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La nueva política. “Cosas veredes Sancho, que non crederes” (I)

El desencanto anida en la izquierda cuando constata como el presidente del gobierno reitera el engaño y el incumplimiento de sus compromisos. Lo hace, cuando se vanagloria de haber logrado que la electricidad subiese a la par de lo que lo hizo en 2018. De hecho, solo la debilidad de la alternativa política mantiene con vida política a Sánchez y el PSOE, y aún así la hipotética mayoría de PP y Vox es clara en todas las encuestas, El País incluido, y con la única excepción del CIS,

La izquierda más joven vive el agotamiento del ciclo del 15-M, y paga los costes de su incomprensión de las necesidades de las clases medias, exacerbadas por la crisis de la Covid, los costes de la transición energética, y su impacto sobre la inflación.

Hay una brecha enorme entre la agenda progresista y las necesidades reales de las clases medias. La izquierda anda perdida en debates sobre eutanasia y leyes trans, mientras el común de los mortales ve cómo su salario mengua, la factura de la luz crece, el futuro es incierto y la precariedad impera. Se fijan en que las encuestas aprueban ampliamente aquellas leyes transgresoras, pero no reparan en lo que en realidad le importa y necesita la gente. Los datos de fin de año confirman que a pesar de la bondad de las macro cifras sobre empleo y afiliación a la Seguridad Social, el 90% de los contratos son temporales de manera que los 776.782 empleos han necesitado 19,8 millones de contratos, es decir, 25,5 contratos por empleo.

Tanto es así, que la última solución es la que patrocina su nueva esperanza blanca, la vicepresidenta segunda Yolanda Díaz, reinventando de la mano de su profeta Iván Redondo, el nuevo laborismo, una vez fracasado el camino de Pablo Iglesias. Un laborismo que por su propia definición descalifica la “O” de las siglas del partido socialista español. La otra vía, la de Ione Belarra Inés Montero, es continuar el embrollo de las leyes trans, más aborto y las leyes urbanitas de derechos de los animales, que el PSOE, mantiene congelada hasta que pasen las elecciones en Castilla y León, por miedo a perder votos. También mantiene bajo cero la mesa de dialogo con ERC, que ahora ya pide a gritos, algo sobre lo que tratar. «La Montcloa y ERC buscan contenido para poder reunir la mesa de dialogo» titulaba El País ( 0910)

La derecha de toda la vida se encuentra emparedada entre el alzamiento de Vox, y la tentación irrefrenable al grito y a la descalificación, que la aleja de una cierta moderación centrada. En realidad, esta es una explicación al uso, porque su mal es más profundo: se desconocen cuáles son sus principios y valores políticos. Porque no se pueden calificar de tales, los lugares comunes, que proclaman con frases aptas para ser repetidas en Twitter. El abandono de Merkel de la política muestra ahora la debilidad de la cultura política, que su opción representaba, y que su gobernación de Alemania maquillaban. La época merkeliana deja una dura factura a su partido, la CDU, que debe reconstruirse desde la oposición con la cifra de apoyos electorales menor de toda su historia. No es solo el PP quien manifiesta esta endeblez, construida a base de buscar el voto a corto plazo, olvidado cuales son los valores principales que defienden. Esta derecha que gobernó en Europa, debe limitarse ahora a Austria y Grecia, como los paises mayores a los que representa. Mientras otras derechas lideran Polonia, el quinto mayor país de la UE y el sexto en PIB, Chequia y Hungría, y constituyen la primera fuerza en Italia, dividida en dos partidos, La Liga y los “Fratelli”, y son la segunda fuerza en Francia en número de votos, al menos hasta que las próximas presidenciales demuestren otra cosa. Claro, que este enunciado entraña el falseamiento taxonómico que significa el calificativo de “populismo”, incorporando en un mismo saco opciones políticas, que si bien guardan similitudes, responden a perfiles distintos. Lo suficiente como para ser incapaces de formar un único grupo en el Parlamento Europeo, a pesar que este hecho los encumbraría a la tercera posición, superando a los liberales. En cualquier caso, su progresiva prominencia señala a la vez un importante malestar y una fuerte reacción política. Esta por ver que cuaje en algo más coherente y sólido, pero de momento ha nacido y se desarrolla.

La política se mueve otra vez, ya sucedió en los años treinta del siglo pasado, entre el desconcierto y la descalificación. En este escenario confuso surgen nuevas voces muy interesantes desde la izquierda, que denuncian que esta vive en el laberinto de la eutanasia, las leyes trans y la guerra contra los hombres del feminismo de género, mientras no tiene respuesta para los motores que acentúan la desigualdad, ignoran o rechazan la necesidad y bondad de la familia como fuente de felicidad, y la importancia de conservar lo que es bueno, aunque forme parte de la tradición, junto con otras muchas cuestiones, canceladas o estigmatizadas, por la progresía y su aliado natural, el liberalismo del capitalismo cosmopolita.

Son voces apuntan perspectivas nuevas, que no construyen desde el apriorismo ideológico, sino a partir de la realidad de la vida. La vida como problema político. No se atienen a lo políticamente correcto, y a pesar de las descalificaciones que sufren, logran un gran éxito. En el plano estrictamente cultural, literario, es el caso del triunfo de Ana Iris y el impacto de “Feria”, o la descarnada descripción social del autor de “Patria”Fernando Aramburu, con su “Los Vencejos”.

Pero debemos pasar al plano político para constatar lo que está naciendo, al margen del beneplácito del poder cultural y político establecido. Y en este caso, una nueva voz italiana, que rompe moldes, la de Diego Fusaro, nos ayuda a entender las líneas de fuerza de lo que ha de venir. Será en la segunda parte de este artículo.

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Publicado en La Vanguardia

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