La prensa “woke” silencia la agresión feminista

Libertades

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Un encuentro feminista dedicado a la promoción del aborto es “reventado” por un grupo de activistas provida, que de forma violenta irrumpen en el acto, boicotean su ejecución, se atrincheran en el lugar para evitar su continuidad, se pasan el rato gritando y coreando eslóganes contra el aborto e incluso rompen algún instrumento como micrófono o cámara de grabación. La agresión se prolonga en el tiempo hasta el punto de que, a la vista de que no cesan en su actitud por largo rato, tiene que venir la policía para desalojarles y, a la vez, identificar y detener a los autores y promotores del altercado.

En los días siguientes a la agresión, todos los medios de comunicación informan ampliamente de lo sucedido, algunos incluso en sus portadas. Lo hacen la prensa escrita, la radio, la televisión. No siguen el tema un solo día, sino varios, y no se limitan a informar de lo sucedido.

No faltan incluso editoriales y, por supuesto, muchas entrevistas a las agredidas. Se resalta la coacción, la vulneración del derecho a la libertad de expresión, la falta de respeto a la conciencia, la actitud violenta de los que allí irrumpieron; se piden sanciones severas y ejemplares para los autores de tal imposición, cárcel incluida. Por supuesto, los apelativos atribuidos a los agresores son todos los que puedan pensarse, empezando por el de “fascistas”. Quizás incluso de “ultracatólicos”, aunque no se haya comprobado siquiera si los agresores son creyentes.

Cualquier lector sabe que esto es lo que ocurre con los medios de comunicación en temas relacionados con el feminismo y sus reivindicaciones como el aborto.

Esta irrupción violenta, solo que a la inversa, se produjo en Barcelona el pasado 17 de septiembre.

En la sala de actos de la iglesia de Santa María de Montalegre de Barcelona se celebraba un encuentro en el que iban a dar su testimonio varias mujeres que habían abortado y que luego se dieron cuenta del desastre que ello representa, no solo para el feto, sino también para ellas mismas. Una actitud por su parte muy valiente, e incluso para algunas la primera vez que lo exponían en público.

El acto formaba parte de las actividades que mensualmente se realizan en la sala de actos de aquella iglesia; en esta sesión, con el impulso del Corrent Social Cristià, las Entitats per la Vida y la Plataforma per la Família.

Haciéndose pasar por asistentes al acto, unas 30-40 mujeres jóvenes se situaron entre el público y, en un momento determinado, cuando todavía el representante de los organizadores exponía los objetivos y el marco del acto, estallaron los gritos tras lanzar una de ellas la consigna.

Ocuparon la presidencia, abrieron una gran pancarta y varios carteles, gritos sistemáticos de “aborto libre y gratuito” y otros similares. Taparon la cámara de grabación que se realizaba en streaming y se rompió el cable; intentaban impedir que la gente grabara con sus teléfonos móviles… Se instalaron en bloque en el centro de la sala durante largo rato, impidiendo continuar. Estaban muy organizadas y se vio que eran expertas en acciones similares. Al final tuvo que acudir la policía.

El hecho lo han publicado con amplitud diversos periódicos digitales, ha corrido en las redes y a través de los contactos interpersonales; incluso algunos influencers han emitido sus mensajes, las entidades convocantes han dado a conocer manifiestos, etc.

Pero toda la prensa convencional, y de forma especial la más próxima, la de la ciudad de Barcelona, no publicó ni una línea. Ni una referencia, ni una imagen, ni un comentario. A pesar de que varios de los medios recibieron información directa de lo sucedido.

Para ser justos y exactos, un rotativo de Madrid publicó una información de un corresponsal en Barcelona.

Limitándolo a la propia ciudad de Barcelona, es fácil hacer un listado de medios importantes: tres diarios, tres agencias, seis o siete emisoras de radio, cinco o seis emisoras de televisión. Se puede hablar de una veintena. ¿Nadie en ninguno de ellos se enteró? Es obvio que al menos un cierto porcentaje de ellos lo supieron. Más cuando medios de otras ciudades sí lo han sabido. Y si no lo supieron en el primer momento, pudieron verlo luego.

Es una muestra de una forma de actuar: la cancelación. Todo aquello que representa defensa de la vida frente al aborto o la eutanasia, de la familia natural, etc. “no existe”. Debe silenciarse.

No es este un caso aislado. Es una vivencia continua que conocemos bien quienes desde hace muchos años trabajamos en este ámbito.

Estamos ante una prensa en la que en muchos casos ha desaparecido el sentido de la verdad.

Una prensa “woke”, terminología acuñada en Estados Unidos y difícil de definir con exactitud, pero que a la postre deja claro que asume los postulados de determinadas ideologías que se convierten en intocables, hasta el punto de que aquellos que disienten de su relato son sistemáticamente marginados.

Toda la prensa convencional, y de forma especial la más próxima, la de la ciudad de Barcelona, no publicó ni una línea. Ni una referencia, ni una imagen, ni un comentario. #prensawoke Compartir en X

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