianos. Porque, y esto es un mal signo, hay cristianos que niegan la realidad del príncipe de este mundo, del Mal, seguramente porque les parece políticamente incorrecto, a pesar de la evidencia de que Jesús vino también, no solo para anunciar la salvación, sino para enfrentarse a él.  En realidad, toda referencia a Satanás en la contemporaneidad ha sido mal vista, y de esta norma sólo escapa el Papa Francisco, que ha conseguido referirse reiteradamente a él, sin provocar grandes reacciones contrarias; más bien la reacción ha sido eludir u ocultar sus palabras.

Comentando el tercer capítulo del Génesis, constata que la negación empieza por una primera mentira dirigida a poner en tela de juicio la veracidad de Dios, “no, no moriréis” les dice la serpiente a los primeros humanos. Esta es la primera afirmación falsa, para luego seguir presentando a Dios como un soberano celoso del misterio de su señorío, como un adversario del hombre al que hay que oponerse, contra el que hay que rebelarse. Y culmina la negación con la anti-palabra “El día que de él comáis -el árbol del conocimiento del bien y del mal que se encuentra en el centro del paraíso- se os abrirán los ojos y seréis como Dios, conocedores del bien y del mal  (Génesis 3, 4-5).

El padre de la mentira, escribe Wojtyla, no se presenta al hombre negando la existencia de Dios. No niega su existencia y su omnipotencia que se expresan en la Creación, sino que apunta directamente al Dios de la Alianza, el que se relaciona con el ser humano, su creación desde el amor.

“La negación absoluta de Dios es imposible porque resulta demasiado obvia su existencia en el universo creado en el hombre …incluso en el propio Satanás, el apóstol escribió”: “también los demonios creen y tiemblan” (Santiago 2,19)

En cambio, Satanás se concentra en destruir la verdad sobre “el Dios de la alianza sobre el Dios que crea movido por el amor y que por amor ofrece a la humanidad la alianza”

En esta lucha sobre el propio hombre, Satanás busca la apostasía de la criatura hacia su creador. “En realidad no le importa la divinidad del hombre, lo que le mueve solamente es comunicar, transmitir, al hombre su rebelión …lo que significa situarse fuera de la Ley de Dependencia del creador”.

“Satanás no le logra vencer del todo, esto es, se muestra incapaz de sembrar en el hombre una rebelión total… consigue en cambio, provocar en el hombre una flexión hacia el mundo, que le desvía progresivamente en dirección contraria al destino a que estaba llamado. Desde este momento el mundo quedará convertido en campo de la tentación del hombre: campo para volver las espaldas a Dios de diversas formas y en diverso grado; campo de rebelión en vez de colaboración con el Creador; campo donde se alimenta la soberbia humana en vez de alimentar la búsqueda de la gloria de Dios. El mundo como palestra de la lucha entre el hombre y Dios, de la contraposición de los creados con el creador; este es el gran drama de la historia del mito y de la civilización”.

Esto es, en su actual estadio de desarrollo, la cultura de la desvinculación, que va a más y más, hasta alcanzar, desde la desvinculación con Dios, su desvinculación de la naturaleza humana, tanto como concepción antropológica, como de su base material, genética, y de toda la naturaleza creada, hasta provocar la crisis ambiental del siglo XXI

“La serpiente bíblica no tiene nada de Prometeo, nos advierte quien después fue San Juan Pablo II. “Sin embargo no han faltado y no faltan quienes intentan trasplantar el mito de Prometeo al terreno del Génesis, quienes pretenden afirmar al hombre a costa de Dios” Y esta es la realidad de nuestro tiempo, y no solo como sector intelectual, sino como cultura de masas por primera vez en la historia.

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